Así se sobrevuela Alaska con un avión de 60 años

Paul Guschlbauer surcó el cielo de Alaska en parapente... ¡y una vieja avioneta de 1959!
Por Josh Sampiero

Alaska ha sido una de las grandes últimas fronteras. Lejana, peligrosa y salvaje, con una densidad de sólo una persona por cada dos km cuadrados, la mayoría de ellos en Anchorage, la capital. Así que cuando sales al campo realmente te encuentras en medio de la nada.

Esa fue una de las razones que llevó al piloto de parapente Paul Guschlbauer a Alaska. ¿La otra razón? Había comprado una avioneta, una Piper Super Cub de 1959, sin haberla ni siquiera visto. Así que tenía que ir hasta allí para hacerle un buen chequeo. Una vez en Alaska, ¿qué hacer con la avioneta? Por supuesto, buscar lugares para volar con el parapente.

Mira el vídeo de arriba para que vivas de cerca esta aventura.
 

Paul con su nuevo juguete

Paul Guschlbauer vuela con una avioneta Piper Super Cub en Alaska.
Orgulloso propietario © Paul Guschlbauer

¿Qué tiene de especial esta avioneta? La Piper Super Cub es muy utilizada por pilotos de acción en todo el mundo, especialistas capaces de superar las situaciones más peligrosas.

Explorando Alaska en avioneta.
¿El mejor camping del mundo? © Paul Guschlbauer

En Alaska hay pocas personas y, por tanto, pocas carreteras. Así que la gente vuela. Los aviones son como los automóviles. ¿Quieres visitar a tu amigo que vive a 20 km? Pues vuelas. Aquí no hay autopistas, hay pistas de aterrizaje.

Vuelos y más vuelos

Paul Guschlbauer vuela con una avioneta Piper Super Cub en Alaska.
Aterrizar para volver a despegar © Paul Guschlbauer

Ello sirvió muy bien a Paul para mejorar su capacidad como piloto de campo. Aprendiendo sobre la marcha acerca del arte de volar, el terreno, la climatología... Nuestro héroe tenía las características necesarias para enfrentarse a esta gesta y salir airoso.

Su tutor fue Ken MacDonald, un piloto legendario, que vive cerca de Willow (Alaska), no lejos de la cordillera Brooks. Ha sido piloto durante décadas y tiene tal confianza en sus habilidades que aprendió a hacer paracaidismo en YouTube. Si vas a empezar a volar en medio de la naturaleza, entonces no hay mejor profesor que Ken.

Paul Guschlbauer vuela con una avioneta Piper Super Cub en Alaska.
Vistas aéreas de Alaska © Paul Guschlbauer

Lo primero que quería Paul no era volar con la avioneta, sino repararla. El aparato tiene casi 60 años por lo que necesitaba ser puesto a punto antes de salir a la aventura. Para ser un piloto que vuele por el campo en medio de la nada necesitas tener conocimientos de mecánica. Así que Paul cambió el motor de arranque y arregló algunas fugas en el combustible.

Además tuvo tiempo de practicar las típicas aventuras de Alaska: senderismo, pesca y todo lo que un amante de la naturaleza pueda desear.

Paul Guschlbauer vuela en una avioneta Piper Super Cub en Alaska.
Saltando sobre el río © Paul Guschlbauer

Una vez en el aire tuvo que aprender las nociones básicas, como aterrizar en lugares donde no hay pistas para ello. Entonces hay que conformarse con playas, orillas de los ríos o sobre la misma nieve.

Así se aterriza en un río

Paul Guschlbauer vuela en una avioneta Piper Super Cub en Alaska.
Sí, se puede aterrizar en un río © Paul Guschlbauer

El objetivo era llegar a fantásticos lugares para hacer parapente. Y cuando tuvo todo a punto eso fue lo que hizo, logrando volar en regiones muy remotas. “Con una avioneta puedes llegar a sitios que caminando te llevarían dos semanas. Es la mejor herramienta para Alaska”, dijo Paul.

Paul Guschlbauer vuela en una avioneta Super Cub en Alaska.
¡Listo para volar! © Paul Guschlbauer

La Piper Super Cub se convirtió en su medio de transporte e incluso en su refugio cuando acampaba en lugares tan remotos que apenas son visitados por seres humanos.

Paul Guschlbauer vuela en una avioneta Piper Super Cub en Alaska.
Aterrizando en la arena © Paul Guschlbauer

Desde las dunas del desierto al hielo del Ártico, Paul, su avioneta y su parapente lo han visto todo, tras sumar 210 horas de vuelo y 25.000 km, siempre en medio de la naturaleza más salvaje. ¿Su conclusión? No hay mejor manera de ver Alaska que desde arriba.

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