Za-Sa: Un binomio mortal en el área rival conformado por Iván Zamorano y Marcelo Salas quienes juntos se consagraron como los goleadores de aquellas eliminatorias.
Sin embargo, ese equipo también necesitaba jugadores para hacer lo que denominan “trabajo sucio”, que significa pierna fuerte en el mediocampo, romper los avances rivales y cortar las jugadas del rival para volver a tomar el control de las acciones.
Para cubrir aquella posición, Nelson Acosta nominó a un tal Luis 'Chiqui' Chavarría, volante de contención que reunía todas las características antes señaladas y que inmediatamente, en su debut, dio que hablar y se hizo conocido en el mundo del fútbol.
DE LA OCTAVA REGIÓN, A SUDAMÉRICA
Chavarría era un jugador introvertido y desconocido por muchos. Nació en Monte Águila, una localidad de la región del Biobío que cuenta con poco más de seis mil habitantes y se inició en el fútbol en Malleco Unido. Luego pasó por Fernández Vial, Deportes Concepción, Universidad de Chile (única temporada donde abandonó el sur del país), Huachipato, nuevamente Deportes Concepción y colgó los botines en su querido Fernández Vial en 2008.
Peor sin duda su máximo apogeo en clubes fue entre los años 2001 y 2002, cuando vistió la camiseta de la U. Para llegar al cuadro azul tuvo que mostrarse y tener grandes actuaciones, cosa que no ocurrió en Malleco Unido o Fernández Vial, sino que lo hizo defendiendo la camiseta de la Selección Chilena al destacar en un mediocampo lleno de calidad y donde él debió poner pierna fuerte desde su debut con La Roja, en un estreno que no pasó desapercibido.
Luis Chavarría jugó su primer partido con la Selección Chilena ante Uruguay un 12 de noviembre de 1996 en el Estadio Nacional. Al frente, un duro rival como Uruguay que venía con la intención de sumar puntos ante el elenco de Nelson Acosta en la lucha por llegar al Mundial de Francia. Fue aquí donde apareció la figura del “Chiqui”, pero no precisamente por anotar el gol del triunfo, sino por una infracción que él festejó como una anotación.
UNA JUGADA, UNA PATADA Y UNA FRASE PARA LA HISTORIA
Esa noche 'La Celeste' tenía entre sus filas con Enzo Francescoli, la principal figura del equipo y que sin duda era de temer. El 'Príncipe', como lo apodaban, venía con la cara llena de gol y esperaba dejar su marca en el Nacional, pero no contaba con un astuto y duro “Chiqui” Chavarría, que mordió fuerte aquella jornada y que tuvo una acción que hasta el día de hoy es recordada.
Corría el minuto 29 con 32 segundos y el marcador del Estadio Nacional mostraba un 0-0 que llenaba de nerviosismo a los hinchas chilenos, en ese momento Sebastián Rozenthal recibió una dura infracción que quedó sin sanción. Ocho segundos después, Chavarría se tomó revancha ante Francescoli con una fuerte entrada donde recibió tarjeta amarilla y dejó muy complicado al Charrúa, tanto así que luego del descanso no retornó al campo de juego.
El partido culminaría con victoria para Chile por la cuenta mínima gracias a un perfecto cabezazo de Marcelo Salas que destrabó un compromiso muy apretado, pero la caricia de Chavarría, quien vestía la camiseta número seis en ese entonces, quedó grabada por siempre y más aún por sus declaraciones días después en un estelar conducido por Pedro Carcuro.
Fue una pequeña caricia más que nada, si era una patada lo dejo no sé donde. Estaba consciente que tenía que entrar en una jugada fuerte al 'Príncipe' ya que saben cómo es como jugador
Pero eso no sería todo. Chavarría lanzó una épica frase que la FIFA consideró entre las 10 más polémicas de la historia del fútbol: “Gracias a Dios salió lesionado”, remató el volante que en ese entonces defendía la camiseta de Deportes Concepción.
De esta manera, Luis Chavarría pasó a la historia de nuestro fútbol por esa picardía del huaso chileno y esa simpleza para contestar desde lo más honesto de su persona ante una situación que aún genera polémica, pero que el “Chiqui” atesora casi como un gol en aquel apretado partido ante los uruguayos donde todos los abrazos se fueron con el 'Matador' Salas, pero donde Chavarría cumplió con su “trabajo sucio” y lo cerró todo con una frase inmortal.