En kayak desde Groenlandia a Escocia

Olly Hicks y George Bullard se enfrentan a la mayor aventura en kayak.
Por Corinna Halloran

En la vida para unas cosas hace falta corazón y para otras agallas. En el caso de Olly Hicks y George Bullard para realizar la aventura de Groenlandia a Escocia hicieron falta enormes dosis tanto de corazón como de agallas.

Empezó como una loca idea para imitar a los esquimales que hace siglos remaron durante 1.920 km desde Groenlandia hasta Escocia. Este sueño se fue convirtiendo en lo que sería la mayor aventura de sus vidas para Hicks y Bullard.

Nada menos que ir en kayak de iceberg en iceberg, de país en país, soportando una climatología horrenda, trabajando en barcos de pesca, esperando en islas desiertas, viajando en contenedores, superando todo tipo de frustraciones, remando día y noche, comiendo pájaros e hirviendo agua entre sus piernas. Todo en medio del mar. Piensa en ello por un momento.
 

El viaje: Desde la costa este de Groenlandia hasta Islandia, luego a las islas Faroe. Dos semanas esperando a que mejorase la climatología. Luego al sur hacia Escocia, primero a North Rona y finalmente a Durness (Escocia).

La primera etapa les llevó 42 horas, luego llegaría a ser la más fácil de tres etapas por el océano y dos a lo largo de la costa. A partir de ahí tuvieron que luchar contra una climatología adversa que cambiaba de manera constante.

Cuando el equipo dejó Islandia para el gigantesco viaje hasta las islas Faroe, salieron con buen tiempo pero horas más tarde fueron interceptados por unos marineros que les dijeron que se avecinaba una tormenta con fuertes vientos. No olvides que nuestros héroes están a sólo 30 cm del agua del mar con olas de un metro.

“La climatología nos lo hizo pasar muy mal. Teníamos tres fuentes para ver el tiempo. Allí estás muy expuesto a los chubascos. Te sientes muy pequeño, cambia tu perspectiva. El miedo aumenta cuando sabes que el tiempo va a empeorar. Cuando mides la mitad que la ola te das cuenta de que tienes muy poco control sobre la situación”, dijo Bullard.

Cuando estás remando en medio del océano de un país a otro lo que quieres es que el mar esté como un plato. Sobre todo cuando se trata de remar de 15 a 17 horas al día. A partir de ahí las cosas se pusieron de lo más extrañas.

“Sufrimos alucinaciones desde las islas Faroe hasta Escocia. Teníamos tanta falta de sueño que empezamos a ver luces, barcos y árboles que no existían en realidad. En los acantilados oíamos voces de mujeres. Una noche unos delfines comenzaron a nadar junto a nosotros y creímos que eran olas”, explicó Bullar.

El dúo consiguió superar esta gesta y probablemente no se lo creían del todo cuando llegaron en kayak hasta Escocia.

“Al final lo logramos. Es una gran lección de humildad. Ha sido precioso estar ahí en medio del mar experimentando toda esa serenidad. Ahora pensamos: ‘¿qué demonios hemos hecho?’”, dijo Hicks.

En la vida actual estamos rodeados por un ruido constante. Parece que quedan pocos lugares para explorar, pero aventuras como la de Hicks y Bullard nos recuerdan la importancia de la sencillez.

Hay que salir a ver el mundo, a hacer historia. A sentir lo que sintieron aquellos esquimales hace siglos. Hay que abrazar la aventura.

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