© Krystle Wright

Cuando uno piensa en una expedición, las ideas pronto acaban girando en torno a lugares lejanos y exóticos. Para el equipo francés de abordo, el Mediterráneo está a tiro de piedra de su hogar. Para mí, el Mediterráneo es un lugar exótico y lejano puesto que soy originaria de Australia.

Nuestra intención con esta expedición era redescubrir lugares locales ocultos puesto que el Mediterráneo ofrece spots de escalada, snorkel y buceo de clase mundial. ¿Y qué mejor manera que navegar en catamarán para descubrirlos? La idea era buena pero, ¿hablo francés? ¡Para nada! Pero conozco los rudimentos mínimos para pedir cerveza y pan así que no pensé que tendría muchos problemas.

Tomamos la mar en Cannes y pusimos rumbo a Córcega. El viento era excepcional y a veces hasta me preguntaba : “¿Se puede decir que esto sea una expedición?” a medida que el Mediterráneo nos daba la bienvenida con calor y vientos ligeros.

De hecho, ese es un estereotipo que hay que saber hacer pedazos puesto que no siempre hace falta tener mal tiempo para vivir una buena aventura. Debo reconocer que no me quejo porque ya me he enfrentado a vientos huracanados, a lluvias torrenciales y a nubes de mosquitos siberianos, entre otras muchas cosas.

A medida que íbamos haciendo buenas migas con los locales de Córcega fuimos descubriendo spots locales secretos, reservados a unos pocos, que ofrecían unas posibilidades excepcionales para el buceo. La claridad del agua era tal que una tenía la impresión de estar nadando en un acuario repleto de meros enormes que te estudiaban con curiosidad.

Dicen que las aventuras empiezan cuando las cosas dejan de salir como se tenían previsto. De hecho, es verdad que yo no tenía previsto tener que ir al dentista en Córcega. Afortunadamente pudimos hacer una escala de emergencia en Bonifacio para descubrir que el intenso dolor que sufría era debido a un trozo de diente que se me había hincado en la encía.

¿Cómo ocurrió? No tengo ni idea. Una vez un periodista me dijo que era “demasiado dura como para salir conmigo” después de considerar mi historial de experiencias en un hospital militar pakistaní tras un accidente de parapente o mi visita a un dentista chino tras romperme las paletas en una caída de mountain bike.

Llegamos a Cerdeña hace un par de días y nuestro primer destino de escalada ha sido Capo Testa. Ese cabo parece una luna… con el añadido de un puñado de hippies italianos que gustan pasearse sin pantalones. Aparte de esos personajes poco comunes que nos miran desde la apertura de sus tiendas de campaña, colgados a muchos metros de altura, sobre el acantilado, el lugar ofrece un terreno único para practicar búlder y escalada de roca. Uno podría pasar un mes entero allí y todavía tener mucho terreno de escalada por descubrir.

La roca cambia radicalmente, algunas rocas son tan afiladas que hasta andando encima acabo con la piel magullada en pies, manos y piernas. Otros búlders exigen mucha fuerza en las manos a medida que la roca se va suavizando. ¡Aquello es todo un paraíso del búlder y, sin duda alguna, un destino al que volveré tarde o temprano!

El viaje continúa y la próxima etapa la haremos en la costa este de Cerdeña. ¡No te pierdas el resto de nuestras aventuras!

 

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Trabajando duro.© Krystle Wright
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Buceando en el Mediterráneo.© Krystle Wright