Experto: los trucos de Will Gadd en competición

¿Qué hace falta para competir en escalada sobre hielo? Will Gadd nos cuenta sus mejores secretos.
Will Gadd: misión cumplida © Ben Herndon
Por Hilary Oliver

El Bozeman Ice Festival de diciembre reúne a los mejores escaladores del mundo. Algunos de ellos viajan desde Japón a Eslovenia para acudir a la cita de Bozeman, Montana. El objetivo es competir en un muro artificial de los North American Mixed Climbing Championships.

Construída con un andamio de madera y plástico y con presas de escalada atornilladas, la torre imita condiciones de escalada mixtas en las que los escaladores usan piolets y crampones para ascender vías de roca y hielo.

Una sección del recorrido es de hielo puro y la parte final tiene un desplome horizontal, entre dos torres, y sin apoyo alguno para los pies. Tan sólo tres de los competidores masculinos consiguieron pasar el desplome para alcanzar la plataforma final sin caerse.

Los movimientos fuertes y controlados de Will Gadd demostraron sus décadas de experiencia y el gentío estalló de júbilo cuando consiguió subir a la plataforma de meta, acabando segundo por detrás del esloveno Janez Svolijaak. Gadd nos describe así las técnicas y la fuerza mental que le llevaron hasta el final:
 

1- La escalada es algo mental primero y físico después. Ahí es donde mi mente, y no la vía, suele ser el principal problema. Mi mayor miedo al hacer escalada de competición es caerme pronto y no poder escalar a la altura de mi potencial. Me concentro en mantener las puntas de mi equipo de hielo exactamente perpendiculares a las presas y en mantener la dirección de empuje en todo momento.

2- Ahí es donde me puedo relajar un poco. El panel de hielo es agradable, con buenas presas profundas. Además, escalo tanto hielo en mi vida diaria que no hay manera de que me caiga en esa sección. Pero el desplome me espera encima.

3- Las cosas se ponen serias. Sé, por las reacciones del público, que otros competidores tienen problemas con esa parte, aunque yo no la haya visto en persona porque estaba aislado, en espera de mi turno. He hecho montones de gestos muy similares en situaciones muy similares así que me siento a gusto. De ahí en adelante, empieza la « cuenta atrás muscular ». La vía es tan vertical que la mayor parte del peso de mi cuerpo lo aguantan las manos y los movimientos se vuelven muy difíciles. Sin opciones posibles para descansar, tengo que seguir adelante, esperando llegar a la meta antes de que se haga trizas el aguante de mis antebrazos.
 

4- Si compito bien, hay un punto en el que dejo de preocuparme de la gente y del riesgo de caerme. Todo eso se desvanece y empiezo a escalar de verdad. No hay dudas, no hay miedo, solo una entrega pura de todo lo que tengo. A medida que iba llegando al extraño desplome, empezaba el reto mental. Ya no había paradas posibles, todo quedaba atrás, era hora de darlo todo.

5- Era tentador acabar esa sección cuanto antes. Me quemaban los antebrazos y por esa razón un movimiento precipitado podía suponer acabar por los aires. Aquí, hice una figura cuatro, una especie de pretzel humano que suele salir bien cuando no tienes presas buenas para los pies. Es muy cansino pero puede ser muy eficiente para resolver rápidamente los problemas de una sección difícil antes de quedarse sin fuerzas.

6- ¡Ya estamos casi! Puedo oír los vítores del público y sé que en cuanto coloque los pies en el muro habré hecho lo más difícil. Estoy quemado, las presas son traicioneras y todo se convierte en un juego de control de la mente y del cuerpo.

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