10 cosas que nadie te dice de los triatlones

Antes de embarcarte en tu primer triatlón debes leer esto...
Por Ross Edgley

El año pasado, sin ninguna experiencia, decidí tirarme a la piscina (nunca mejor dicho) para nadar, montar en bici y correr. Después de que muchos se rieran de mí (y después de tragar más agua salada de lo recomendable) en noviembre fui capaz de completar un triatlón de una distancia olímpica mientras cargaba con un tronco de 45 kg con el objetivo de recaudar dinero para caridad. Durante el comienzo de las primeras duras y dolorosas sesiones de entrenamiento descubrí 10 cosas que nadie te dice de los maratones pero que deberías saber...

1. Cerca del cuarto de baño.

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Al comenzar a entrenar para un triatlón tu cuerpo empieza a hacer cosas extrañas. El corazón late con fuerza, los nervios están a flor de piel y tu vejiga no deja de preguntarse por qué acabas de beber un litro de líquido para no deshidratarte. Durante la parte en la que nadas nadie te lo dice, pero no puedes estar seguro de que solo es agua el líquido sobre el que te estás desplazando.

2. Irritación.

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El agua salada puede ser un gran enemigo para tu piel. Si no te pones vaselina en las zonas donde más te aprieta el traje de baño (sobre todo en el cuello y en los sobacos) acabarás el triatlón con mucha menos piel de la que empezaste.

3. Es muy posible que te dé un calambre.

En condiciones de calor y humedad incluso hasta los triatletas más preparados pueden sufrir calambres. Debido a la naturaleza de este deporte, los músculos de las pantorrillas siempre tendrán el peligro de sufrir un calambre. Los más severos ocurren cuando un atleta se tensa, lo que provoca que los músculos se contraigan. No esperes a que llegue el calambre sino trata de prevenirlo. Los estiramientos, la hidratación, el calentamiento con electrolitos y el milagroso plátano te ayudará.

4. Cuida tus gafas de protección.

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Pierde las gafas y perderás la carrera. No hay nada peor que echarte al mar con poca esperanza y sin saber muy bien hacia dónde vas. Comprueba la noche anterior que tus gafas están en perfecto estado, sin arañazos o muestras de deterioro. El sol, el cloro y la humedad pueden hacer que la cinta se rompa, así que no saques tus gafas del fondo del armario después de meses sin usarlas. No salgas a competir sin haber chequeado antes las gafas a conciencia.

5. No es un triatlón, es una pelea.

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A pesar de lo que cree mucha gente, los primeros 300 metros en un triatlón no se hacen nadando (es un combate de lucha libre). Los atletas acaban unos encima de otros, haciendo uso a discreción de codos y puños. Si tienes la suerte de llegar a la primera boya en una buena posición entonces deberás saber que las cosas se van a poner peor. Todo el mundo intentará girar lo más deprisa posible, así que para mantener tu posición tendrás que ser rápido (o ser un experto en las artes marciales acuáticas).

6. Te puedes perder.

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Perderse en un triatlón es más fácil de lo que piensas. Nadar en medio de un mar de cuerpos significa que la visibilidad es muy mala y si un brazo es más fuerte que el otro podrías acabar nadando en círculo. Por eso si no puedes ver bien la boya a veces es mejor ignorarla. Toma como referencia algo grande que haya en la costa, un árbol o un edificio por ejemplo. La dirección en la que nadas es vital, si lo haces bien te ahorrarás muchos metros.

7. Haz vida en sociedad.

Después de nadar te subes a la bici. Lo que más me sorprendió de esta parte del triatlón es lo sociable que es. Los triatletas hablan unos con otros sobre cualquier cosa, desde el sabor de la bebida energética a las tácticas o las mejores marcas personales. La camaradería es impresionante y es algo que no he experimentado en otros deportes.

8. Cuidado con acabar con una “pierna de goma”.

 

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No creas que vas a subir en la bici y enseguida vas a rodar a tu ritmo habitual pues tus piernas no estarán por la labor. Aprendí esto por las malas durante mi primer entrenamiento. En la natación y en la bici utilizas sobre todo la parte de abajo del cuerpo pero los músculos que trabajan son diferentes. Luego cuando quise correr casi me caigo...

Esto le ocurre a casi todos los corredores. Encima de la bici las caderas se van hacia delante y luego cuesta estirarte. Durante la natación no mueves mucho el pecho pero al correr tendrás que levantarlo. Los pies están acostumbrados a ir fijos a los pedales y es muy posible que estén entumecidos.

9. Siéntete cómodo en pleno mareo.

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Intolerancia ortostática es un complicado nombre que significa simplemente que después de la natación sentirás mareos porque tus músculos no pueden ayudar al corazón a que éste bombee la sangre (y por tanto el oxígeno) por todo el cuerpo. ¿Cómo se combate? Los expertos dicen que debes seguir moviéndote en vez de parar completamente. El mejor consejo que me dieron fue salir del agua y dar pasos cortos a buen ritmo para ayudar a que el corazón bombee sangre a mi cabeza.

10. Es una competición para comer.

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El vencedor del triatlón puede que no sea el más rápido, sino el que mejor se ha hidratado y alimentado. Lo sepa o no, el ganador será un experto en bioenergía. Así se llama al estudio de la transformación de la energía en los organismos vivos. Puede que tengas una gran capacidad pulmonar y un gran umbral de lactato (el punto en el que los músculos se “queman” y se fatigan). Pero todo esto tendrá poco valor si no has tenido una buena nutrición.

Ross Edgley es un atleta, aventurero y científico deportivo jefe en The Protein Works. Además de ser uno de los mayores expertos del mundo en fitness.

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