5 cosas que aprendí en el acantilado

Averigua qué es lo que se siente al pasar la noche colgado en un acantilado.
Jonathan Thompson colgado del precipicio.
Jonathan Thompson colgado del precipicio © Mark Chilvers
Por Jonathan Thompson

Cuando te gastas 600 dólares (550 euros) en una noche esperas estar al menos cómodo y con una bonita vista. En lo que se refiere a lo último no me puedo quejar. Estoy en la hora bruja en las Montañas Rocosas y me encuentro a una altura equivalente a 18 pisos. Por otro lado, la comodidad deja algo que desear pues mi cama es una especie de colchón raquítico pegado a la pared de la montaña.

Hablo de hacer “camping en acantilado”. Un deporte que se está poniendo de moda en EE.UU. después de que Kevin Jorgeson y Tommy Caldwell se atrevieran con la ascensión de El Capitán en el Yosemite National Park. Las fotos de los dos hombres colgados de la montaña en su tienda de campaña dieron la vuelta al mundo.

La compañía de escalada era KMAC de Estes Park (Colorado). Una empresa dirigida por el veterano escalador Harry Kent que ahora tiene una lista de espera de meses de aventureros que quieren dormir colgados de la pared.

La experiencia comienza con una buena escalada para luego hacer rappel hasta donde pasarás la noche. “A la gente le gusta lo intensa que es la experiencia. El llegar a sus límites y tener la oportunidad de ver la vida desde una perspectiva completamente diferente”, dijo Kent.

¿Qué se siente? ¿Vale la pena? ¿Se puede si quiera dormir? Esto fue lo que descubrí después de mi noche haciendo “camping en acantilado”.

1. No es lo mismo vértigo que acrofobia

Acampando en un acantilado en Colorado.
Habitación con vistas en Colorado © Mark Chilvers

La primera es racional, la segunda irracional. Para vencer a la acrofobia (que es lo que mucha gente sentirá ante una gran altura) lo que tienes que hacer es forzar al cerebro a que se comporte de forma racional. Recuerda que estás atado a una cuerda, los guías han hecho este trayecto en multitud de ocasiones y lo que estás haciendo es (en lo que se refiere a las estadísticas) más seguro que cruzar una calle con mucho tráfico.

2. La mejor manera de vencer al miedo es mirarle a la cara

No nos engañemos, se trata de una experiencia que da mucho miedo. Pero superar tus miedos es algo maravilloso. Sientes la sensación de haber conquistado una gran cumbre, tanto en el apartado literal como psicológico (el acantilado que tienes dentro de tu cabeza). Como dijo Kent: “Bienvenido sea el miedo. Te da la oportunidad de poner a prueba tu valor”.

3. La oscuridad

La luna en el cielo, los arroyos murmurando a tus pies, las aves sobrevolando a una distancia que casi las puedes tocar... Pasar la noche en una montaña es una experiencia increíble. Si no puedes conciliar el sueño en la tienda de campaña colgada de la pared de la montaña tienes la oportunidad de empaparte de toda esta experiencia hasta el amanecer.

4. La mejor perspectiva es siempre desde gran altura

A la gente le encanta probarse y ver dónde tiene sus límites. El estar colgado en una tienda de campaña te da un perspectiva muy diferente del mundo. Estás sujeto de un hilo (como quien dice), flotando en medio de la nada. Me puse a pensar en mi futuro, mis sueños y objetivos. El “camping en acantilado” invita desde luego a la reflexión.

5. El amanecer te deslumbra

El amanecer empieza de forma imperceptible luego se extiende por el cielo como un fuego salvaje. Sientes como si alguien te hubiese quitado una venda de los ojos y de pronto todo se llena de color. Cuando has estado toda la noche rebosando de adrenalina la llegada del amanecer es un momento muy especial. Nada se aprecia más que aquello que te ha costado conseguir.

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