8 fotos para descubrir el Amazonas desde un kayak

Descubre a los dos aventureros que escaparon de piratas y disparos en su travesía por el río.
Kayak y puesta de sol en el río Amazonas
Olie y una puesta de sol en el Amazonas © Olie Hunter Smart
Por Will Gray

En un viaje descomunal de 6.500 km., los aventureros Tarran Kent-Hume y Olie Hunter Smart siguieron la estela del río más largo del mundo, el Amazonas, desde su nacimiento hasta el mar.

Ambos empezaron a pie pero se subieron a sus kayaks para completar el viaje, remando a través de la infame Zona Roja de Perú (plagada de narcotraficantes) o esquivando piratas a lo largo del camino.

En el Amazonas no siempre hay una ruta clara

aventura en kayak en el Amazonas
Olie busca su camino © Olie Hunter Smart

Tarran: Para seguir los canales utilizábamos mapas, pero no era tan fácil como parece. El cauce cambia todos los años durante la temporada de lluvias y, como estábamos al final de la temporada de sequía, tuvimos que buscar las zonas que se habían secado por completo. Eso hizo que nuestra travesía se alargara 20 km. más.

Olie: Teníamos un guía que nos ayudaba, pero en un punto, cerca de una zona de piratas, ¡desapareció! Le buscamos durante unos cuantos días pero se había ido por otro camino y decidimos volver a lo nuestro e ir hasta Pucallpa, ¡a una semana remando de distancia! Fue uno de los peores momentos.

Jugando con el peligro en el Valle de la Muerte

Valle de la Muerte Amazonas: Kent-Hume y Olie Hunter
El equipo en el Valle de la Muerte © Olie Hunter Smart

Tarran: Dos días en la Zona Roja nos llevaron hasta el Cañón del Diablo. No pudimos parar mucho tiempo por los peligros de la zona y porque el sol se ponía muy rápido. Por suerte, encontramos un banco de arena para desplegar nuestras tiendas y conseguimos que los locales de Rondero nos protegieran.

Mezclándose con los locales más amables que había

Kayak en Perú amazonas: Tarran Kent-Hume
Tarran y unos cuantos niños de allí © Tarran Kent-Hume

Tarran: Mientras dejábamos atrás una de las bases marítimas de Perú, estos chavales saltaron a mi kayak. Se alejaron de la orilla del río, se agarraron y se vinieron con nosotros río abajo. Sin embargo, unos minutos después nos cruzamos con un barco de la Marina Peruana que vino directamente a por mí, ¡me recogió y me volvió a llevar a la base!

Hacia la tormenta perfecta

Kayak en plena tormenta en el río Amazonas
Olie rema hacia la tormenta... ¡Que viene! © Olie Hunter Smart

Tarran: Este fue el inicio de una tormenta eléctrica espectacular. En el Río Solimões sufrimos muchas de este estilo. Vimos como se fermentaba durante una hora. Antes de ello, las aguas estaban especialmente tranquilas, aunque después la cosa cambió a mucho peor. El viento aumentaba y hubo una gran tormenta de arena. El agua se convirtió en un infierno y la luz daba miedo. ¡Fue épico!

El agua suele ser tranquila... aunque no siempre

Olie Hunter flota sobre agua transparente Amazonas
Olie flota sobre el transparente agua del Amazonas © Olie Hunter Smart

Tarran: Tuvimos que remar con el agua picada en algunas ocasiones pero, otras veces, como en esta del río Ucayali, parecía que el agua fluía al revés. Eso creó algunos reflejos increíbles pero también nos perjudicó, ya que remar tan cargados era complicado.

Ollie: Sin embargo, yo en esta zona no me sentía tranquilo. Estaba infestada por piratas que eran evitados hasta por los militares peruanos. En un momento dado, un barco se dirigió hacia nosotros mientras disparaban. Fue un momento de mucho miedo y pánico pero, por suerte, pasaron y se olvidaron de nosotros. Creo que solo querían advertirnos.

Se llevaron bastante bien con los lugareños

Cruzando un pueblo del Amazonas en kayak
Tarran deja atrás un pueblo aislado © Tarran Kent-Hume

Tarran: Esto fue a una semana de terminar. Nos encontramos con estos pequeños pueblos que se encontraban casi flotando. La gente de allí cultiva camarones de agua dulce. Les echan sal, los secan... ¡y les queda un plato delicioso!

Olie: Solíamos parar a conocer a los lugareños y nos daban comida, agua e incluso, a veces, nos dejaban una cama para dormir. Llevamos muchos paquetes de comida deshidratada y batidos de proteína, así que cuando nos daban buena comida nos alegrábamos y comíamos mucho.

Tarran: Aunque no todo fue bueno. Una de las veces que paramos, la tribu de Asháninka nos dio una bebida llamada Masato. Me tomé ocho copas antes de saber cómo se hacía: estaba hecha por mujeres de la tribu que masticaban yuca y la escupían en una olla, ya que la saliva hacía que se fermentara.

Refugiándose entre los manglares

Manglares del río amazonas
Atravesando los manglares... © Olie Hunter Smart

Tarran: En este punto estábamos muy cerca de nuestra meta: el Atlántico, pero las enormes corrientes nos obligaron a refugiarnos en los manglares. Pasamos seis horas aferrados a los árboles hasta que nos pudimos mover de nuevo.

Olie: Cuando por fin llegamos al océano no había una línea de meta como tal, ¡remamos hasta el mar y revisamos el GPS para ver si habíamos llegado lo bastante lejos! Lo habíamos conseguido pero el final dio bastante miedo porque nos topamos con olas de casi cinco metros.

¿Tienes más ganas de acción? ¡Conoce a la mujer que corre maratones... hacia atrás!

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