La Doctora Dakar

Marcela Lauco cuenta en primera persona cómo es ser médico del Dakar.
Marcela Lauco
Por Red Bull Chile

 “Ser parte del Dakar es algo realmente muy intenso. Desde lo médico es atípico. Ningún médico trabaja de esto en ningún lugar del mundo, excepto durante una situación de guerra. Desde lo personal, es todo un desafío. Diría que es casi igual al de los pilotos, tanto en lo físico como en lo mental.

Mi primer trabajo para la organización fue hacer un planning médico por lo que tuve que recorrer toda la Argentina y Chile para tomar contacto con todas las instituciones que había que contratar para la carrera. Es una tarea que aún sigo haciendo y que también me agrada.

Cuando en 2008 surgió la posibilidad de trabajar para la organización del Dakar, no tenía idea de lo que era esta competencia. Jamás había dormido en carpa ni había dejado de plancharme el cabello en mi vida. Mi familia pensó que al segundo día me iba a volver porque no iba a aguantar. Pero de eso ya hace siete años y sigo...

No estoy en el hospital que se monta en los campamentos. Voy en una camioneta 4x4 con otro médico siguiendo a los participantes. Cuando me dijeron de hacer el Dakar de esa forma no sabía qué esperar de mí, pero lo que me sucedió me sorprendió. En situaciones tan extremas se ve lo mejor y lo peor de una persona. En mi caso, me encantó todo lo que me ocurrió y por eso aún estoy aquí.

Recuerdo el primer accidente en el que tuve que participar. Estábamos detrás de unas motos y a unos treinta metros una de ellas se choca contra un talud de tierra y su piloto fue despedido por el aire. El muchacho tuvo varias lesiones, pero ninguna de gravedad. Lo tuvimos que asistir entre la tierra en suspensión y los otros participantes que nos pasaban por al lado a toda velocidad.

Hasta ese momento no sabía cómo podía reaccionar yo ante una situación así, pero todo lo que fui capaz de hacer me sorprendió… En accidentología siempre te enseñan cómo tenés que actuar ante un accidente y qué hacer para minimizar los riesgos, pero el tema es cuando hay que poner todos esos conocimientos en práctica. Te sale o no te sale y ahí es cuando descubrís si sos o no bueno para esto.

Como médica varias veces me pregunté si está bien o no ser parte de esto, que realmente es una locura. Para mí no hace falta tomar tantos riesgos, pero cuando hay alguien que lo hace, también es necesario que haya otra persona que lo ayude.

Lo mejor que me ha pasado es el agradecimiento de los pilotos, que se acuerdan que estuviste asistiéndolo mañana, tarde y noche después de un accidente. Porque a veces cuando están realmente mal hay que hacerles un seguimiento de su estado a costa de perderte horas de descanso. Pero para mi eso es parte de una motivación personal que no tiene precio. Lo peor son esas cuestiones médicas que son inevitables. Cuando pasan es difícil seguir.


Por suerte tengo una familia que me apoya. Mi hijo tiene 13 años y ya está acostumbrado, aunque cada vez que me voy somatiza y se enferma. Igual está contento con que tenga este trabajo. Siempre ve los resúmenes de cada día y si hay un accidente me llama para saber si pude hacer algo. Creo que para él lo más difícil es asociar a su mamá con la loca que se va quince días a un Dakar. Pero al mismo tiempo sabe que me hace bien, que me divierte y que encontré un montón de cosas mías en lo personal que ni un psicólogo las descubriría. Por eso siempre digo que tener esta posibilidad es un regalo”.

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