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El equipo Red Bull Skydive logró recientemente un hito espectacular en Austria, digno de una película de James Bond. Como parte del proyecto Akte Blanix III, el escuadrón de cinco hombres empezó una persecución aérea de dos planeadores Blanix a 4.000 metros de altura. En una de las misiones más atrevidas para estos atletas que vuelan con trajes en forma de ala, las velocidades llegaron a ser de hasta 180 km/h.

Niederöblarn (Austria) – Cuando el equipo de paracaidistas libres Red Bull Skydive se encuentra con el equipo de planeadores Blanix Glider, algo es seguro: Van a pasar cosas increíbles. Ambas escuadras, quienes ya han maravillado a millones de personas por todo el mundo con sus espectaculares formaciones aéreas, han subido el listón recientemente con la última etapa de su trilogía Blani(X).


 

 

 




 

“En teoría, la idea cuando se vuela es la de estar lo más alejado posible de los objetos volantes que nos rodean. En vez de eso, ¡hemos decidido ir por ellos! Con este proyecto, hemos sido capaces de mirar directamente a los ojos de los pilotos. Todavía se me pone la carne de gallina cuando lo recuerdo”, explicó el líder del equipo Red Bull Skydive, Paul Steiner, quien fue uno de los principales responsables de coordinar y planificar esta misión única que necesitó once personas y siete aviones.

“Los aviones se están moviendo constantemente”, añadió Georg Lettner, uno de los miembros más experimentados de la escuadra. “En algunos momentos lo que hacíamos parecía de locos, pero ahora, al mirar atrás, estamos convencidos de que ha sido una experiencia increíble. Hay pocas cosas mejores que poder mirar a un piloto, que está a los mandos de su nave directamente a los ojos mientras vuelas a su lado”.



 

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Los peligros de tan arriesgada misión no son difíciles de describir o de enumerar, pero como bien dice el piloto Ewald Roithner, la preparación fue “exhaustiva hasta el extremo, valga la redundancia”, para asegurar que semejantes maniobras pudiesen llevarse a cabo. “Ninguno de los integrantes de esta misión somos adictos a la adrenalina. Tan solo somos un grupo de tipos que queremos superarnos constantemente y hacer que nuestras vidas sean más intensas. La diferencia con un adicto a la adrenalina es que nosotros preparamos al detalle todo lo que hacemos, por lo que podemos romper barreras sin ir demasiado lejos. Se trata de ser profesional en la planificación, en la preparación y en tener total y absoluta confianza entre los que integramos la misión”.


 

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“Nunca antes un ser humano y una nave, un artilugio aéreo, un avión en definitiva, habían volado tan cerca el uno del otro, en formación. Esta ha sido la primera vez que una maniobra de este estilo ha podido llevarse a cabo” concluyó un orgulloso Steiner.

Con la trilogía Akte Blanix completada, el brillo en los ojos de este atleta de lo extremo no deja lugar a dudas de que ya está trabajando en su próximo proyecto: “En algún lugar de mi interior ya se está cociendo mi próxima misión”, sonrió el austriaco.

 

 



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