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Skateboard

Acompaña a la crew de Ethan Loy al Hotel Uzbekistán

Vladik Scholz, Rob Wootton, Ethan Loy y Pasha Kuznetsov viajan a Uzbekistán en busca de la aventura.
Por Kirill Korobkov
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Uzbekistán es un país de Asia Central, una enorme región en Eurasia que se encuentra entre Rusia, China, India y el Mar Caspio. Durante siglos estas tierras fueron un punto de encuentro para mercaderes y viajeros que se movían por la Ruta de la Seda. Asia Central se ha enriquecido con todas esas influencias, además de con su propia identidad histórica y cultural.
La llegada de los medios de transporte modernos hizo que la Ruta de la Seda perdiese su importancia, pero países como Uzbekistán, que estaba en el epicentro de esta famosa encrucijada entre el Este y el Oeste, tienen todavía mucho que ofrecer a los visitantes, incluso a aquellos que llegan con monopatines.
Unos de los aspectos que más me gustan de estos viajes es la mezcla de culturas. Por lo general reunimos a skaters de diferentes nacionalidades que suelen reaccionar de forma distinta a las mismas cosas. En esta ocasión contábamos con dos estadounidenses, un ruso y un germano-bielorruso.
Para Ethan Loy, Uzbekistán era el país al que más lejos había viajado con el propósito de patinar y se enfrentó a esta aventura con maestría. No hubo sitio en el que no lo intentara, le daba igual ya fuesen grandes barandillas, enormes salientes, paredes o incluso árboles.
Rob Wootton es un mago sobre el monopatín. Posee una capacidad de control que lo pone con claridad en otro nivel. Es dueño de una técnica que le permite enfrentarse a cualquier tipo de terreno y, además, lo hace con estilo.
Pasha vino de Rusia. Pavlik Kuznetsov es alguien único, una mezcla casi imposible de artista, poeta, actor, inventor, diseñador y coleccionista de las cosas más extrañas. Además sabe patinar… Tenerlo con nosotros fue un regalo.
Vladik Scholz no solo es un joven sastre, sino un veterano viajero y un compañero fiable dispuesto a ayudarte siempre que lo necesites.
Nuestro viaje de skate comenzó en Tashkent. La capital de Uzbekistán nos sorprendió con su increíble vida nocturna. Tiene todos los atributos de una urbe moderna sin perder su cultura tradicional y su arquitectura de estilo post soviético. Nos divertimos mucho patinando allí.
En Tashkent las cosas te sorprenden por su tamaño, la mayoría de los spots eran enormes. Los edificios son anchos y altos, las plazas y los parques públicos dan la sensación de ser gigantescos, al igual que los monumentos. Incluso el típico banco que te encuentras en cualquier parte del mobiliario urbano, en Uzbekistán era más grande de lo normal.
Una de las cosas más bonitas que quedan de la época soviética (Uzbekistán era parte de la Unión Soviética) son los mosaicos. Esos murales multicolores decoran las fachadas de los edificios oficiales y de las estaciones del metro. Tuvimos la suerte de patinar en varios sitios con esos mosaicos de telón de fondo. Las estaciones de metro parecen museos y cada una es diferente.
Los días en Tashkent se pasaron muy rápido y no perdimos el tiempo. Creo que esta ciudad es ideal para empezar a conocer el país, aunque Uzbekistán tiene mucho más que ofrecer. Tras la visita a la capital estábamos listos para recorrer la nación en tren. Nuestra próxima parada era la ciudad de Nukus, que estaba mil km en dirección hacia el oeste.
Queremos dar las gracias a la gente de Tashkent y en especial a Abu y Farkhod.
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