Otro techno flamenco era posible

Niño de Elche ha construido una sublime unión entre electrónica y flamenco con su “Raverdial”
Niño de Elche y Los Voluble - La Casa Encendida © Arturo Laso
Por David Saavedra

Desconozco los motivos, pero no han sido muy frecuentes los encuentros entre flamenco y música electrónica. El precedente más remoto que mi limitada memoria recuerda fue el ahora olvidado “Guitarra”, hit mundial (¡número 2 en las listas británicas en 1988!) del productor y DJ catalán Raúl Orellana.

En plena eclosión popular del house y el balearic, parecía increíble que a nadie se le hubiese ocurrido antes. Era como reimaginar una remezcla de “Entre dos aguas” de Paco de Lucía con bases sintéticas para la pista de baile: un pepinazo irreductible y sacrílego que sedujera a las masas e indignase a los puristas. En cierto modo, se puede decir que su testigo solo ha sido recogido por Chambao, en su también comercialmente exitosa invención del flamenquito chill out y, en menor medida, y desde otra perspectiva, por Ojos de Brujo. Hoy día, herederos de esta tendencia son Fuel Fandango, en cuyo flamante álbum han contado con la colaboración y el refrendo de Estrella Morente y, ¡ojo!, Niño de Elche. Pero, en realidad, el ejemplo más visible sería la “Macarena” de Los Del Río que, en su remezcla a cargo de The Bayside Boys vía Miami –en la cara b se incluía otra 103 BPM a cargo de Big Toxic y Fangoria - conquistó el mundo a lo bestia en 1996: número 1 en 13 países, incluido EE UU donde, atención, es el séptimo single más vendido de todos los tiempos. Considerando aquello como una excepción, el flamenquito, en España, siempre ha sido una música de calado altamente popular, al igual que la mákina. ¿Nadie más vio el filón de intentar congraciar a los oyentes de Radiolé y Máxima FM? ¿Puede ser Camela lo más cercano a esa idea?

Lejos del concepto de este tipo de productos, ha habido también algún intento que se quedó a medias y hoy se antoja como oportunidad perdida. Pienso, sobre todo, en dos temas de “Una ópera egipcia” (2010), el último álbum grabado hasta el momento por Los Planetas. Se trata de “Los poetas” –con la voz de Enrique Morente sobre un colchón de sintetizadores- y “La veleta”, actualización de una sevillana de La Niña de Los Peines en la voz de La Bien Querida. La misma vocalista, al igual que Soleá Morente, han tocado también con la punta de los dedos esa fusión. La propia Soleá ha sido una de las colaboradoras flamencas –junto a Las Negris y Tomasito- del “Nuevos Misterios” de Joe Crepúsculo, que en hitazos como “A fuego” muestra también su apertura hacia esos caminos con mucha fortuna.

Niño de Elche durante la actuación de EEA © Arturo Laso

Pero lo de Niño de Elche y Los Voluble es harina de otro costal. Francisco Contreras, el post cantaor que está revolucionando la música española y haciendo trizas todas las preconcepciones, es la cabeza visible, pero igual de fundamental es el trabajo de Pedro y Benito Jiménez, VJ y DJ con un largo bagaje multidisciplinar y activista tanto al frente del festival sevillano Zemos98 como todo tipo de proyectos. Con el acompañamiento en directo del guitarrista flamenco Raúl Cantizano y el miembro de Pony Bravo Pablo Peña, han buscado una colisión que, a nivel sonoro, podría parecer contra natura pero es todo lo contrario.

Niño de Elche y Los Voluble © Arturo Laso

Hay algo en ellos que conecta con conceptos más experimentales, como el Electroflamenco, puesto en marcha, por el madrileño Daniel Muñoz, Artomatico. Aunque, con su espectáculo RaVerdial, que presentaron en el Sónar del pasado año y que acaba de estrenarse en Madrid, dentro del festival Electrónica en Abril, Los Voluble han propiciado el encuentro entre los verdiales y las raves. Hablamos de una fiesta campesina de la provincia de Málaga, de origen milenario, y que, según este colectivo, compartiría con el mundo ravero su origen popular, su sentido comunitario y hedonista y el ritmo (marcado por el pandero en el caso del verdial). A ello añaden un mensaje con fuerte carga política y mucho humor, además de una recontextualización de carácter situacionista. Sus sorprendentes visuales muestran una narrativa cargada de intención, subversiva e iconoclasta, capaz de volarte la cabeza y los pies al mismo tiempo. Nada de lo que hayamos visto anteriormente, en realidad, tiene parangón a esta experiencia.

Tampoco es algo aislado ni se va a quedar aquí. Para la próxima edición del Sónar, Niño de Elche y Los Voluble preparan el espectáculo “En el nombre de”, sobre textos del escritor Paul B. Preciado y sobre conceptos fronterizos de territorio y género. El poliédrico Contreras ha grabado también un disco de nanas ambient junto a David Cordero (Úrsula) que publicará el sello Acuarela. Además, prepara un montaje para representar en el Reina Sofía durante el Día de los Museos, que girará en torno al derecho animalista, y ha iniciado un proyecto, esquirla, junto al grupo de post metal Toundra, con textos tomados del libro “La marcha de 150.000.000”, de Enrique Falcón. Después de eso, dice, volverá al flamenco. Todas las fronteras confluyen y todas están abiertas. Niño de Elche nos ha hecho vislumbrar que sí se puede imaginar un futuro mucho más sugestivo.

Niño de Elche y Los Voluble - La Casa Encendida © Arturo Laso

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