Tech Talk: Los coches de reconocimiento del WRC

Son los coches más lentos en los tramos del WRC, pero también son los más importantes.
Los Volvo de M-Sport © McKlein Image Database
Por Carl McKellar

Nueve meses al año fuera de casa, gran parte del tiempo encerrados en un contenedor oscuro, y cuando te sacan de paseo será con cariño, sí, pero menudos sitios hay que recorrer. No es una vida fácil: los coches de reconocimiento que usan las estrellas del Mundial de Rallies para examinar cada tramo son unos héroes… de los que nadie se acuerda.

Por ejemplo, pensemos en el parque de 25 unidades Volvo 25T AWD (all-wheel-drives, es decir, con tracción total) que el equipo M-Sport tiene preparado en su centro de operaciones del Reino Unido. Nueve de ellos solamente pasan en casa unos tres meses al año, ya que su destino es un alucinante viaje por tierra y mar, para servir en las pruebas más alejadas del WRC, en México, Argentina y Australia.

Ahora mismo, junto con los coches de reconocimiento de equipos rivales como VW y Citroën, se encuentran en algún punto del Atlántico Sur (desconocemos a bordo de qué carguero), con la proa puesta rumbo al cabo de Buena Esperanza. Luego dejarán atrás Madagascar y cruzarán el Índico hasta Malasia. Allí los transferirán a otro buque, encargado de transportarlos finalmente hasta Brisbane, justo a tiempo para el Rally de Australia, que se disputa en septiembre.

VW Golf R de reconocimiento: una vida dura © Carl McKellar

En total, un viaje de 65 días y casi 20.000 kilómetros. Eso sin contar la singladura inicial que los llevó del Reino Unido a México y la vuelta, también por mar, que tendrán que acometer desde Australia hasta las Islas Británicas para volver a los talleres de M-Sport.

En Argentina, además de las mil tareas que ya tenían que realizar en los talleres, los mecánicos tuvieron que afanarse para reparar la chapa, limpiar y poner a punto los coches de reconocimiento de cara al viaje hacia las antípodas.

“Las leyes de cuarentena australianas son muy estrictas, tenemos que asegurarnos de que no se haya colado ningún insecto ni restos vegetales en los coches", explica el responsable de comunicación de M-Sport, Richard Millener. “Los funcionarios del gobierno australiano están presentes para cerciorarse de que todo esté en orden antes de hacerse a la mar. Lo último que necesitamos es que alguien se deje olvidado un plátano en la guantera".

Al llegar a su destino, los coches se almacenan listos ya para que los recojan y entren en acción durante las sesiones de reconocimiento, de importancia crucial. La velocidad durante el reconocimiento está limitada a 70 km/h, pero eso no les concede piedad alguna a los pobres coches.

Un Citroën C-Zero de reconocimiento, Francia 2012 © Citroën Racing

“Es muy frecuente que los pilotos prueben a ver hasta qué punto pueden morder las cunetas durante el reconocimiento”, explica Millener. “Aprovechan el coche de reconocimiento para correr riesgos que no pueden permitirse con los coches WRC. Los pobres llevan una vida muy sufrida".

“Tienen que ofrecer sensaciones equiparables a las de un coche de rally, para que pilotos y copilotos puedan tomar notas con precisión. Llevan una suspensión Reiger mejorada y caja de cambios estándar, también les hemos incorporado tracción a las cuatro ruedas. Les subimos la altura de la carrocería, les montamos frenos distintos y ruedas preparadas para afrontar un rally, les instalamos una jaula antivuelcos, ruedas de repuesto y herramientas típicas de rally en el maletero. Lo más importante son los indicadores, para que los copilotos puedan tomar notas sobre velocidades y tiempos con exactitud total.

“Ten en cuenta que, además, estos coches hacen el recorrido completo dos veces y los equipos también los usan normalmente para labores de transporte en las competiciones. Incluso los usan los meteorólogos de los equipos después del reconocimiento en las pruebas que se corren sobre asfalto, ahí tienen uso doble”.

Se nos viene a la mente la expresión "lobos con piel de cordero", especialmente en el caso del Volvo, que frecuentemente se considera un coche para abuelos o para remolcar caravanas.

"Si te sientas al volante de uno en carretera, no notas ninguna diferencia en la potencia, pero en la maniobrabilidad, desde luego que sí, gracias a la rigidez extra que aportan suspensión y la jaula antivuelco", añade Millener. "Quizás no sean el modelo de coche que uno se espera, pero cumplen muy bien con su trabajo y se someten a un mantenimiento muy meticuloso tras cada rally. Como turismos corrientes, valdrían unos 35.000 euros. Son los kits de rally completos, valen más de 50.000.

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