Ari Vatanen: Una auténtica leyenda

Ahora que Peugeot se apresta a volver al Dakar, repasamos la carrera de un mito de la marca gala.
Peugeot 205 Turbo 16 en 1987 Rally Paris -Dakar
Un león en el desierto © Peugeot Sport
Por Greg Stuart

Peugeot volverá al Dakar el año que viene, esta vez con Carlos Sainz y el varias veces ganador en motos Cyril Despres al volante del nuevo Peugeot 2008 DKR. Sainz y Despres aspiran a convertirse en los nuevos héroes de la marca del león, pero hace 30 años ya hubo un monstruo al que acabaron apodando Mr Peugeot: Ari Vatanen.

Mundial de Rallies

Nacido el 27 de abril en Tuupovaara, Finlandia, Ari Vatanen se estrenó en el mundo de los rallies a los 18 años. Once años más tarde, en 1981, se adjudicó el Campeonato del Mundo.

A pesar de haber pilotado coches míticos como el Ford Escort, el Opel Ascona e incluso el Subaru Impreza durante su carrera deportiva en el Mundial de Rallies (una trayectoria que abarcó cuatro décadas), si hay un coche que se asocia inmediatamente a Vatanen es el mítico Peugeot 205 T16 Grupo B. Una máquina cuya segunda encarnación era capaz de rendir más de 500 caballos de potencia.

El palmarés cosechado por Vatanen a los mandos de esta criaturita deja claro que era potente, algo innegable, pero que también era una bestia difícil de domar. Entre 1984 y 1985 el finés tomó la salida en 13 rallies con el 205 T16. De esa docena larga, se vio forzado a retirarse en siete ocasiones, ganó en cinco y terminó segundo en una sola ocasión.

La última de las retiradas que protagonizó con el coche (en 1985, durante el Rally de Argentina) fue un momento clave para Vatanen. La fuerza del impacto sufrido tras una colisión mientras circulaba en sexta velocidad fue tal que el asiento se soltó de sus anclajes y le destrozó los tobillos y las rodillas. Aquello puso punto final a su carrera en el Mundial de Rallies. Pero un purasangre como este no se iba a quedar quietecito en casa, ni mucho menos. Por algo le llamaban el finlandés volador.

Ari Vatanen al volante del Peugeot 205 Turbo 16 en el Rally de Suecia 1985.
Vatanen al ataque en el Rally de Suecia 1985 © DPPI

Victoria en el Dakar

Tras la prohibición del Grupo B del Mundial de Rallies después de la muerte de Henri Toivonen en 1986, Peugeot tuvo que buscar otros terrenos para que el 205 T16 se desfogase y demostrase su valía en la competición. La respuesta a la situación fue el París-Dakar. Y puestos a afrontar semejante desafío, ¿quién mejor para pilotar el coche que un renacido Ari Vatanen?

Vatanen llegaba después de sufrir 18 meses de rehabilitación para volver a ponerse en pie, literalmente. Ahora bien, tras cubrir los 8315 km de dura pelea que componían la edición del París-Dakar 1987 quedó claro que las facultades del finés estaban intactas. Tanto que se proclamó ganador en su primera participación en la prueba, superando a rivales más experimentados.

Además, al año siguiente amenazaba con repetir victoria a bordo del nuevo Peugeot 405 T16… pero alguien robó el coche en el área de servicio técnico de Bamako. Sin embargo, el nórdico no se amilanó y volvió a hacerse con el triunfo en 1989 y 1990 con el 405 T16. Su historial en el Dakar se cerraría con un brillante hat-trick, que firmó en 1991, por entonces a los mandos del Citroën ZX, un coche distinto pero de una marca hermana de Peugeot. Para ser su retorno a la competición, la verdad es que no está nada mal.

Pikes Peak

Mientras el bueno de Vatanen estaba atareado dominando con autoridad en el Rally Dakar, también le dio tiempo para trabajar en tándem con Peugeot en otra aventurilla. El dúo decidió aceptar uno de los retos más escalofriantes del mundo del motor, la subida de Pikes Peak International Hill Climb.

Corría el 1988 cuando Vatanen se sentó al volante del Peugeot 405 T16, arrancó, pisó a fondo y tardó 10:47:220 en hacer cumbre, marcando un nuevo récord. Ojo, por aquel entonces, todo el recorrido era de tierra y gravilla, no había un solo metro asfaltado. El cineasta Jean-Louis Mourey no desperdició la oportunidad y filmó la subida, transformada después en el célebre Climb Dance, considerado uno de los mejores documentos audiovisuales en la historia del motor. Una ventana que nos permite contemplar a un auténtico genio del volante al límite, a por todas en una de las pistas más aterradoras que te puedas imaginar.

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