Surcando el Amazonas... en bici

Hervé Neukomm está viajando río abajo por el Amazonas... a base de pedalear.
El bicibarco en toda su gloria. © Hervé Neukomm
Por Tarquin Cooper

Hervé Neukomm no es un ciclista ni tampoco un marinero... es ambas cosas (hay que decir que ha practicado ambas actividades extensivamente). Este suizo ex empleado de banca abandonó su país hace unos 3000 días (sí, en 2004), y ha estado dando vueltas desde entonces. Actualmente se encuentra a bordo de un barcobici navegando por el Amazonas, río abajo. Hemos conseguido mandarle unas cuantas preguntas.

Hervé Neukomm dándole fuerte © Hervé Neukomm

Para empezar: ¿cómo te encuentras?
Me siento muy fuerte y, en cierta manera, en contacto con la selva… pero siempre desde el respeto y la humildad. Algunos días acabo agotado, pero después de una noche de descanso, me encuentro perfectamente de nuevo. Aquí hay tanto tiempo. La vida se ha convertido en una rutina para mí.

Una pregunta importante: ¿qué comes?
La gente pensará que hay fruta por todas partes, pero la realidad es bastante diferente. Hay pocos árboles fruteros y casi siempre están fuera de mi alcance. A veces la pesca es muy abundante pero otros días no hay pescado, o los peces están en la zona de la selva inundada a la que no puedo acceder. Podría decirse que este viaje es una búsqueda constante de comida.

¿Así que pedaleas, comes, duermes y vuelta a empezar?
¿Ha sonado así? Si alguna cosa puedes esperar de la selva es lo imprevisible. Cuando te crees que todo está perfecto, seguro que entra una tormenta o surge un problema donde menos te lo esperas. Algunos días son una locura y me pregunto que hago solo, en un bicibarco en medio de la selva… y otros días soy el hombre más feliz del mundo, conociendo lugareños o admirando la fauna. Tengo algunos recuerdos que conservaré el resto de mi vida.
 

La fauna siempre está presente. © Hervé Neukomm

¿Cual ha sido tu mayor reto?
Sobrevivir a una enorme tormenta durante más de tres horas. Estaba dejando atrás la pequeña ciudad de Juruti cuando entró un viento del sur muy fuerte. Entró por sorpresa y me llevó al centro del río, que en esa zona alcanza los ocho kilómetros de ancho. Con la lluvia apenas veía nada y pude evitar por muy poco un carguero que pasó a 20 metros de mí.

Las olas rápidamente sobrepasaron los cuatros metros, el doble de la altura de mi barco. Apenas tenía control sobre el barco, pero tenía que seguir pedaleando para mantenerlo proa a las olas (si las olas me entran de lado seguramente hubiera volcado). Tres horas más tarde logré alcanzar la otra orilla del río y la tormenta cesó. Mis piernas estaban templando y tenía más de 20cm de agua dentro del barco, pero estaba vivo (y el barco también). ¡Que alivio!

¿Algún susto importante?
Me quedé enganchado a unos árboles en medio de un rápido, y pasé una hora en el agua cortando los árboles con mi machete; fue una buena introducción a la vida en la selva que me esperaba. Luego la fauna puede ser temible en esta zona y nunca sabes con qué te vas a encontrar.

Sorprendentemente el mayor peligro no viene de las pirañas ni de las anacondas, sino de la gente. He sido atacado 3 veces por “piratas del río”. Son traficantes de drogas y muchas veces la gente piensa que yo también hago contrabando. En una ocasión 4 hombres, en dos barcos, me escoltaron hasta su campamento para registrar mi barco. Se trataba de un pequeño pueblo de una docena de hombres, algunos con sus esposas y niños. Tenían armas, y trataron de intimidarme de varias maneras para averiguar donde llevaba la cocaína escondida. Lo que me salvó es que ese día era el la fiesta nacional brasileña. Se emborracharon a saco, y yo bebí con ellos hasta que se fueron a la cama totalmente borrachos. Al día siguiente aproveché que estaban durmiendo su resaca para largarme rápidamente.
 

Aparcado para pasar la noche. © Hervé Neukomm

Cuéntanos algo de tu barco
He conservado la bicicleta intacta. Tiene dos hélices laterales. Lo construí con la ayuda de un carpintero en Ecuador. La madera es de cedro. Un taller en Tena fabricó la parte mecánica, muy sencilla pero muy robusta, para que yo mismo pueda arreglarla en caso de avería en medio de la selva. Viajé en bicicleta de Suiza a Ecuador, y estando en Namibia pensé en poder viajar en bici con un techo encima y rodeado de agua. Tres años más tarde ese sueño se convirtió en realidad, y el bicibarco Pura Vida vio la luz
 

¿Amanecer o crepúsculo? Sea lo que sea es precioso © Hervé Neukomm
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