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A toda velocidad
El cineasta Zachary Barr le echa un vistazo a la escalada rápida, un deporte admitido para las Olimpiadas de 2020.
Echa un buen vistazo al mundo de la escalada de velocidad en este episodio de Reel Rock y sigue leyendo para aprender más sobre este deporte en auge.
La escalada de velocidad nació en Rusia hace más de 50 años. Se trata de un deporte indoor en el que dos escaladores ascienden al mismo tiempo. La enorme velocidad hace que la acción sea muy emocionante por lo que no es de extrañar que esta disciplina atraiga a participantes y espectadores de todo el mundo.
Desde el punto de vista del espectador atrae a gran cantidad de gente porque es más fácil de entender que la escalada o el bouldering. La regla no puede ser más simple: gana el más rápido.
La escalada de velocidad es una actividad atractiva debido a su gran energía y espectacularidad, por ello atrae tanto a los competidores como al público. Hay quien incluso dice que se trata de algo adictivo. Debido a su sencillez incluso se ha llegado a decir que es la forma más pura de escalada. Su importancia ha sido reconocida por el COI que lo ha ratificado como deporte.
A diferencia de la escalada tradicional, que es un deporte aeróbico bastante lento, en la escalada de velocidad no hay tiempo de respirar a medida que se sube por la pared. Es un ejercicio anaeróbico en el que el cuerpo aprovecha la fuerza bruta de los músculos. Al igual que los nadadores en una carrera al sprint en una piscina no sacan la cabeza para respirar porque ello los ralentizaría, los atletas que practican la escalada de velocidad no paran hasta llegar a la cumbre.
Las caderas de los competidores se mantienen lo más cuadradas posible y hay muy poco movimiento de lado a lado. Como si fuesen un cohete camino del espacio, los atletas mantienen la inercia a lo largo de todo el trayecto. Dan grandes saltos de un agarre a otro, mientras sus pies los propulsan por la pared.
El deporte tiene unas reglas estrictas y está regido por la Federación Internacional de Escalada (IFSC por sus siglas en inglés). En realidad solo hay una ruta estándar que fue diseñada por el escalador francés Jacky Godoffe a principios de este siglo.
El circuito tiene 15 metros de altura (un poco más que un edificio de tres plantas), 20 agarres para las manos y 11 para los pies. La pared sobresale cinco grados. La ruta tiene una puntuación de 5.10 y un escalador experimentado tarda unos 30 segundos en llegar arriba. Los más expertos lo hacen en menos de 10 segundos.
El escalador iraní Reza Alipour Shenazandifar, apodado “el guepardo asiático”, estableció el récord mundial de 15 metros con un tiempo de 5.48 segundos en abril de 2017. En abril de 2019, la china YiLing Song logró el récord femenino con una marca de 7.101 segundos.
Los atletas que practican la escalada de velocidad utilizan toda la potencia de sus piernas para explotar de un apoyo con el pie al siguiente. Mantener la velocidad y la inercia a lo largo de toda la ascensión es vital. Además de conocer cada movimiento hasta que se convierta en algo automático, instintivo. Hay quien entrena 10 veces al día mientras que otros lo hacen 100 veces para mejorar los reflejos y optimizar la posición del cuerpo en la pared.
Dado que la ruta es siempre la misma ya hay una técnica establecida. Todo el mundo evita el agarre 16 (que es como un apéndice), de hecho pocos saben por qué está ahí. Algunos además se saltan el cuarto pues así se gana velocidad al llegar al quinto. El movimiento ha sido bautizado como “el Reza” en honor a su inventor, Reza Alipour. Esta es la secuencia que practica la mayoría.
Este deporte atrae a atletas de élite que ofrecen un espectáculo apasionante. “Nunca había visto un nivel de explosividad tan grande. Es increíble”, declaró el famoso comentarista de escalada Charlie Boscoe.
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