Fotos: esquí (casi) sin nieve

Brody Leven se escapa a Rumanía para hacer esquí de travesía pero da con menos nieve de la prevista.
Esquí en seco, ¿a alguien le mola?
Brody Leven en busca de nieve. © KT Miller
Por Brody Leven

Cualquiera que diga que hace falta nieve para hacer esquí se equivoca terriblemente. Aunque la nieve estuviera probablemente escondida bajo el barro, el polvo, los palos y los restos de avalanchas que componían la mayoría de las bajadas que hicimos en Rumanía, rara vez vimos muchas cantidades de ella.

El montañista americano Brody Leven espera al tren que le llevará a Busteni, en Rumanía
S(no)w train: en un andén rumano © KT Miller

En vez de ello, bajábamos inocentemente canaletas sin tener ni idea de lo que nos esperaba, tras pequeñas travesías, desde un teleférico de la era soviética que nos depositaba en lo más alto de la planicie de Bucegi y que tenía una agenda de funcionamiento, digamos, ¿algo errática?

En pleno descenso en Valea Malaiesti, Brody Leven se escapa de Drácula en los Alpes de Transilvania.
Nieve de primavera en los Alpes Transilvanos © KT Miller

Cuando decidimos volver a casa, la poca nieve que había se disipaba tras 1.000 metros de desnivel y descubrimos que todavía nos quedaban otros 1.000 más antes de poder llegar al pueblo de Prahova, en el fondo del valle.

Brody Leven en los Cárpatos
Hemos visto mejores sesiones entre los árboles © KT Miller

Colocamos en la mochila todo el material de esquí, nos pusimos las botas de marcha y pasamos el resto del día aprovechando cada rayo de luz para guiarnos con energía por senderos ariscos con mucha vertiente. Llegamos muy tarde a la ciudad. Fuimos a la parada de autobús y acabamos cogiendo un tren cuando tuvimos que rendirnos ante la evidencia de que dicho bus no llegaría nunca.

Habíamos recorrido los senderos que toman los osos en busca de comida. Eran esos mismos caminos los que llevaban al castillo medieval del Conde Drácula. Eran los únicos que encontramos para volver a casa tras varios días en la montaña. Allí es donde hicimos dos grandes amigos, Vlad y Mihai, dos de los pocos esquiadores de travesía de la región.

Brody Leven ante el castillo de Drácula
"¡Hey, mira! ¡Es Drácula!" © KT Miller

Cuando, el primer día de nuestra aventura, llegué al pueblo de montaña de Busteni, con KT Miller, un fotógrafo de Montana, EE.UU., descubrimos estupefactos que no había nada de nieve en los alrededores. Los lugareños se paseaban en bermudas y camiseta mientras que nosotros acarreábamos esquís y plumíferos espesos. Fue una mala sorpresa pero no dejamos que nos disuadiera.

Durante dos semanas nos aventuramos por los Cárpatos sin información alguna sobre las posibilidades de esquí que ofrecían aparte de lo que nos sugerían nuestros ojos. Vlad nos premiaba con grandes anécdotas sobre las dificultades que supone poder comprar esquís de travesía en Rumanía antes de que toda la nieve de la zona se funda.

Cuidado: girar antes de golpear las rocas
¿Nieve papa y una canaleta amplia? ¡Sí, por favor! © KT Miller

Mihai apuntó hacia la canaleta con más vertiente que habíamos visto. Cuando la bajamos nos esperó para indicarnos el camino de vuelta al fondo del valle, tras horas de esquí y de marcha. Cualquiera que se emocione tanto esquiando nieve digna de un mes agosto como si estuviera en pleno mes de abril es inmediatamente nuestro amigo. Si encima nos enseña su ciudad de orígen, sus montañas y sus costumbres, todavía mejor.

¿Ha pasado la hora de esquíar?
¡Hora de hacer rápel! Debajo el pico Caraiman © KT Miller

KT y yo dormimos en una cabaña refugio, en una montaña distante. No conocíamos una sola palabra de la única lengua que hablaban los dueños del refugio. Hicimos primeros descensos de varias vías de escalada y visitamos el Castillo de Drácula durante nuestro único día de descanso. Los Alpes de Transilvania añadían una energía particular a nuestra práctica que muchos esquiadores han olvidado desde hace ya mucho tiempo.

Slushy slurpy skiing fun
Una pala empinada de nieve papa en Valea Costilei. © KT Miller

De la misma manera que hay gente que considera los vampiros como monstruos y otra como criaturas fascinantes, las montañas que en su día recorrió el Conde Drácula no fueron nuestra peor pesadilla sino un sueño veraniego de lo más interesante... ¡desafortunadamente sin la nieve que tanto habíamos esperado encontrar!

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