Presentador de competiciones de snowboard y bigotudo a tiempo parcial, Henry Jackson revela lo que piensa del mundo del snowboard, tanto de otros profesionales como de su propio espectáculo.

© Henry Jackson

Después de estar en Vail con motivo del Open de Estados Unidos, llegó el momento de lanzarme a un Mini junto al cámara favorito de todo el mundo, David Doom, para hacernos seis horas de carretera hasta el legendario pueblo de Silverton.

Habrás escuchado hablar de Silverton como el pequeño pueblo de vacaciones donde tuvo lugar el entrenamiento secreto de Shaun White hace unos años. Sin duda, es mucho más que eso. El propio pueblo fue fundado en la época de oro, plata o de lo que sea… Es igual, hace unos cuantos años. Hoy en día es uno de los mejores lugares de vacaciones del mundo. Abrió en 2002 gracias a Jen y Aaron Brill, que pusieron una telesilla y acceso por helicóptero a todo el terreno profundo que hay en la zona. Es obligatorio ir con guía y prestar atención a las marcas de nieve.

Pero Silverton no solo tiene un espectacular complejo vacacional. A 4.000 metros y unos buenos treinta minutos a coche, nos encontramos con la cabaña BonnieBelle. La llevan utilizando desde hace unos cuantos años como el lugar de pruebas de Dragon. Aquí es donde queríamos llegar; fuimos con el equipo de Dragon y los riders profesionales de Reino Unido Gabe Taylor y Will Smith.

Ahora bien, nunca antes había montado en trineo pero siempre me ha llamado mucho la atención. Es como que hay que tener mucha técnica, lleva trabajo y es como destruir la paz de los alrededores.

¡Y UNA MIERDA! El trineo mola que te cagas, jajaja. Aunque nuestro viaje (iba con Gabe) no fuera de los mejores, nos caímos como unas cinco veces y atravesamos una avalancha flipante de madera. Acabamos al borde de un barranco de unos 30 metros, ¡para haberse matado! El resto de la semana fue una pasada. Nos lo pasamos en diferentes spots, nos encontramos con nieve de la buena y haciendo un poco el tonto (espera a que te cuente lo del agujero de Jackson). La cabaña (se puede hacer una reserva privada) era una locura. Pueden dormir hasta 14 personas y tienes a tu propio guía, chef y fotógrafo con los que estar por allí.

Los chicos sabían bien lo que hacían y se encargaban de que comiéramos y estuviéramos bien todo el rato. Teníamos hasta jefes de equipo que se venían hasta los puntos más altos. El jefe del equipo Euro Dragon se cansó un poco de que los chicos no llegaran y decidió mandarles a paseo hasta el punto más alto… ¡tres veces! Un clásico. Pasamos tres días en la cabaña pero podría haberme quedado todo un mes. El paisaje que había allí era la mejor vista que puedes tener en el mundo… Creo que se ha convertido en mi lugar favorito. La verdad es que la vida allí era un poco salvaje, pero me hizo sentir bastante bien. No necesitaba ni la ducha ni los lujos que tengo en Vail.

Tuvimos el placer de ir con Gabe Taylor, uno de los miembros originales del equipo y habitante de Mammoth durante bastante tiempo. Gabe ha salido en las películas de Mack Dawg y en portadas de algunas de las mejores revistas de snow. A pesar de todo, es un tío al que le encanta todo esto y disfruta como un loco. Cogió al pequeño Will con él y le enseñó los secretos y la rápidez que se pilla en esos sitios. Es toda una leyenda… Me muero por volver a hacer snow con él, a pesar de que me hiciera con el premio al tío “con más giros en descenso”. ¡Vamos, caderitas giratorias!

El resto de días del viaje volvimos al “lugar de vacaciones” de Silverton. Es tan gueto que es increíble… gueto como algo positivo, ¡claro! El telesilla viene de Mammoth y es el único ascensor que funciona para llegar a la montaña (sin contar el helicóptero). Tienes que tener un guía para deslizarte por las montañas y, afortunadamente, el nuestro era uno de los dueños de la cabaña Skylar.

Sé que suena como si tener una montaña para ir haciendo snow por libre fuera lo mejor que te pudiera pasar en la vida pero hay que tener mucho cuidado. Esto no es un lugar donde puede llegar así sin más para ver qué tal estás, tienes que tener un orden para no desperdiciar la nieve que hay por la zona. Daba un poco de pena ver toda esa cantidad de terreno y que te dijeran que no pudieras tirarte por donde te diera la gana. De todos modos, lo entiendo, pero después de la libertad que se vive en Europa… pues daba un poco de rabia.

El mejor momento del día llegó con el helicóptero. Levantaba todo el terreno mientras a mí se me caía la baba con tan solo pensar que me iba a tirar desde lo alto de “el grande” o cualquier de las demás caídas espectaculares. El helicóptero nos recogió y Doom y yo estábamos como colegialas, no podíamos parar de reír en cuanto despegábamos. El piloto, Leggy, nos había prometido hacer algún que otro truquillo, o eso dijo cuando le emborrachamos la noche anterior con ron en el bar. El viento soplaba fuerte y al final no pudo hacer nada más que dejarnos arriba. El viaje en helicóptero fue la hostia, pero la bajada fue una mierda. Por el precio que te cuesta que te deje el helicóptero arriba todo lo que te dejan hacer es ir por la parte más tranquila. Para ir a lo que de verdad mola tienes que soltar más pasta o pillarte el helicóptero para todo el día. Es una pena pero bueno, entendí lo que había. Ojalá hubiéramos ido por las demás zonas…

A lo mejor parezco un poco negativo con todo esto, pero no es mi intención, tuvimos un día de locos. El sitio está de lujo, a pesar del tío ese que te recoge al final de la carrera y te deja de nuevo en el telesilla… Menudo mamón, volvería para partirle la cara. Para ser sincero, creo que nos malacostumbramos a todo ese terreno europeo… Esas zonas, en EE. UU., solo son accesible si sueltas unos cuantos billetitos…

Todo en Silverton estuvo genial. El pueblo es una antigua colonia donde había minas y la gente de por allí son más… europeos. El bar (The Montana, mi nuevo bar favorito, ¡bebidas increíbles!) abría hasta tarde (llegamos a beber 6 cervezas cada uno después de dar el toque de cierre), las montañas eran impresionantes y todos eran majísimos, incluso los borrachos del pueblo que a las 10 de la mañana querían que Doom les grabara. ¡Se asustó y se piró! Jajaja.

Hasta conocimos a un alemán que había subido el coche. Disfrutaba tanto de la nieve de Silverton que estaba pensando en quedarse… ¡para siempre!

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Doom... un minero vagabundo© Henry Jackson
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Zona de trineo libre© Henry Jackson
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Cagadero en mitad de la montaña© Henry Jackson
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El jefe del equipo...© Henry Jackson