El Pacífico Sur visto desde la popa de un barco.
© Clem Onojeghuo
Exploration

Este explorador recorrió 6.700 km en una balsa para demostrar una teoría

¿Hasta dónde has llegado para demostrar que tenías razón? El etnógrafo noruego Thor Heyerdahl fue muy lejos en un viaje lleno de peligros.
Por Nat Kassel
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Estamos en el año 1947. Cinco noruegos, un sueco y un loro llamado Lorita parten desde Perú en una balsa casera para realizar una travesía de 6.700 km que les llevará a la Polinesia.
La idea es cruzar el Pacífico Sur con la simple ayuda del viento y las corrientes para rememorar lo que ellos creen que fue una travesía realizada en el pasado. Sí, no hay que darle muchas vueltas, la misión es una locura, pero la realidad es todavía más increíble.
Thor Heyerdahl fue un etnógrafo noruego que quería demostrar su teoría de que en el pasado habitantes de Sudamérica llegaron en balsas hasta la Polinesia usando solo el viento y las mareas. Heyerdahl aseguraba que las estatuas gigantes de la Isla de Pascua eran parecidas a las que hay en el Lago Titicaca (Bolivia). La comunidad científica se burló de él y aseguró que los polinesios habían llegado de Asia, pero el tozudo noruego no iba a dar su brazo a torcer.
Imágenes de las estatuas de la Isla de Pascua al atardecer.

La Isla de Pascua

© Thomas Griggs

Heyerdahl se dispuso a reunir una tripulación para demostrar su teoría. Escribió a unos cuantos amigos: “Lo único que garantizo es un viaje gratis a Perú, a las Islas del Mar del Sur y también la vuelta. Tendrás que usar todos tus conocimientos técnicos en la travesía. Contesta con rapidez”.
No puedes comprar un viaje al paraíso. Lo tienes que encontrar dentro de ti.
Thor Heyerdahl
El ofrecimiento era modesto pero iban a hacer algo que nunca se había hecho antes. Una increíble aventura que atrajo a algunos valientes. Torstein Raaby respondió simplemente: “Voy”.
La misión era sencilla: construir una balsa tradicional y navegar a través del Pacífico Sur. Si lo lograban la gente tendría que admitir que la teoría de Heyerdahl era al menos posible.

Madera de balsa, cáñamo, bambú y hojas de platanera

Heyerdahl iba a construir la balsa utilizando solo los materiales que estaban a disposición de los peruanos en la época precolombina (antes de 1492). Estudiaron dibujos de las embarcaciones de los indígenas peruanos dibujadas por los conquistadores españoles. En aquella época los materiales disponibles eran: madera de balsa, cáñamo, bambú y hojas de platanera. No había clavos, tornillos o fibra de vidrio. La tripulación unió tres troncos con sogas de cáñamo y construyó una cabina de bambú con un techo de hojas de platanera.
El resultado fue la Kon-Tiki. Una choza flotante de bambú sobre troncos de madera de balsa. Tenía una gran vela y una cabina. Desde luego no había mucho espacio para los seis hombres y el loro.
La Kon-Tiki fue una balsa construida por Heyerdahl.

Un fotografía coloreada de la Kon-Tiki

© Wikimedia Commons

Sobrevivir al océano

En lo que se refiere a los suministros, Heyerdahl no siguió tan al pie de la letra las prácticas de los indígenas peruanos. Así la Kon-Tiki iba equipada con 1.060 litros de agua en contenedores modernos y antiguos. También se transportaron raciones suministradas por el ejército de los Estados Unidos.
No faltaba una radio para casos de emergencia alimentada por un generador a manivela y un sextante para la navegación. De acuerdo con Heyerdahl el uso de estos aparatos no probaban o dejaban de probar su teoría, sino que se habían utilizado para asegurar la supervivencia de la tripulación.
La alimentación no iba más allá de cocos, batatas, tubérculos y frutas varias. Tenían mucho tiempo para pescar y comieron cantidad de atún, bonito, peces voladores y tiburones.
Durante el viaje un tiburón gigante comenzó a rodear la balsa, era tan grande que la cabeza estaba en un extremo de la embarcación y la cola en el otro. Un miembro de la tripulación, presa del pánico, intentó clavarle un arpón. El tiburón simplemente lo rompió y se alejó de la misma manera que había venido. En la película “Kon-Tiki” de 2012 hay toda una aventura alrededor de este hecho, incluso con un miembro de la tripulación lanzado al mar, pero que no tiene nada que ver con la realidad.

Sin mucho rumbo

Una de las mayores locuras del proyecto es que la Kon-Tiki fue diseñada de tal manera que era imposible de dirigir. Esto fue así porque, según la teoría de Heyerdahl, los sudamericanos se habían dejado llevar por las corrientes y los vientos que van en el Pacífico de este a oeste durante ciertos meses del año.
¿Fronteras? Nunca he visto una pero sé que existen en las mentes de algunas personas.
Thor Heyerdahl
No hace falta decir que el no poder dirigir tu nave supone un importante inconveniente. Cuando la tripulación avistó el atolón de Puka Puka, después de llevar 97 días en el mar, fueron incapaces de llegar a él y simplemente continuaron a la deriva.
Fotografía de Thor Heyerdahl en la balsa Kon-Tiki.

Heyerdahl y la tripulación en el mar

© Kon-Tiki Museum

Cuatro días más tarde la Kon-Tiki se estrelló contra un arrecife y la nave quedó varada en el atolón de Raroia. Tras recorrer 6.700 km en el transcurso de 101 días por fin tocaron tierra. Pero pasaron varios días hasta que fueron descubiertos por los habitantes de una isla cercana.
Los lugareños habían descubierto los restos de la balsa y se pusieron a investigar. La tripulación recibió la bienvenida por parte de los polinesios en medio de una fiesta con bailes tradicionales y un festín de mariscos. Lo habían logrado contra todo pronóstico.

¿Qué valor tiene la teoría de Heyerdahl?

Después de 101 días flotando en una balsa, peleando contra la climatología y las bestias marinas, lo normal es que creas que la teoría de Heyerdahl ya ha sido aceptada. Pero fue rechazada por la comunidad científica noruega.
El geógrafo Doug Herman escribió en 2014: “Hoy tenemos bastantes pruebas que demuestran que los polinesios llegaron a América y no al contrario. No cabe duda de que el viaje de la Kon-Tiki fue una gran aventura. Tres meses en mar abierto en una balsa, a la deriva, a merced de los vientos y las corrientes”.
Thor Heyerdahl en plena acampada, rodeado de nieve, en Noruega.

Las aventuras de Heyerdahl empezaron en Noruega

© Kon-Tiki Museum

Heyerdahl escribió un best-seller y protagonizó un documental sobre la expedición que ganó un Oscar.
Hasta su muerte en 2002, Heyerdahl no dio importancia a las críticas de los científicos: “Tanto el viento como la gente que vive cerca de la naturaleza tienen muchas cosas que decirnos que no podemos oír dentro de las paredes de la universidad”.
Puede que Heyerdahl no fuese un gran científico pero su aventura a través del Pacífico conquistó los corazones de mucha gente de todo el mundo. Probablemente estaba equivocado sobre su teoría de que los sudamericanos cruzaron el Pacífico en balsa, aunque en 2011 Erik Thorsby, de la universidad de Oslo, descubrió algunas pruebas que apoyaban la teoría de Heyerdahl. Sea como fuere, parece que Thor y su tripulación fueron los primeros seres humanos en cruzar el Pacífico en una balsa.