Recordando la Carrera Panamericana

Arranca el Rally de México 2014 y aquí recuperamos una de las competiciones más extremas del motor.
Karl Kling celebra su victoria en la Carrera Panamericana de 1952 al volante del Mercedes 300SL
Unos aficionados con el Mercedes de Karl Kling © Mercedes
Por Greg Stuart

Los participantes en el Mundial de Rallies están ya enfrentándose a los tramos del Rally de México 2014. Una prueba dura, desde luego... pero por mucho que sufran, el nivel de exigencia estará a años luz de otro rally mexicano que se celebró entre 1950 y 1954 y que hoy queremos recordar: la Carrera Panamericana.

Se trataba de una competición automovilística concebida por el gobierno mexicano para conmemorar la inauguración de los tramos mexicanos de la Autopista Panamericana. En 1950, los participantes salían de Juárez, en el norte del país, y atravesaban toda la nación hasta alcanzar Chiapas, en la frontera con Guatemala. Una distancia total de 3373 km, bastantes más que los 404 cronometrados que recorrerán los pilotos del WRC este fin de semana.

Entran en liza los profesionales

La primera edición, disputada en 1950, estaba orientada a los aficionados, aventureros hambrientos de gloria llegados de todos los rincones del mundo. Contaban con el apoyo del gobierno y se aprestaron a ponerse en marcha, camino del sur del país. La prueba fue ganando en popularidad y en 1954 ya había disfrutado de la presencia de pilotos de la talla de Juan Manuel Fangio, Carroll Shelby y Phil Hill. Las velocidades medias registradas superaban por entonces los 160 km/h (a pesar de que algunos tramos eran muy montañosos y sinuosos).

Fangio, que se había formado compitiendo en pruebas similares campo a través en su Argentina natal, fue y sigue siendo el único Campeón del Mundo de Fórmula 1 que logró vencer en la Carrera Panamericana, concretamente en la edición de 1953, al volante de un Lancia D24.

Keith Andrews participó en la Carrera Panamericana en 1954 con un Cadillac Series 62
Este Cadillac Series 62 compitió en 1954 © Cadillac

El peligro acecha en cada curva

En 1952, Mercedes preparó un equipo formado por tres 300SL, que llegaron a México dispuestos a pelear por el triunfo contra rivales de la categoría de Ferrari y Lancia.

Karl Kling, uno de los pilotos del equipo, se proclamó ganador, seguido de su compañero Hermann Lang, también de Mercedes. Pero lo que pasaría a formar parte de la leyenda del automovilismo fue precisamente el accidente que Kling sufrió durante la carrera. Mientras tomaba una curva rápida a derechas, un buitre se estampó contra el parabrisas de Kling y los pedazos de vidrio que saltaron produjeron graves cortes en el rostro del copiloto, Hans Klenk. El dúo no se amilanó y decidió continuar en carrera, logrando la victoria por más de media hora de ventaja.

Otros competidores corrieron peor suerte: durante los cinco años en que se disputó la carrera, fallecieron un total de 27 competidores. Una cifra funesta y sorprendentemente alta, incluso para aquella época, cuando el automovilismo implicaba grandes riesgos. Sin embargo, el peligro no desanimó ni a los aspirantes al título ni al público: se calcula que entre 1950 y 1954 acudieron unos dos millones de espectadores a las cunetas, para contemplar el paso de los bólidos.

Finalmente, el desastre de Le Mans en 1955 supuso todo un aldabonazo para el gobierno mexicano y le obligó a reevaluar el peligro que suponía la Carrera Panamericana. Como consecuencia, los organizadores cancelaron la competición.

Karl Kling en la Carrera Panamericana de 1952 con el Mercedes 300SL
Un buitre se estampó en el Mercedes 300SL de Kling © Mercedes

El legado de la Carrera Panamericana

Contra todo pronóstico, la carrera volvió a la vida en 1988 y desde entonces se organiza y celebra como una carrera de coches históricos. En la nómina de ganadores recientes figuran nombres ilustres, como los pilotos de rallies Stig Blomqvist y Harry Rovanperä.

Otra curiosa parte de la herencia de esta prueba tiene que ver con su mismísimo nombre, “Carrera”. Esta palabra ha quedado incrustada en la tradición de dos marcas de gran arraigo en el mundo del motor: Porsche y Tag Heuer. Tras conocer la historia de la prueba a principios de los 60, el antiguo jefe Jack Heuer registró comercialmente el nombre “Carrera” para su famoso reloj.

Con su mezcla de tragedia y pura pasión competitiva, la Carrera Panamericana se ha convertido en un pedazo del folklore automovilístico. Tal vez el gran Juan Manuel Fangio estuviese pensando en ella cuando pronunció una de sus citas más célebres: “Por un lado están quienes permanecen alejados del mal y por otro, los aventureros. Somos pilotos de competición y aventureros; cuanto más difícil es un reto, mayor atracción sentimos por él”.

Y pocas pruebas podrían igualarse en dificultad con la Carrera Panamericana.

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