El Dakar en solitario

León Amespil corre el Dakar sin asistencia para vivir el espíritu aventurero de esta prueba.
El Dakar en solitario
Por Red Bull Chile

 Mientras los competidores del Dakar 2015 desfilaban por la imponente rampa de largada ubicada frente a la Casa Rosada en Buenos Aires, el argentino León Amespil hacía su propia partida simbólica en la esquina de Salguero y Avenida del Libertador, en el barrio de Palermo. Ahí estaban su familia y sus amigos para desearle suerte en su segunda incursión dakariana. “Esa fue mi propia rampa de largada y para mi fue más emotiva que la oficial”, explica este hombre de 45 años que se rindió a la magia de la carrera creada por el francés Thierry Sabine en 1979.

Amespil corre en la categoría Malles Motos en la que los pilotos no reciben asistencia y tienen que arreglárselas por sí mismos ante cualquier inconveniente mecánico. “Así fue el Dakar en sus orígenes y así me gusta correrlo. Soy un romántico en ese aspecto”, destaca.

Justamente, esa particularidad hace que la veintena de inscritos de esta clase tengan la admiración de sus colegas, incluso de los profesionales. “Ellos nos tratan con mucho respeto porque saben lo difícil que es hacer un Dakar solo y sin que nadie te ayude”.

Antes de disputar su primer Dakar el año pasado, León se preparó intensamente participando en carreras del Campeonato Argentino de Cross Country. “Hasta que me arranqué, no tenía idea de lo que era una moto y menos su mecánica. Ahora soy todo un experto”, dice con orgullo mientras mete mano a su Yamaha.

Los Malles Moto tienen un lugar asignado en cada campamento. Allí la empresa de lubricantes Elf pone a su disposición un camión que les va transportando una caja con sus pertenencias y herramientas etapa tras etapa. Cada piloto tiene que hacerse el mantenimiento mecánico de su moto sin ayuda de nadie. “El año pasado también lo hice así. Llegaba y le metía mano a la moto, pero me descuidaba un poco yo mismo. Esta vez cambié de filosofía: primero está el piloto y después la moto, a la que hay que hacerle lo indispensable. Porque si el piloto no está bien, de nada sirve tener el mejor medio mecánico”, admite.

Empujado por ese sueño de la infancia, Amespil solo tiene un objetivo: llegar al final del Dakar. Por eso no le importa tener que tirarse a un costado del camino cuando lo acechan los autos, hacer lo imposible para manejar su moto sobre caminos que ya están muy rotos por el transito de otros competidores o descansar un poco en pleno tramo cuando sabe que su cuerpo está sobreexigido. Y cuando el ánimo no es el mejor, piensa en sus dos hijos y recibe una dosis extra de adrenalina que le permite continuar. Porque terminar es recibirse de dakariano y con honores. Aunque León tiene clara una cosa: “cuando lo haga, el Dakar no lo corro más”.

read more about
Next Story