Heredó de su padre la afición y dedicación por las bicicletas. Construye una carrera diferente en el ciclismo colombiano y es hoy en día la gran proyección y realidad de la velocidad en el mundo.
En la casa de los Gaviria en La Ceja, Antioquia sólo se vive por el ciclismo. José Hernando, el padre fue ciclista profesional de ruta participando en las principales pruebas en Colombia. Esa pasión y profesión la supo inculcar a sus hijos. Juliana, la mayor de la dinastía es una de las referentes de la pista en el país.
Con apenas 16 años, Fernando el menor de los Gaviria, decidió dejar su casa. La mano no venía fácil y con mucho esfuerzo, su padre le entregó una tarjeta débito con algunos ahorros, para que -“el próximo campeón” como siempre él lo aseguró - fuera a cumplir su sueño en Bogotá.
Gaviria firmó su primer contrato profesional en la ruta con el Coldeportes Claro, pero para ese entonces su fuerte era la pista. Todo aquel que lo veía entrar y salir de los peraltes, le encontraba algo que lo hacía diferente; explosivo y equilibrado para sacar ventaja. Se hizo fuerte en la velocidad, en los puntos. Se volvió tan completo que el ómnium –la prueba que suma el rendimiento de 6 modalidades diferentes- se volvió su especialidad.
Pero como si el destino le tuviera preparado su camino, Gaviria explotó en la ruta. En el Tour de San Luis del 2015, se cargó a Marck Cavendish, no una sino 2 veces en la misma carrera. En los embalajes finales, fue más rápido, ágil y explosivo, que uno de los máximos campeones de velocidad en la historia. Corría para ese entonces con la Selección Colombia que había sido invitada para participar de la carrera argentina.
Unas semanas después pasaría a la historia; sería el primer campeón mundial de Omnium de pista para Colombia en el mundial que se corrió en Francia. Justo ahí, llegaría la gran noticia: uno de los equipos más grandes del World Tour, el Etixx Quick Step lo ficharía a partir de junio de ese año. Cavendish lo había recomendado. Una vez enfundado el uniforme azul y negro corrió junto a quien era su ídolo. Esta vez, en el Tour de Gran Bretaña se juntó con Marck y derrotó a otro grande de la velocidad: Andre Greipel.
Pero no todo resultó ser fácil. El esfuerzo hecho en un año de muchos cambios, le costó a Gaviria una extraña lesión en una de sus rodillas, de la que apenas desde hace unas semanas se logra recuperar y olvidar. Para el 2016, Gaviria afrontó la defensa de su medalla de oro en el ómnium de pista. Esta vez, el escenario era Londres, sus rivales: el italiano Elia Viviani y nuevamente su ídolo: Marck Cavendish.
A los dos los venció. En el primer día de la prueba corrió como dictaba cada una de las modalidades. Cerró la primera jornada en lo más alto del ranking. El segundo día, con algunas complicaciones supo sortear a sus rivales y logró revalidar el título. Hizo lo imposible, lo impensado; se convirtió en doble campeón mundial.
En el año en el que decidió apartarse de la pista, para dedicarse a los embalajes en la ruta, tiene una cita con sus sueños, con el deporte y con la gloria. Rio 2016 lo espera para revalidar todo lo hecho en la pista. La medalla de oro será la mejor manera de cerrar un capítulo glorioso en esta modalidad del ciclismo, porque el libro de las bielas para Gaviria apenas se abre; sin duda será uno de los ciclistas colombianos que más etapas gane en la historia del que es para muchos nuestro deporte nacional.