Un viaje a Chile con el equipo Nike (última parte)

El jefe de equipo Jonathan Weaver nos cuenta su viaje a Chile con Kass, Ruef y Mueller (3ª parte).
Nike Chile Gigi Ruef Drop © Jonathan Weaver
Por Jonathan Weaver

A lo largo de sus carreras, Gigi y Nicolas se han asegurado de que nada se interponga entre ellos y el snowboard. Gigi presta mucha atención y toma nota de todo, desde las opiniones sobre los productos a los nombres de los cámaras. Probablemente gracias a su atención a los detalles, consigue que su snowboard sea tan preciso y variado al mismo tiempo.

Nicolas, por otro lado, es más bien un espíritu libre, y responde a casi todo con un “uhm, sí, no suena mal”. Siempre procura mantener su vida lo más simple posible, para concentrarse en lo que realmente importa. Por ejemplo, para evitar distracciones, Nicolas se ha deshecho de su teléfono móvil. “En realidad, no me hacía falta. Cuando llamé a Swisscom para darme de baja, no se podían creer que no necesitara un teléfono; me preguntaban cuál era el problema, si habían hecho algo mal, si necesitaba más minutos o algo, pero les dije que simplemente ya no me hacía falta. Me dijeron que era la primera persona que les había dicho nunca algo así”. Supongo que esa es la forma de pensar de Nico. Céntrate en lo que importa, y el resto vendrá después. Me imagino que a él le funciona. Aunque ahora sea una pesadilla intentar contactar con él. Pero es Nicolas Muller, así que no hay mucho más que decir…

Esa noche volvimos al hotel cansados, helados y listos para dormir toda la noche; además, siendo Chile, esperando disfrutar de una comida y un vino espectaculares. Todas las noches teníamos la suerte de degustar las mejores carnes, pescados y vinos de la región, que parecían seguir saliendo de la nada una y otra vez.

Otra obra maestra de Nicolas © Jonathan Weaver

El día siguiente nos lo tomamos de descanso. Las 12 horas de coche y snowboard acabaron pasando factura, y nos preparamos para conducir hasta Valle Nevado. Por el camino paramos en un centro comercial solo para material deportivo, de escalada a montañismo, fútbol, y un montón de cosas de snowboard y skate. Hasta tenía un skatepark increíble, y una máquina de olas, y aunque estábamos en pleno invierno, algunos insensatos estaban ahí dándolo todo.

Después de familiarizarnos con las tiendas locales, subimos a la montaña; bueno, más bien a la alta montaña. Había oído rumores sobre el camino de Andy Wright, pero decidí ignorarlos y me comí una hamburguesa grasienta justo antes de salir. En esto también se parece a Innsbruck, cuando conduces hasta Kaunertal. Crees que vas a tardar una hora, pero son más bien dos, y te mareas. El camino hasta Valle Nevado tenía unas 42 horquillas, que supongo que no están mal si las haces en coche, pero si vas en la parte de atrás de un mini bus con la barriga llena de comida grasienta, no es tan fácil. Cuando llegamos a la curva 30, paramos para que Gigi grabara el paisaje con una 8mm, y yo aproveché para vomitar a un lado de la carretera.

Al día siguiente, cuando llegamos a Valle Nevado, me recordó un poco a Avoriaz, supongo que por los edificios que hay en la estación, excepto que en este caso el acceso no es tan fácil; la estación está a 3000m de altura, y la única carretera era esa tan serpenteante por la que acabábamos de subir. El hecho de que hayan construido una estación ahí te deja boquiabierto, pero así es, y ahí íbamos nosotros.

A la mañana siguiente amanecimos frescos, relajados, y con un par de kilos más después de otra gran comilona. Por suerte, solo tuvimos que recorrer cinco minutos hasta nuestro spot, a bordo de dos helicópteros que proporcionados por nuestros anfitriones. Después de la reunión de seguridad (una de verdad, con un piloto auténtico y todo eso, no como la que haces en el Aeroski de Tignes para volver a casa), estábamos listos para salir.

El héroe local Manuel Díaz se relaja un poco © Jonathan Weaver

Mientras sobrevolábamos la primera zona de la que nos había hablado el guía, en lo que parecía sacado de una película de Travis Rice, miré por la ventanilla y vi a Gigi marcando una línea. Aunque nunca había estado aquí, parecía que iba más allá, parecido a Sebastian Vettel cuando hace una vuelta de prueba. En Mach Ten, y con un control absoluto. A mí me parecía perfecto, pero al llegar abajo, los chicos estaban listos para ir a una zona nueva. Cruzamos unos tres valles con el helicóptero, algo que en remonte te costaría todo el día, pero que nosotros hicimos en un par de minutos. Yo iba en el último, junto con Danny Kass, que a pesar de ser uno de los iconos del snowboard, estaba impresionado con los saltos de Nico y Gigi desde el helicóptero. Pasamos por encima de un pico, en realidad un pico afilado como una navaja, y nos quedamos planeando sobre él. El experimentado piloto con una gran pegatina de Jack Daniels en la parte trasera del casco gritó “¡Es aquí! ¡Fuera!”, así que Danny cogió sus cosas y salió antes de que se apagaran las aspas. El piloto se volvió y me preguntó por qué no saltaba, pero siendo el jefe de equipo profesional, no quería estropearles el día a todos pegándomela a lo grande, así que asumí el papel de fotógrafo. ¡Al menos, eso es lo que me he estado diciendo a mí mismo desde entonces!

Danny estaba en posición, pero como habíamos estado hablando en el helicóptero, no sabía muy bien cuál iba a ser su línea. Sin embargo, cayó en la que probablemente sería la mejor nieve del viaje, en una cara protegida con una buena capa de nieve en la cima, que formaba un embudo hasta un conducto espectacular, y que él atravesó rociando polvo como si fuera el día de apertura de Mammoth. Danny es uno de esos tipos que parece caer siempre de pie, y aquí tuvo la suerte de caer en una de las mejores líneas del viaje. No importa con quién esté hablando, ya sea el piloto del helicóptero o el camarero de un bar, o incluso un jefe de equipo, sabe exactamente qué decir para hacer reír a todo el mundo y que se sientan a gusto. Es increíble, cuando viajas con él, sin importar dónde esté, siempre hay alguien a quien conoce y que viene a encontrarse con él.

Nicolas y Gigi estaban listos para salir, miré hacia arriba, y vi a Nico, que solo había sobrevolado la zona una vez, saltar, hacer un par de giros, después su Backside 180 Butter y un Backside 3 sobre una roca, seguido de un gran Heelside Slash Back. Siguió bajando, e hizo un enrome Backside Shifty sobre otro salto que parecía pequeño, pero consiguió clavar un buen 30 Foot, y después su Method característico, que remató con un Frontside 180 Butter (característico suyo también). Todo eso en una sola tanda, y encontró todos esos spots a la primera sobre nieve en polvo. La habilidad de descender algo nuevo nunca dejará de sorprenderme, porque hasta que no lo has intentado y has acabado hincando cantos en el take off, y aterrizando del revés para deleite de tus compañeros, no se pone más fácil.

¿Danny Kass grabando? © Jonathan Weaver

Después, Gigi hizo su línea, probablemente en el quinto spot del día, como alma que lleva el diablo. Se abalanzó en una línea por lo que parecía buena nieve, pero entró en un campo de rocas, con piedras a pocos centímetros por debajo de la superficie, y cayó dando vueltas durante unos 20 metros, demostrando que incluso las leyendas son mortales. Bajó hasta nosotros, afortunadamente sin un rasguño, y se sentó solo durante un rato, reflexionando en los pros y contras de su última línea. Seguramente, dado que ya no es ese chico alocado de 17 años, sino padre de dos hijos, tiene que pensar en ellos y en sí mismo antes de hacer lo que más le apasiona.

En la parte de abajo, donde habíamos acampado, nos visitaron nuestros fantásticos anfitriones y el guía del helicóptero con otro enorme almuerzo que habían preparado para nosotros, y nos lo tomamos sobre la ahora tan apreciada tabla Slash de Gigi. Comimos bien, y abrimos un par de botellas de vino tinto local. Un buen final para una gran día, seguro y lleno de éxitos. Según el reloj, eran solo las 2.30pm, pero así es un buen día con estos chicos. El primer día hicimos dos zonas, con cinco o seis tandas cada uno, y el segundo día hicimos cinco líneas cada uno, lo que hace un total de unas 15 tandas por persona. Unos tipos bastante constantes. Afortunadamente para los riders, esa noche no tuvieron que hacer esas 42 curvas de vuelta a Santiago, sino que volvieron en helicóptero, directamente al hotel, de modo que estuvieron en casa en siete minutos. El equipo de grabación y yo bajamos un par de horas más tarde, como buenas bestias de carga (o simplemente tontos).

Nico Mueller marcando su línea © Jonathan Weaver

Aunque solo ha sido un viaje de cinco días, en el que solo hemos hecho dos días de snowboard, ha sido una experiencia increíble, y realmente reveladora de una parte del mundo que siempre había querido visitar. Me ha impresionado mucho el paisaje, y que hacer snowboard en verano puede ser mucho más que ir a los snowparks de Nueva Zelanda, o a algún park medio derretido de Europa. También me ha hecho darme cuenta del nivel que tiene la gente como Nicolas y Gigi, y de que no necesitan tandas de entrenamiento ni calentamientos, sino que van directamente al grano. Si esto ha sido en solo dos días, al escuchar que van a hacer una película el año que viene, me muero de ganas por ver qué son capaces de hacer en una temporada completa.

Y típico de Danny, dejó dos tablas, un par de botas y su ropa de abrigo en el lobby del hotel. No se le olvidaron, sino que pensó que a algunos de los locales les gustarían. Así es Danny, quiere dejar huella en todo el mundo. Es gracioso que, de todas las personas que he conocido en el mundo del snowboard, los mejores, es decir, lo mejor de lo mejor, Pat Moore, Danny Kass, Scotty Lago, Danny Davis, Andreas Wiig, Halldor... son tipos que nunca se olvidan de dónde proceden, y siempre tienen tiempo para los niños, no tienen actitudes raras. Saben de quién viven en última instancia, quién compra sus productos, y son tipos que son tan buenos fuera de la nieve que es increíble.

Así que bueno, Danny regaló sus cosas, y un par de meses después recibo una llamada: “Hola Jon, quiero ir a hacer snowboard, y no sé por qué, no tengo ningún material… ¿Me puedes enviar algo? Ahora mismo estoy yendo con una chaqueta vieja que he encontrado, y una tabla de hace unos cuantos años. ¡¡Ah, y pegatinas!!”. Así es Danny…

(fin)

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