Iván Cervantes, en el séptimo cielo
© Jonty Edmunds

Es como recibir de una tacada todos los regalos de Navidad y de tus cumpleaños. Ganar en casa siempre es un momento especial, pero ganar los dos días es algo absolutamente indescriptible. Ahora mismo, estoy en el séptimo cielo.

Cuando corres ante tu gente es fácil que te ataquen los nervios. Si dejas que te dominen, notarás que tienes muchísima presión encima para que logres un triunfo. Todo el mundo viene a verte correr y, en el fondo, lo que quieren es verte ganar. Ponen un montón de energía para animarte y empujarte, para que vayas tan rápido como puedas. A veces hay un montón de pilotos que luchan por hacer un buen papel en situaciones como esta, a mí también me ha pasado. Pero en esta ocasión, cuando el Campeonato Mundial de Enduro llegó a España, lo disfruté al máximo. Vi que era una oportunidad para sacudirme la presión y darlo todo, de luchar por la victoria.

Cuando corres en casa es fácil que te ataquen los nervios.

Al pensar en la carrera de Puerto Lumbreras, sentía confianza en mis posibilidades. Parecía que todas las piezas iban encajando y apuntaban a que mi sueño era posible. El fin de semana anterior al GP de España gané la tercera prueba del Campeonato de España de Enduro, que se disputaba a tan solo 30 minutos de distancia del GP de España. Las condiciones eran muy similares a las que íbamos a encontrarnos en Puerto Lumbreras y yo estaba muy seguro en ese escenario. Luego, cuando hice las pruebas especiales para el EWC, me convencí de que esta carrera era mi mejor oportunidad para subir a la cima del podio.

Dejando aparte un pequeño susto, cuando me perdí en la primera sección de enlace con Alex Salvini, David Knight y Pela Renet, yo iba rápido y el fin de semana marchaba según lo planeado. Fui capaz de pilotar con rapidez pero con suavidad y enseguida esa suavidad se convirtió la clave para ganar el primer día. Con tantas motos en pista, el circuito se iba deteriorando enseguida. El suelo estaba tan seco que se convertía en polvo, como arena fesh-fesh. A veces era difícil ver las rocas y las piedras con tanto polvo. Había que ir con mucho cuidado para no chocar.

Parecía que todas las piezas iban encajando y apuntaban a que mi sueño era posible.

Me pasé todo el día peleando con Salvini por la victoria. Él había vencido a todos los de la clase E2 en las primeras dos pruebas de las series. En algunos tests iba un poco más rápido que yo, pero en general fui capaz de mantener la delantera. Al final cometió un error en el último cross test y me escapé con el trofeo. La noche del sábado estaba contentísimo de dejar la moto en el parque cerrado sabiendo que los había vencido a todos.

Pero al día siguiente tenía más hambre. Esa victoria fue una inyección de confianza increíble. No iba a dejar que nadie me venciese, ¡en España, no! Me centré en los tiempos de los tests especiales, puse toda la carne en el asador y me llevé la segunda victoria del fin de semana.

Esa victoria fue una inyección de confianza increíble.

La clase Enduro 2 es muy dura, el nivel es tremendo, pero siempre pensé que el GP de España era el momento de que yo le diese una vuelta de tuerca a la situación. Ahora el campeonato entra en la segunda mitad y yo ya he demostrado que el Cervantes de siempre ha vuelto. Y que ha vuelto para quedarse.

Iván