250 km en pleno desierto en América del Sur

¿Te imaginas lo que puede ser correr 250 km en el desierto? Estas fotos te dan una dolorosa idea.
Por Jon Williams

¿Qué puede hacer que un tipo se inflija la tortura de correr 250 kilómetros en pleno desierto? Es una pregunta que los 200 participantes del Atacama Crossing tienen mucho tiempo de plantearse.

Y puede que la respuesta esté en la felicidad indescriptible que se siente tras tanto esfuerzo, al final de la prueba, cuando el organismo, sometido exigencias fuera de lo común, en un lugar tan aislado e inhospitalario como es el Desierto de Atacama (Chile), se rinde ante la grandeza del reto cumplido.

Los corredores saben que tendrán que enfrentarse a temperaturas de más de 30ºC en pleno día y otras bajo cero en plena noche. A la amplitud extrema de las temperaturas se suman el hambre y el dolor... Cuando la arena entra en las playeras se transforma en una lija que machaca la piel (ver fotos 11 y 12). Pero, al término de ese esfuerzo sobrehumano, en un entorno tan majestuoso, la recompensa es una experiencia que pocos pueden jactarse de haber vivido. Mientras disfrutes de las fotos que siguen, no olvides tener un pensamiento por todos los que han sufrido protagonizándolas.

 

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En pleno desierto
Corre... Corre... Y no pares.
En pleno desierto El Desierto de Atacama cubre una gran superficie de América del Sur, sobre más de 1.000 km. La carrera de Atacama cubre 250 de ellos. Créenos, es muy pero que muy difícil. © Thiago Diz
Un descanso bien merecido
Corre... Corre... Y no pares.
Un descanso bien merecido Durante la travesía, el "campo base" sigue a los corredores por el desierto. Cada día se monta y se desmonta. Los organizadores hacen hogueras para que los competidores puedan hervir agua y cocinar para luego dormir en tiendas de 10 personas. © Thiago Diz
A mojar el dorsal
Competidores en el desierto
A mojar el dorsal Estar en el desierto no quiere decir obligatoriamente que no haya agua. Aquí, los corredores franquean un río junto a muros rocosos. Sin duda un momento refrescante antes de volver a meterse en el horno del desierto. © Thiago Diz
Espeleo-maratón
Del desierto a las cavernas
Espeleo-maratón El itinerario también cruza cuevas de roca y arena que son un buen cobijo tras varias horas bajo un sol aplastante. © Thiago Diz
De los valles a las alturas
Vistas increíbles del desierto de Atacama
De los valles a las alturas Con cotas que culminan a más de 4.500 metros, el Atacama ofrece panoramas espléndidos que permiten a los corredores evadirse mentalmente para olvidar los kilómetros que todavía les quedan por delante. © Thiago Diz
A todo tren duna abajo
Corre... Corre... Y no pares.
A todo tren duna abajo Descenso de dunas: sin duda alguna una de las únicas ocasiones que tienen los corredores para alcanzar velocidades punta. © Thiago Diz
¿Oasis o alucinación?
Un oasis, la recompensa tras mucho sufrimiento
¿Oasis o alucinación? Cuando has pasado todo el día corriendo sobre arenas desérticas y bajo un sol aplastante, estas vistas tienen que ser un regalo del cielo. © Thiago Diz
Luna llena en el desierto
La luna en blanco y negro en el Atacama
Luna llena en el desierto ¿Dormir bajo la luz de la luna? ¡No, a correr! Un competidor atraviesa una cresta bajo la luna llena. El punto más alto de la carrera se llama Camp 1 y culmina a 3.000 metros de altitud. © Thiago Diz
En solitario
Un charco en mitad del desierto
En solitario Aunque haya más de 200 competidores en la línea de salida, es bastante común acabar haciendo recorridos muy largos totalmente solo. Bueno, solo del todo no porque vas con una mochila de 10 kilos con la que puedes charlar cuando te aburras. © Thiago Diz
¿Carreras y arena? ¡Ampollas!
Pies magullados
¿Carreras y arena? ¡Ampollas! Muchos dicen que lo peor del Atacama Crossing es el cuidado de los pies. ¿Te parece mucho esto? Sigue bajando... © Thiago Diz
No, no es una taloneta... ¡es piel!
Un talón más que magullado
No, no es una taloneta... ¡es piel! Doctor, me da la impresión de que necesito un talón nuevo... © Thiago Diz
¡Sigue al líder!
Un grupo de corredores progresan juntos
¡Sigue al líder! Tras cientos de kilómetros juntos, los demás competidores acaban siendo compañeros de equipo más que adversarios y, en mitad del desierto, da gusto poder contar con algo de compañía. © Thiago Diz
¿Llano, el desiero? No mucho, la verdad...
El terreno escarpado del desierto de Atacama
¿Llano, el desiero? No mucho, la verdad... Al contrario de lo que muchos podrían creer, un desierto no es una llanura infinita. Hay montones de subidas y bajadas que se suman a la dificultad de la prueba. © Thiago Diz
El llanero solitario
Un competidor en solitario cubre kilómetros interminables
El llanero solitario De los 200 competidores que toman la salida, tan sólo 20% recorren la totalidad de la distancia corriendo, 60% combinan marcha y carrera y el 20% restante se conforma con hacerla andando. © Thiago Diz
¡La línea de meta!
¡La línea de meta!
¡La línea de meta! Es fácil imaginar cómo se sienten estos competidores. ¡Machacados pero tan felices de haberlo conseguido! © Thiago Diz