El mayor salto de BASE de la historia

Patrick Kerber establece un nuevo récord de BASE de altitud-distancia saltando desde el Jungfrau.
© Patrick Kerber
Por Tarquin Cooper

El BASE jumper y piloto de wingsuit, Patrick Kerber, lleva más de diez años volando. He aquí un recorrido por el perfil más personal del salto favorito de su carrera.

El salto siempre ha estado en el punto de mira. Todos los BASE jumpers que han viajado a Lauterbrunnen, uno de los lugares más populares del mundo para la práctica del BASE jumping, han mirado soñadores hacia este pico.

Es probablemente el mayor salto de BASE del mundo. Eso supone la mayor altitud volable, es decir la mayor distancia entre el punto de salida y el de aterrizaje: 3.240m. Hoy por hoy no he visto ni oído hablar de nadie que haya recorrido una distancia mayor. El récord anterior lo tenía un grupo de jumpers franceses que abrieron una nueva vía tras un acercamiento largo y difícil en el macizo del Mt Blanc, en Francia. Fue una aventura simplemente increíble y puedes descubrirla en el vínculo de debajo.
 

Cuando empecé a practicar BASE jumping, mi amigo y yo solíamos saltar mucho con GPS. Rápidamente aprendimos a medir con los mapas topográficos todos los datos importantes. En aquél entonces tan sólo un puñado de jumpers eran capaces de hacerlo. Entonces empezamos a calcular cuáles eran todos los spots posibles, o imposibles, de las montañas suizas. Pero las leyes de la gravedad no nos dejaron ir más allá. Los wingsuits de la época no alcanzaban gran velocidad tras la salida. El principio de cada salto era una caída libre seguida de un momento de transición antes de empezar a volar.

Las mejoras de los nuevos trajes fueron increíbles. Al estudiar los datos una y otra vez me di cuenta de que el perfil de los despegues había cambiado. Los wingsuits permitían empezar a volar más pronto. Se consiguió gracias a que el traje se llenaba con más aire y a que cada vez había más y más superficie en el wingsuit en cuestión. Hoy, la tecnología ha alcanzado semejante nivel de perfeccionamiento que saltos que antes eran imposibles se han vuelto practicables. Pero abrir un spot nuevo siempre conlleva su dosis de peligro.

Yo tenía dudas con respecto a las posibilidades de ese vuelo. El muro de salida no es muy vertical. Es más bien un muro positivo que adopta un ángulo abrupto. El punto de rock drop (el lugar que golpea primero una piedra que se tira desde la plataforma de salto) está a unos 138 metros. Medí la distancia con un láser así que tenía la certidumbre de cuál era la altura total del muro. Comparé la cifra con todos los vuelos de prueba que había hecho esta misma temporada, con GPS, desde plataformas muy expuestas. El análisis demostró que el salto era posible, en teoría. Muy expuesto, pero posible. El único problema era que no estaba seguro al 100% de cómo se hincharía el traje en el aire tan ligero que hay a esa altitud.
 

La vista por debajo del wingsuit. © Patrick Kerber

El viento soplaba muy fuerte en la plataforma de salida. Tras cinco horas de escalada entre hielo y nieve para llegar a la cima del Jungfrau, descubrí que había vientos muy fuertes que soplaban y tuve que esperar dos horas más antes de poder saltar (eso tras hacer un rappel de 30 metros con una cuerda que sólo estaba asegurada en la nieve). Tras bajar pude ver que el viento solo soplaba en el muro superior. Decidí que iba a intentar el salto. Llegó el gran momento y pude demostrarme que todos los cálculos, entrenamientos y sueños habían valido la pena.

Sentí el efecto del viento inmediatamente. Es por esa razón que, en las imágenes de la cámara trasera, se ve como un empujón a un lado del traje cuando salto. La bueno es que el viento me alejó del muro al instante. Para poder hacer frente a momentos como este me he entrenado mucho este año saltando con vientos más fuertes. Una vez que estaba volando me dí cuenta de lo que acababa de hacer y el resto del vuelo fue puro placer. En cuanto salté supe que todo iba a ir bien.

Mi mayor reto durante el vuelo fue gestionar esa caída libre que duró tanto tiempo. Tenía que volar en libre durante dos minutos para hacer el salto completo. Por lo tanto volé tan rápido como pude. Aterricé en el valle de Lauterbrunnen, justo al lado de casa, donde había empezado todo este sueño.
 

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