Nadine Wallner y los peligros del Quitaraju

La aventura de la freeskier por Perú continúa. ¿Qué nos contará esta vez en su carta?
Nadine Wallner con una amiga en Perú
La próxima aventura nos espera © Andreas Vigl
Por Thomas Wernhart

¡Hola chicos!,

Nuestra segunda misión en Perú fue toda una aventura y no sabéis lo que nos alegramos de que volviéramos sanos y salvos.

El destino de la segunda excursión por nuestra aventura sudamericana eran los 6.036 m. de altura del Quitaraju. La ruta se vio salpicada de incidentes divertidos y tensos.

Nos metimos en un coche que iba cargado hasta los topes de maletas y comenzamos el viaje durante una hora y media, momento en el que paramos para tomar el primer descanso y en el que tuvimos nuestra primera sorpresa: el coche no arrancaba y nos vimos obligados a empujarlo carretera abajo para que volviera a funcionar. Por suerte, volvió a la vida y nos alegramos de que la aventura no terminara antes de empezar. Eso sí, ¡no volvimos a parar para hacer pis en todo el camino!

Diversión en el bar del pueblo

El viaje siguió su curso y llegamos a Cashapampa, a 2.900 m. de altitud sobre el nivel del mar, para conocer mejor las costumbres y el estilo de vida peruano. Allí, los conductores de burros nos hicieron esperar horas y horas. Menos mal que había algo de ambiente en el pueblo y disfrutamos con las escenas que presenciamos en el bar de la localidad. Los lugareños se arremolinaban en torno a él y, después de vacilar un poco, nuestro cocinero William se unió a ellos.

No pudimos ayudar pero nos reímos aún cuando estábamos cansados de esperar. El estilo de vida de aquí parece ser tomárselo todo con calma.

Era mediodía y el valle de Santa Cruz nos recordó por qué estábamos allí. La garganta gigante con sus caras de roca alta se parecen a la Garganta del Verdon del sudeste de Francia. Tan pronto como el valle comienza a abrirse puedes ver los enormes glaciares y las montañas cubiertas de nieve. Disfrutamos tanto de la caminata de seis horas entre el paisaje que ni notamos el cansancio.

Por culpa de haber empezado más tarde de lo previsto, nos vimos obligados a acampar antes de llegar al campamento base a 4.440 m. Pero no hubo ningún problema, dejamos que la calma peruana marcara el ritmo.

Llegamos al campamento base sin incidentes y empezamos a prepararnos para la escalada y el gran desafío. Nos teníamos que llevar todo: tiendas de campaña, sacos de dormir, colchonetas, piolets, crampones y la comida. Delante de nosotros teníamos 1.200 m. en vertical acompañados de morrenas, nieve y un glaciar.

Una ruta peligrosa hasta el high camp y la decisión final

Mientras escalamos hasta el campamento a 5.500 m. del nivel del mar echamos un vistazo la Laguna Arhueycocha, que brilla en azul y verde y ejerce de perfecto contraste con los gigantes nevados de más arriba. Era tarde y tuvimos que aumentar el ritmo porque el calor de la luz solar aumento el peligro en la montaña.

Ya en el glaciar, intentamos pasar el puente rápidamente y con ligereza por encima de amenazantes grietas. Podíamos escuchar las avalanchas de hielo y cómo los serac caían a la laguna justo después de pasar, algo que daba hasta escalofríos.

Después de tres horas y media de escalada bastante rápida, llegamos al high camp y nos vimos premiados con unas espectaculares vistas de Alpamayo, una de las montañas más bonitas del mundo. La puesta de sol ponía la situación un poco más cursi y disfrutamos de ese exclusivo momento imborrable. No hay palabras para describir lo que sentí, hay que vivirlo en directo.

Freeski en Perú con Nadine Wallner: puesta de sol
Puesta de sol en el High Camp de Alpamayo © Andreas Vigl

Debido a nuestra tardía llegada no tuvimos tiempo de echar una ojeada a la cara que queríamos ripar el día siguiente. Lo hicimos por la mañana temprano y el resultado fue muy preocupante: los últimos 50 m. de la subida estaban cubiertos por nieve fresca y en lo alto había un gran montón de nieve.

Estuvimos todo el día debatiendo sobre todas las opciones posibles y la mejor línea para hacerlo, pero tras muchas horas llegamos a una conclusión conjunta (más o menos): ¡Cancelábamos la misión! La última parte de la subida parecía demasiado peligrosa y como digo yo: es mejor abortar de vez en cuando que no abortar y no tener la posibilidad de hacerlo nunca más.

Freeski en Perú con Nadine Wallner: noche preciosa
Soñando en la cima © Andreas Vigl

Al día siguiente desmontamos las tiendas y empezamos a descender. La espesa niebla apoyaba nuestra decisión, pero hizo la bajada más peligrosa. Después del vertiginoso descenso estábamos muy felices de volver a tierra firme.

Como conclusión, puedo decir que la vida en un high camp a 5.550 m. de altura es muy diferente y no debe tomarse a la ligera. A veces es necesario dar un pasito atrás para dar dos más hacia adelante. En unos pocos días sabrás más de nuestro viaje. ¡Hasta luego!

Nos vemos,
Nadine

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