Jirón de la Unión

Los aficionados a la política y al snowboard no tienen mucho en común, pero hay algo que los une…
El presidente, camino de Alaska © Getty Images
Por Tyler Davis

El día de las elecciones es el mejor, sin lugar a dudas. El 6 de noviembre, en todos los rincones de Estados Unidos la gente saldrá de la cama, irá a su colegio electoral local, y elegirá al próximo líder de los Estados Unidos de América. Llevarán puesta su bufanda, roja o azul, y sus pins de Obama o de Romney; gritarán a los ignorantes de sus vecinos, que saben que han votado al contrario, y volverán a casa satisfechos, porque están seguros de que su favorito va a ganar. Hoy las noticias de la radio apenas hablan de las elecciones, y los eslóganes políticos ya no abarrotan los jardines, así que he podido hacer mi camino al trabajo con una sola idea en la cabeza. ¿Qué candidato sería mejor para el snowboard? Sin pensar en el aumento de la deuda nacional, y dejando a un lado en el problema de la inmigración y de la crisis económica, la verdadera cuestión es cuál de ellos favorecería el deporte del snowboard. Después de valorar cuidadosamente ambas posibilidades durante toda la mañana, os presento las razones por las que los snowboarders deberían votar por Mitt Romney y Paul Ryan.

El arma elegida por Mitt Romney © Getty Images

Todos sabemos que el snowboard trata de las cosas buenas de la vida. Viajes en helicóptero a Alaska, miles de dólares en ropa de abrigo y equipamiento de vanguardia, esa es la esencia del snowboard. Mitt Romney no tendría ningún problema con eso. Con unos ingresos anuales de unos 14 millones de dólares, Romney podría comprar una enorme porción del impoluto paisaje de Alaska. No sé vosotros, pero la excursión de mis sueños en helicóptero comenzaría cada mañana persiguiendo millonarios en los primeros descensos, y terminaría almorzando junto a campos petroleros y oleoductos. No hay que preocuparse por el impacto en el paisaje, las torres de perforación se integrarán perfectamente con el paisaje natural. Y tened en cuenta que cuando el calentamiento global haga que las estaciones de todo el país tengan que cerrar, ¡él podrá invertir en un montón de estaciones artificiales! Ya no tendremos que pasar las vacaciones de invierno en estaciones clásicas como Mont Baker, Mammoth o Snowbird. ¿Para qué pasar el tiempo al aire libre, en la naturaleza, cuando puedes hacer todas las bajadas que quieras y al mismo tiempo disfrutar de la comodidad de un recinto bien resguardado?

Pero Romney podría suponer otro gran cambio para el snowboard; podría usar las influencias de su alta clase social para convencer a los propietarios de Deer Valley y que abrieran sus puertas para nosotros, los cavernícolas. Imaginad viajar a Utah y por fin poder pasar de largo frente a todas esas estaciones de ""clase media"", como The Canyons y Park City. Mientras que el otro 47 por ciento tiene que pasar sus días haciendo cola en abarrotados remontes y descendiendo pistas heladas, vosotros podréis surcar las pistas de nieve impoluta, mientras discutís vuestra próxima inversión en el extranjero. Otro factor positivo sería que el número de practicantes de snowboard en los Estados Unidos aumentaría drásticamente. Puesto que se acabaría la paternidad planificada, habrá un montón de niños luchando por convertirse en la próxima sensación, y un poco de competencia sana no hace daño a nadie.

Por supuesto, no nos podemos olvidar del colega de Romney, Paul Ryan, a quien la ropa de snowboard le sentaría mucho mejor que a Joe Biden. Y todos estamos de acuerdo, estar guapos en las pistas es mucho más importante que saber hacer snowboard realmente.

A la mañana siguiente sonreí cuando me enteré de que Barack Obama había derrotado a Mitt Romney. Me centré en dos cosas esa mañana. Las elecciones por fin habían terminado, y el snowboard seguía siendo increíble. Sabía que la gente seguía viendo vídeos de snowboard, que las tablas se seguían encerando, y que los methods siempre serían eternos. Después de meses sin practicar, estaba deseando atarme las botas y subir a la montaña.

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