El cinturón se quedó en casa. El Menor conquistó la Red Bull Batalla Internacional Chile 2026 en el Movistar Arena y cerró una jornada que lo instaló en la cima del freestyle hispanohablante.
En un cuadro de 16 competidores que reunió campeones nacionales, clasificados y al anterior podio internacional, el chileno construyó un camino completo: superó a Reverse en octavos, enfrentó a Teorema en un cruce cargado de historia local, sostuvo el control ante Valles-T en semifinales y terminó inclinando la final frente a Almendrades con una decisión unánime del jurado, en una noche que condensó el punto más alto del calendario competitivo.
La consagración no se quedó en lo individual y fue el propio campeón quien lo empujó hacia esa lectura. “Es muy importante. Un orgullo que sinceramente ni siquiera podría explicarlo con palabras ahora. Es culminar el trabajo de todas las generaciones anteriores que respeto mucho”, dijo, nombrando directamente a referentes como Kaiser, Stigma y Tom Crowley.
En ese reconocimiento también apareció una idea que atravesó toda su victoria: el título como resultado colectivo.
“Quizás esto ahora me posiciona como el mejor de la historia de Chile, pero tampoco es así. No es para mi ego, es para el orgullo del país entero que quería verme ganar”
De acuerdo al campeón, ese peso se volvió especialmente visible en el cruce de cuartos de final frente al también chileno Teorema, uno de los momentos más complejos del torneo. El enfrentamiento, que muchos proyectaron para instancias finales, lo obligó a gestionar algo más que la competencia: la cercanía, la historia compartida y la expectativa del público. “Era lo que no queríamos”, reconoció, pero rápidamente fijó su enfoque competitivo: “Yo no puedo aflojarme, no puedo estar pensando en eso. Tengo que ir como caballo, cargando hacia adelante”.
La batalla se transformó entonces en una prueba mental, donde logró sostener su narrativa y avanzar, aunque el resultado dejó una sensación ambigua. Sobre esto aseguró que sintió cierta “tristeza” y, a la vez, la misión de “salir campeón mundial”.
A partir de ahí, el recorrido se volvió más claro. En semifinales, frente a Valles-T, apareció una dimensión distinta de su competencia: el control del entorno. El Menor no solo respondió desde lo técnico, sino que gestionó la energía del público, bajó la intensidad cuando fue necesario y mantuvo el foco en el desarrollo de la batalla.
Esa lectura del momento lo instaló definitivamente en la final, donde el enfrentamiento con Almendrades se sostuvo en un equilibrio constante, con referencias simbólicas entre países y respuestas completas en cada ronda. El cierre terminó inclinando la decisión hacia el chileno, que logró conectar su proceso competitivo con el momento exacto de la definición.
El instante posterior al título abrió otra capa del relato. El Menor describió un escenario de impacto inmediato, donde los freestylers presentes y su círculo cercano irrumpieron en la tarima: “Se me lanzaron encima a abrazarme. Yo estaba ahí en shock, me lanzaron para arriba”. En ese primer momento también apareció la figura de Teorema, no como rival, sino como parte del proceso compartido: “Él siempre se alegró por mí. Me dijo ‘hermano, estoy feliz por ti’, y yo le dije ‘gracias, esto es de nosotros, es de Chile’”.
“Pienso en mi familia, si me estarán viendo en la tele desde sus casas. Pienso en mi pareja, que me ha acompañado mucho en este proceso”, agregó.
Ese mismo enfoque apareció cuando se le pidió un mensaje para las nuevas generaciones. Lejos de una construcción idealizada, aterrizó su discurso desde la experiencia, reconociendo que el camino no fue lineal ni inmediato. “Todos tenemos nuestra historia, hemos pasado algo de lo que hemos tenido que salir”, señaló, antes de poner el énfasis en la persistencia: “Que se lo propongan y lo logren”.
Su relato incluyó momentos de exposición temprana, críticas, altibajos y episodios complejos que pudieron haberlo sacado del circuito. “Si no hubiera tenido fuerza de voluntad habría desistido, me habría retirado”. Frente a eso, marcó su forma de sostenerse: “He tenido momentos difíciles donde la gente se ha tirado contra mí, me han dado odio, pero siempre me enfoqué en lo bueno, en quienes estaban para mí”.
La reflexión final conectó directamente con su propio recorrido dentro del freestyle. Recordó sus inicios como un proceso incierto, donde el objetivo parecía lejano y el resultado nunca estaba asegurado. Sin embargo, aseguró que “sí se puede, pero hay que seguir. No va a ser fácil”.
En esa tensión entre expectativa y realidad apareció una de las definiciones más claras de su discurso: “Me tocó perder mucho, de verdad. Pero creo que todos los freestylers hemos tenido que perder para después ganar”. Y lo cerró con una idea que sintetizaba su proceso completo: “Esto es una maratón. Hay que ser persistente y tener mucha paciencia”.