En 1984, Senna fue el principal piloto de Toleman en el Mundial de F1.
© Rainer W. Schlegelmilch - Getty Images
F1

“Yo no le he dado al muro. El muro se ha movido”

La determinación de Ayrton Senna, en una anécdota.
Por Abel Cruz
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En 1984, Senna fue el principal piloto de Toleman en el Mundial de F1.

En 1984, Senna fue el principal piloto de Toleman

© Rainer W. Schlegelmilch - Getty Images

1984. La novela, el año del título mundial de Stig Blomqvist, del último de NikiLauda, del primero de EddieLawson, del último de ÁngelNieto… y de la irrupción en la F1 de AyrtonSenna.
El paulista ya tenía fama de individualista y, casi, de intransigente, desde los tiempos del karting. Muchos, a través del fantástico -si bien, parcial- documental “Senna”, de AsifKapadia, sabéis que el propio Ayrton consideraba que su mayor rival fue TerryFullerton, campeón del mundo de karting en 1973. Pues bien, el propio Fullerton recordaba: “En el karting, los pilotos acostumbraban a ser sociables. Sin embargo, Ayrton dejó claro desde el principio que él estaba ahí para ganar”.
Ya en los 80, en la Fórmula Ford y la F3, Senna siguió su progresión y mantuvo sus piques directos con cuantos rivales tuvo, en especial con MartinBrundle. Su rivalidad tuvo su gran momento en la carrera de F3 de Oulton Park, en 1983, de la que podéis ver las imágenes, a continuación.
Ese año fue extremadamente difícil, tanto para Senna (quien desarrolló su famosa manía persecutoria), encuadrado en el West Surrey Racing Team, como para el equipo Jordan, donde estaba Brundle. Senna había ganado las primeras nueve carreras, pero poco a poco, Brundle fue recuperando terreno.
En cada carrera había suspicacias entre una y otra escuadra por cualquier cosa que montasen los coches. Incluso, el propio EddieJordan reconocería, años más tarde en su biografía “An independent Man”, que su equipo intentó todos los trucos mentales posibles para sacar a Ayrton de sus casillas, al comprobar que el brasileño tenia cierta tendencia a creer que todos iban contra él.
No obstante, Senna siguió en sus trece de trabajar más que sus rivales y no dejarse vencer por cualquier tipo de adversidad, además de demostrar que estaba un paso por delante en cuanto a pilotaje. Pese a perder el liderato hacia mitad de temporada, fue recuperando puntos y acabó ganando el certamen a falta de la prueba de Macao.
Ayrton Senna impresionó a Williams, en su test de F1 de 1983.

Ayrton impresionó a Williams, en su test de 1983

© LAT Photographic / Williams F1

En 1983, Ayrton probó con varios equipos de F1: Williams, McLaren, Brabham y Toleman. Los primeros ya tenían al padre de Nico Rosberg, Keke, y a Jacques Laffite; en Woking, Senna convenció pero tras romper un motor RonDennis decidió repescar a AlainProst para hacer pareja con NikiLauda; y NelsonPiquet, campeón del mundo en ese momento con Brabham, vetó a Ayrton, calificándolo como “un taxista de Sao Paulo”. Así las cosas, Senna recaló en Toleman.
De 1984, muchos recuerdan la carrera de presentación del nuevo Nürburgring (con los famosos Mercedes 190), que Senna se tomó demasiado en serio, o el mítico GP de Mónaco, donde tanto el brasileño como el alemán de Tyrrell, StefanBellof (aunque su coche estuviese medio trucado por el lastre), estuvieron a punto de cepillarse, metafóricamente hablando, al líder Prost.
Lo que otros protagonistas recuerdan era la capacidad de trabajo de Senna. Rory Byrne, diseñador jefe en Toleman -y quien después sería uno de los responsables de los Benetton y los Ferrari de Michael Schumacher- explicó, hace poco: “Lo que llamaba la atención de Ayrton no era solo su velocidad, sino también su memoria. Era capaz de recordar muchos detalles en un espacio muy corto de tiempo. Además era capaz de describirlos de manera pormenorizada y en el orden específico de importancia. Para un equipo como el nuestro, en el que no gestionábamos los motores, nos dio mucha confianza”.
Ayrton Senna -detrás- lucha con Nelson Piquet en el Gran Premio de Dallas de 1984.

Senna -detrás- lucha con Piquet en Dallas, 1984

© Wikimedia Commons

Sin embargo, el incidente que más llamó la atención al equipo, en 1984, fue el del Gran Premio de Dallas. En una pista cuyo asfalto se desintegraba al soportar el paso de los F1 turbo y de los más de 35 grados que hubo a principios de julio, Keke Rosberg venció y Senna se retiró en la vuelta 47, cuando iba cuarto, al tocar un muro de hormigón, puesto para delimitar la pista.
Pat Symonds, director técnico de Toleman recuerda que “Senna se pasó un largo rato malhumorado y dándole vueltas al incidente: ‘No sé cómo le he dado, cada vuelta iba igual, no he cambiado la trayectoria. Yo no le he dado al muro, el muro se ha movido…’. Y yo le dije: ‘Seguro que sí’, porque ya sabía las excusas que los pilotos podían inventarse para no responsabilizarse por un accidente”.
Corre Keke corre. Corre, corre Keke Rosberg. El finlandés venció el GP de Estados Unidos de 1984, en Dallas. La mujer de blanco es la actriz Linda Gray.

Corre Keke corre. Corre, corre Keke Rosberg

© LAT Photographic / Williams F1

Symonds continúa: “El caso es que, entonces, Ayrton empezó a insistir sin parar en que no era culpa suya, que el muro se había movido, etcétera. Tanto insistió, y tanto confiaba yo en él que, aunque creía que me estaba tomando el pelo, ambos fuimos a la zona del accidente. Y, ¿sabes qué? ¡El muro se había movido! Eran bloques móviles, y alguien había chocado contra el extremo opuesto al del incidente de Ayrton. Eso había provocado que el punto que Ayrton tocó se hubiese desplazado unos milímetros, no más de un centímetro. Ayrton pilotaba con tanta precisión, que esa mínima variación acabó provocando el toque”.
“Esa anécdota abrió realmente mis ojos, con respecto a Ayrton, Sabía que era especial, pero ahí fue cuando me di cuenta de cuánto”, prosigue el inglés. “No solo era su pilotaje, sino su total convicción, el análisis de una situación y su conclusión al respecto: ‘no puedo estar equivocado, por lo que el muro tiene que haberse movido’. Cualquier otro piloto habría cuestionado su pilotaje, pero habría acabado admitiendo que se había equivocado. Ayrton no. Su convicción era, simplemente, enorme”.
“Y lo cierto es que tenía razón”, concluye.