500 millas a ninguna parte: Aventura en parapente

En este exclusivo vídeo y entrevista, Gavin McClurg nos cuenta su aventura de 500 millas.
Por Gavin McClurg

Las expediciones que acaban con éxito suelen empezar con una buena planificación… Y con buenos pilotos. La nuestra cuenta con cuatro pilotos que han conseguido batir el récord norteamericano de despegue a pie el pasado año.

Los vuelos largos requieren un estado mental diferente que implique aceptar la posibilidad de volar a zonas sin lugares donde aterrizar y con material en tu mochila para sobrevivir durante dos días.

Nuestra misión este año era volar 500 millas (800 kms) en una serie de vuelos enlazados desde el Sur de Utah, cerca de Hurricane Ridge en las afueras de Zion, hasta Jackson Hole a través de las Wasatch y Star Valley. Se nos ocurrió un nombre: “500 millas a Jackson”. Pero como el título de este artículo sugiere, nuestra misión se convirtió en algo totalmente diferente.

Las montañas Rocosas van desde la punta Sur de Chile hasta el Norte de Alaska y constituyen la cadena montañosa más larga del planeta. Son montañas altas y que destacan entre los altiplanos y los desiertos que se extiende a sus pies, algunos de los cuales tienen una extensión mayor que los países más grandes de Europa. Se les puede describir como “remotas”. No hay ningún otro lugar que exija mayor determinación, como quedó claro en la Copa del Mundo de Parapente del año pasado cuando Guy Anderson, un piloto británico, se perdió durante dos días.

Volar entre grandes montañas implica andar mucho. © Jody MacDonald

La meteorología es impredecible. Los vientos térmicos son muy fuertes. Las bases están a gran altura, muchas veces superando nuestro límite legal de 18.000 pies (5.500 m). Se recomienda encarecidamente utilizar oxígeno y raramente se dan condiciones perfectas para volar.

Los vientos surgen de la nada y soplan con fuerza. He volado más en los Alpes que en casa y no puedo decir que volar en los Alpes sea más fácil; es simplemente diferente. En Europa siempre encuentras trenes y autobuses que te llevan de vuelta a casa. En el Oeste americano hay caminos de tierra perdidos, donde igual pasa un camión o dos al día, como mucho.

El equipo volando en formación. © Jody MacDonald

En los Alpes, los pilotos siguen rutas conocidas y se quedan en los macizos. Los días de poco viento se dan grandes triángulos. En casa, volamos bajo el empuje del Jet Stream, los triángulos son muy raros. En los Alpes un vuelo de 10 kms es considerado una salida larga. En casa, normalmente hacemos unos 30 kms, volando de un macizo a otro.

Pero, en parapente, hay que saber lidiar con las turbulencias y, por mucho que lo intentes planificar todo, la meteorología siempre tiene la última palabra.

¿Lugar para aterrizar? Aquí cerca no. © Jody MacDonald

Un viento muy inestable y con mucha humedad llegaba desde el Golfo de México, a 2.400 kms de distancia. En lugar de pequeñas nubes blancas que aparecen por la tarde, nos encontramos con grandes nimbus y mucho aparato eléctrico. Muy bonito de ver desde tierra, pero muy poco tranquilizador cuando estás en el aire.

Estuvimos volando a ratos pero cada vez nos veíamos forzados a conducir más y más. Los partes nos anunciaban condiciones más secas al Norte, pero nuestros parapentes eran demasiado lentos para llegar allí como habíamos planeado (volando), así que empezamos cambiando nuestra expedición en unos 160 kms, conduciendo hacia el Norte.

Al final, el mal tiempo nos atrapó y tuvimos que modificar el recorrido una vez más: 640 kms a Jackson, luego 480 kms… Resultó algo así como una broma pesada. Estábamos haciendo parapente, como siempre, conduciendo de un sitio a otro buscando lugares fáciles desde donde despegar para, un vez en el aire, ver que se podía hacer. Fuimos tirando hacia el norte hasta que llegamos a Jackson, pero no por el aire.

Equipo necesario para los vuelos. © Jody MacDonald

Tuvimos un vuelo precioso hacia el Grand Teton y vuelta, una ruta de 48 kms que se hace pocas veces entre grandes montañas, hasta que la lluvia nos alcanzó como cada día y tuvimos que quedarnos en tierra. Y entonces es cuando todo cambió. En lugar de admitir nuestra derrota, nos reagrupamos y nos dimos cuenta que aunque no nos había ido como habíamos planificado, la aventura seguía siendo muy radical. Buenos amigos, buenos vuelos y muchos lugares desconocidos.

Bonitas vistas al atardecer. © Jody MacDonald

Así que cambiamos la misión y la rebautizamos como “500 millas hacia ninguna parte”; nos volvimos al coche para conducir de vuelta hasta nuestro lugar de salida, en Hurricane Ridge, donde volvimos a empezar de nuevo… O a acabar, según se mire. Entonces ya no nos importaba. Estábamos volando, viajando y yendo allí hacia donde la meteorología nos mandaba.

Aprende más de Gavin McClurg en su exposición “How to avoid a storm”, y sigue a Red Bull Adventure en Facebook para más historias como ésta.
 

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