FELIPE AGUDELO: EL PADRINO DEL SKATE

Conoce a este personaje que lleva 19 años en la escena y ha apoyado a más 50 skaters en Colombia.
Por Paola Martina

 

Bogotá ha sido un lugar que ha hecho cultura desde la calle. Gran parte de lo excitante y encantador de la urbe surge de sus contraculturas y sus sublimes respuestas a la violencia nacional. Es una ciudad punk, gris, hostil y llena de personajes desconocidos que han hecho de su pasión un salvavidas para muchos talentos.

 

En los noventas a falta de museos, bibliotecas y espacios culturales, sumado a el interés por lo que pasaba al otro lado del charco y la apertura de nuevos canales como MTV, inició una fiebre por el mechero largo, el grunge, el hard core y un deporte que llegó para quedarse, el skate (No olvidemos el gran aporte de las tías a esta tendencia con sus regalos enviados desde USA).

 

Al inicio no se conseguían ni espacios ni elementos para la práctica del skate, poco a poco aumentaba el interés por este deporte y dicen las malas lenguas, que los primeros amantes a falta de plata, hacían sus propios maderos con ruedas de patines. Poco después descubrieron que no era práctico mantener estas tablas hechizas porque eran muy pesadas y era mejor comprarse una tabla decente con ahorros de mandados y navidades, en vez de mantener este ingenioso y fallido sistema.

Más adelante ya se podía acudir al sistema del segundazo: regatearle a los niños ricos sus adquisiciones de moda, ya que el talento no les daba para dedicarse de lleno al deporte y al final, vendían las tablas nuevecitas y en buena calidad.

Muchos de los recorridos empezaron siendo solo rodadas y luego se complementaron con trucos y ejecuciones más complejas. Barrios como Villas de Granada, Castilla, Timíza, Villa del Río, Usatama, Bosa, Suba, Cedritos y Colina Campestre, tenían sus propios parches que estaban en constante búsqueda de material inspirador y que forjaron puntos de encuentro claves para la formación de la escena.

Todo iniciaba en La Estrella, el love park original de Bogotá ubicado sobre la sexta con trece en el centro de la ciudad, y terminaba al extremo norte en alguna de las primeras tiendas que vio la capital: La jungla o Chicago Deportes. La Jungla estuvo más dirigida a los patines, dejando de lado al grupo amante de la tabla; mientras que Chicago no tenía ningún tipo de identidad con los jóvenes skaters de la época. Como respuesta a esto Felipe Agudelo abre On Board bajo el lema: De skaters para skaters, y con el tiempo se hace socio de otros personajes claves para la escena: Jaime Bulla (quien después sería el fundador de Fun) y de Mateo Rodriguez (Fundador de Inter, un skate park en la sexta).

Después de ires y venires, de aprenderle a los grandes, de ver cuánto video había, de mandar correos, de hacer llamadas costosas, de contactarse con marcas duras, de mitos urbanos sobre su historia, de estar de acuerdo y desacuerdo, de embarrarla y aprender como en cualquier proyecto, de convertir su pasión en su sustento para poder dedicarse de lleno, de enfrentar unos tantos detractores y de tener cerca de 50 deportistas bajo su patrocinio; Felipe toma el mando y después de 19 años logra tener un espacio sólido y referente en la historia de este deporte. Sus consejos han sido recibidos por David González (skater reconocido a nivel mundial), John Bejarano, Santiago Echavarría, Jhan Carlos González y muchos tantos que han sido igual de poderosos.
Espacios como On board y personas como Felipe han llevado a Bogotá a ser un lugar más cálido bajo la lluvia y más amable a pesar de las pobres políticas estatales. Ellos nos han mostrado nuevas formas de movilizarnos, a rodar en vez de caminar, a apoyar lo local, a tomarnos la ciudad cada 21 de Junio (Día internacional del skate) y a entender que Bogotá la construimos desde nuestras propias historias desconocidas, desde nuestra propia calle.


#MontarNoEsMolestar
 

 

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