Nunca es tarde para ser un héroe

Las heroicidades no entienden de edad… Y, sino, que se lo pregunten a nuestro siguiente protagonista
Un competidor en solitario cubre kilómetros interminables
El llanero solitario © Thiago Diz
Por Marta Gastón

José Luis Gómez Alciturri no concibe la vida sin retos. La voluntad y las ganas de superarse a sí mismo son conceptos que forman parte de su filosofía, y es por ello que este santanderino (Cantabria, España), Director General de Recursos Humanos del Grupo Santander durante más de cuatro décadas, ha logrado auténticas proezas a la edad en la que muchos ya solo piensan en su retiro dorado. No en vano, Alciturri es el hombre más longevo del mundo que ha completado en un mismo año el llamado Grand Slam de Los 4 Desiertos. Además, ha concluido en dos ocasiones el Marathon des Sables, una de las carreras más duras del planeta. Pero dejemos que nos lo cuente él mismo…

Empezaste a correr ‘tarde’, en 2008. ¿Por qué razón?
Siempre he hecho mucho deporte, pero lo de correr fue una cosa que comenzó en 2008. Correr por correr no era suficiente; había que plantearse retos importantes y ese mismo año ya corrí la Maratón de Nueva York en el mes de noviembre.

Corres por una buena causa: lideras el proyecto ‘corre1km+’,  que recauda fondos para ayudar a los más desfavorecidos. ¿Cómo surgió esta iniciativa?
Nació posteriormente, cuando empecé a involucrarme en cosas más complicadas, como el Marathon des Sables. Fue entonces cuando me planteé correr por, digamos, ‘algo más’. En ese momento España estaba atravesando una situación muy difícil y pensamos que lo mejor que podíamos hacer era recaudar fondos para ayudar a los más necesitados.

Después de tu primera gran carrera, el Maratón de Nueva York, subiste el listón y decidiste realizar el Marathon des Sables. ¿Cómo te preparaste?
Entrenando seis días a la semana, haciendo unos 80 kilómetros. Procuraba buscar altitud para fortalecer las piernas. Mi única obsesión era llegar allí y poder terminar.

Grand Slam de Los 4 Desiertos: fin de la aventura
Una hazaña así... ¡es para celebrarlo a lo grande!

Y terminaste…
Sí, pero no sin sufrimiento. Pagué un poco la novatada. Me presenté allí con una mochila que pesaba casi 14 kilos. Realmente, parecía que estaba haciendo una mudanza, más que correr una carrera.

¿Cuál fue la situación más difícil a la que tuviste que enfrentarte?
La primera etapa lo pasé muy mal porque cargué con la mochila de 14 kilos. Iba con un compañero español y confiaba mucho en él. Le decía: ‘Si ves que no puedo seguir, me llevas a rastras’. El problema fue que a los 10 kilómetros el hombre tuvo que abandonar. Fue un golpe psicológico bastante importante, porque de repente me encontré solo.

¿Qué papel juega la mente en una carrera extrema como esta?
Para mí, la mente es el 70% y el 30% restante el físico. El físico lo puedes entrenar, pero la mente…

¿Cómo hiciste frente al dolor y al cansancio?
Cuando afrontas una prueba de estas características, tu chip cambia; te metes en la cabeza que vas dispuesto a todo, a sufrir, y superas los dolores. Había algunos días que corría a 45 o 50 grados y los pies acababan destrozados. Por la tarde, cuando llegaba a la jaima, tenía que reventarme todas las ampollas y coserlas.

¿Después de esta carrera fue cuando surgió la idea de completar el Grand Slam de los 4 desiertos?
Sí. Podemos definir a este Grand Slam como ‘la búsqueda de lo más difícil’: recorrer los desiertos del Sáhara, Gobi, Atacama y La Antártida en un mismo año. Cada prueba constaba de 250 kilómetros. Aquí ya contaba con experiencia pero, aún así, la carrera nos puso en nuestro sitio… En Jordania cayó uno del equipo por lesión (éramos cinco) y a mí me tocó en China. En la etapa larga de 85 km me torcí el tobillo.

Grand Slam de Los 4 Desiertos: Alciturri en el Gobi
Alciturri en el desierto del Gobi © José Luis Gómez Alciturri

¿Abandonaste?
No, estuve 35 kilómetros con el tobillo inflamado y con unos dolores insoportables, pero nunca se me pasó por la mente retirarme. Eso habría sido traicionar a mi espíritu. Aguanté como pude y cuando llegué a meta, los médicos de la organización me quisieron retirar. Solo quedaba la etapa final y no me querían dejar salir. Yo les dije que correría aunque fuera arrastrándome. Cuando terminé, me marché directo a España, al hospital.

Y unos meses después, llegó Chile y el desierto de Atacama…
Este fue el más difícil de todos. La altitud me afectó mucho. En la primera etapa me dio el llamado ‘mal de altura’ y lo pasé realmente mal. Mis compañeros me tuvieron que echar una mano y prácticamente llegué a meta empujado por ellos. Lo recuerdo como un momento crítico porque, por mucho que yo quisiera seguir avanzando, mi cuerpo no respondía. Milagrosamente, al día siguiente ya estaba recuperado.

¿Qué sentiste al completar el ciclo en La Antártida?
¡Fue increíble! Jamás miré la tabla de clasificaciones, lo que importaba era acabar. Poco después, la organización me confirmó que era la persona de más edad en el mundo (67 años) en finalizar el Grand Slam, aunque tampoco le di mucha importancia a esto. Lo verdaderamente importante es que me demostré a mí mismo que si quieres, puedes.

¿Qué proyectos tienes para el futuro?
Me he comprado un libro que se titula ‘Las 100 carreras más duras del planeta’ y lo estoy ojeando… Puede que vuelva a hacer una nueva locura.

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