Maldad para tirar el miedo

Resident Evil 7 es, desde Resident Evil 4, la mejor mutación de la serie.
Maldad para tirar el miedo
Maldad para tirar el miedo
Por Sir Draven

Los puristas podrán no estar de acuerdo con mi opinión, pero Resident Evil 7 es, desde Resident Evil 4, la mejor mutación de la serie. Divertido, emocionante, lleno de suspenso y de ese noséqué que mantiene cautivo, que nos hace arrojar el control, encender la luz, bajar el volumen y decir “¡a la mier#a, hasta aquí llego!”. Sólo para retomarlo al día siguiente, con una efímera pila de valor recargada.

¿Saca sustos? Sí, muchos. ¿Despierta una sensación de desamparo? ¡Por supuesto! ¿Todo el tiempo es así? Ammm… no, pero da igual. Con lo que hay basta para desear que acabe la tortura auto-impuesta.

Y para dejar claro mis puntos, les describo algunos de los elementos que los obligara a tener un par de calzoncillos extras en su inventario.

 

Un rastro de ti

Todo el tiempo te la pasas jodido. Cuando no jadeas por el esfuerzo, sangras o te falta una extremidad, cruzas una puerta esperando que nada esté del otro lado o das vuelta a la esquina rogando por que nada te sorprenda. Pero eso es parte de la sensación de desamparo y vulnerabilidad que transmite el juego. Con todo y el arsenal que -medio- auxilia en momentos clave, por instinto siempre se busca evitar un enfrentamiento, aún si eso significa explorar cada rincón en busca de suministros y rutas de escape que ayuden a evitar a los enemigos.


¡Qué pu%#s le pasa a esta gente!

Eso es lo que te repetirás una y otra vez a lo largo del juego. Los zombis provocan miedo, pero la gente loca y las cosas de las que son capaces en medio de una vorágine de sometimiento sin siquiera inmutarse, hará que desorbiten los ojos con cada nuevo enfrentamiento.

Sí, encontrarán a su paso algunos bichos que sirven de carne de cañón, pero los “locales” son los de cuidado. La frase “le tengo más miedo a los vivos” cobra otro sentido.

 

Maldad para tirar el miedo
Maldad para tirar el miedo

La casa de tus sueños.

Los tonos sepias y aspecto de abandono de los escenarios contrastan perfectamente con los elementos asquerosos y perturbadores que adornan cada rincón de la casa y básicamente, de cualquier rincón que recorras.

Pilas de periódicos, ropa que de tan sólo de verla, da asco. Vísceras acomodadas sobre la mesa a manera de festín y objetos que evocan mejores tiempos y destinos de sus desafortunados dueños, despiertan la chispa de la imaginación y el desespero.

Es como vivir dentro de la pesadilla de un asesino serial en la cumbre de su carrera.


¿Quién puso duela?

Guano, asqueroso guano.

La materia asquerosa de la que están cubiertos algunos escenarios me da cosita. No sólo por el color chapopote y la textura viscosa, también por el ruido desagradable que emite (como cuando la gente mastica con la boca abierta). Y aunque no es posible, casi se puede percibir su aroma putrefacto.

Y los efectos sonoros están muy pasados de corneta. Caminar sobre pisos de madera que crujen aún después de pasar sobre ellos dando la impresión de que alguien nos sigue o pasa cerca de nosotros -obligándonos a voltear- es sin duda una de las artimañas mejor logradas para poner los pelos de punta durante todo el juego.

Maldad para tirar el miedo
Maldad para tirar el miedo

En general el juego es sublime, la historia engancha y el carisma de los personajes no podría ser mejor. Y ahora, después de acabarlo, dejaré pasar un par de semana para que los sobresaltos tengan esa frescura que tuvieron durante mi primer recorrido.

Universo pantanoso y desagradable, ahí te voy. De nuevo.

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