Exploradores de volcanes

Un grupo de vulcanólogos aficionados visita uno de los volcanes más grandes del mundo.
La lava emite una luz fantasmal de noche © Olivier Grundewald
Por Dominique Granger

Marc Caillet forma parte de un grupo de vulcanólogos aficionados de la Volcanologic Society de Ginebra que ha realizado múltiples viajes a uno de los volcanes más grandes del planeta, y que se encuentra en uno de los países más volátiles de África.

El Nyiragongo es un pintoresco volcán de 3.470m de altura que se encuentra en la república Democrática del Congo, y es el volcán más activo de la región.

Estaba dentro de un traje muy pesado a apenas un metro de distancia de un caldero de lava hirviendo de 240m de ancho. Fue un sueño hecho realidad.

El lago de lava visto desde arriba © Olivier Grundewald

Este volcán no se ha hecho famoso por sus erupciones espectaculares al estilo de otros estratovolcanes más famosos como el Mt St Helens o el Vesubio, pero no por ello deja de ser letal, provocando la muerte de varias personas en 1977 y destruyendo gran parte de la ciudad de Goma en 2002. Su lago de lava, que se encuentra a 400m en el interior del cráter, es el mayor del mundo.

Bajando al cráter © Olivier Grundewald

Caillet se convirtió en el primer ser humano que consigue llegar al borde del mayor lago de lava del mundo, a unos 400m en el interior del cráter de uno de los principales volcanes de África: el Nyiragongo.

Un grupo de científicos y aficionados realizaron cuatro expediciones entre 2003 y 2009 antes de poder llegar a la orilla del lago de lava en 2010, acompañados por el fotógrafo Olivier Grundewald.
 

Incluso lejos del borde, la lava sigue hirviendo © Olivier Grundewald

“Nuestro objetivo durante mucho tiempo era alcanzar la base del cráter,” admite Caillet.

Habíamos intentando bajar hasta allí durante muchos años, tan cerca del lago de lava como fuera posible, así que cuando finamente lo conseguimos fue una sensación increíble, verdaderamente extraordinaria.

“Estaba dentro de un traje muy pesado a apenas un metro de distancia de un caldero de lava hirviendo de 240m de ancho. Fue un sueño hecho realidad, y fue fantástico.”
 

La gente da una perspectiva del tamaño del lago © Olivier Grundewald

Pero llegar hasta allí no fue tan fácil: la cima de ese cráter de 1.000m de ancho se encuentra por encima de los 3.000m de altura. Una vez llegada a la cima, la expedición tuvo que descender por el interior del cráter, durante unos 300m verticales hasta el campo base; y luego 100m más hasta llegar abajo del todo.

Estábamos todos un poco asustados… si se hubiese roto la pared, la lava hubiese invadido toda la zona donde nos encontrábamos, y no teníamos ninguna manera de salir rápidamente de allí.

Una campamento base muy caliente © Olivier Grundewald

“Como el lago de lava es más pequeño que el cráter, la lava se encuentra en una especie de cono que se encuentra en el centro,” recuerda Caillet.

Tuvimos que subir gateando hasta la pared del lago, enfundados en nuestros trajes pesados, para llegar al borde del magma y poder contemplar las vistas.

“Los bordes de este cono se encontraban a unos 10-12m por encima nuestro cuando nos encontrábamos abajo, así que no podíamos ver nada por culpa del humo. En ese momento todos estábamos un poco asustados… si se hubiese roto la pared, la lava hubiese invadido toda la zona donde nos encontrábamos, y no teníamos ninguna manera de salir rápidamente de allí.

Una vista muy caliente © Olivier Grundewald

Las vistas son increíbles. Cuando te encuentras abajo del todo hay una atmósfera increíble. Pasamos varias horas allí, y de noche las paredes resplandecían a causa de la lava.

A veces incluso podíamos contemplar la inmensidad del cielo africano a través del humo que salía del lago. No necesitabas ninguna linterna: toda la zona está completamente iluminada.

Subimos por la noche para regresar a nuestro campo base y todo estaba rojo… era surrealista y extraordinario. El simple hecho de hablar de ello hace que me entren ganas de volver allí una séptima vez.
 

Lo más parecido a estar en el sol © Olivier Grundewald

¿Volverán? Eso depende de la situación política, pues a causa de la misma actualmente el parque está cerrado. Pero tan pronto como vuelva a abrir, puedes estar seguro de que Caillet y sus amigos de la Volcanologic Society de Ginebra regresarán a las laderas del Nyiragongo una vez más.

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