Hay deportistas que transitan por los vértices de la genialidad con absoluta indiferencia. Una humildad forjada a base de convivir con la grandeza. Marc Márquez es uno de esos tipos. Un joven de 24 años con cara de jugar a ser el más rápido del mundo como quien sale a echar una pachanga. Un devoto de su oficio acostumbrado a levantarnos del sofá con escenas más propias del cine de acción que del deporte de alto nivel.
Sus 'salvadas' son marca registrada de una destreza difícil de cuantificar. La moto pierde tracción, la gravedad manda, el asfalto se prepara para recibir un cuerpo que impactará en milésimas de segundo... Es imposible que no suceda, todos los estamos viendo, va a pasar... pero el piloto no cae. Porque el piloto es Marc Márquez. Unos hablan de suerte, otros de habilidad, algunos de milagro. Quizás sea un poco de todo. O quizás un mucho de otra cosa. Pasen y vean:
La seriedad con la que Marc afronta severas sesiones de castigo físico es asombrosa, tanto que el traje de atleta no le queda nada pesquero. Porque evitar que los huesos se quiebren contra el piso en situaciones de complejidad alarmante es, según el de Cervera, recopilación de varios factores: reflejos para mejorar la capacidad de reacción, tonificación muscular, expresividad, talento y "manos". Y claro, excepto los dos últimos, el resto puede pulirse a base de generar litros de sudor y latidos desbocados de corazón.
Si Márquez recurre al remo por algo será; máquina ideal para pausas activas
© Jaime de Diego / Red Bull
Márquez comenzó a desarrollar este método, esta arquitectura de vasos comunicantes con el éxito, siendo un niño, aunque los resultados más visibles (a nivel de espectacularidad) se hayan publicitado en MotoGP: “Con mi preparador empecé a entrenar a los 11 años, centrándonos mucho en la elasticidad, que es lo que te permite, en caso de caídas cuando das vuelta en la grava, tener menos riesgo de lesión”.
Cada vez que traspasa la puerta del gimnasio su misión se vertebra en dos objetivos: mejorar el rendimiento sobre la moto y reducir las posibilidades de lesión en caso de infortunio. “Durante un fin de semana de Gran Premio detectas uno o dos puntos críticos en el circuito”, señala el que ya es, pese a lo escueto de su biografía, uno de los mejores pilotos de la historia.
Pero la visualización no lo es todo, por lo que añade que "tienes que estar lo más preparado posible, lo que no significa tener mucha fuerza, sino velocidad de reacción, tonificación, explosividad y manos. En esas situaciones se tira mucho de ingle, porque con una pierna empujas contra el suelo y con la otra, contra la moto. Aunque parece que tienes que levantarte, tienes que empujar contra el suelo y eso, a veces, hace que te levantes"
Su ejercicio estrella
Esa búsqueda constante del equilibrio, ese vivir al filo del abismo, funambulista sobre un caballo de hierro, tiene su traslación directa en un ejercicio 'made in Márquez'. ¿Sabéis lo que es un bosu? Seguro que habéis visto alguno a nada que hayáis visitado un centro deportivo; se trata de un aparato en forma de media luna, con un lado cóncavo y el otro plano. Subirse a uno y mantenerse erguido ya es relativamente complicado.
Pues bien, Marc se coloca sobre tres y hace series de un minuto en las que todo el cuerpo, absolutamente todo el cuerpo, se tensiona para evitar el descalabro. “El equilibrio es un punto importante, así como los reflejos, porque la moto se te puede mover dos o tres veces en una curva y tu cuerpo tiene que reaccionar rápido”, aclara sobre esta simulación para la que también utiliza una pesa rusa (lo que ayuda a la estabilidad a cambio de dejarle un recadito a los brazos).
Vamos adaptando el plan a lo que necesitamos en cada momento. Una MotoGP te exige mucho en el tronco superior, la parte abdominal y las piernas, la zona del aductor, porque es con lo que te aguantas al depósito
Hay que tener la espalda muy fuerte para cargar con 6 campeonatos mundiales
© Jaime De Diego / Red Bull
Y por supuesto... moto
Ponerse en forma es una empresa ardua por la que tributas muchas horas de sacrificios, por la que renuncias a infinidad de tentaciones... Un billete que te aleja de tu zona de confort. Por eso es importante hacer que el divertimento entre en la ecuación. Subirse a tres bosus es un reto súper entretenido (probadlo y veréis), te cansa al tiempo que te echas más de una carcajada (porque no todos somos Márquez, y las caídas haberlas haylas), pero la verdadera pasión de nuestro hombre para lograr la óptima puesta a punto es el motocross.
“Aunque sea el mismo circuito, de una hora a otra cambia totalmente: se van creando baches, roderas en cada vuelta, esto te hace improvisar muchísimo y te da esa velocidad de reacción. Es el entrenamiento más completo y, personalmente, la moto sobre la que más disfruto”, nos cuenta con su habitual sonrisa el campeón, al que todavía le quedan miles de vueltas a los circuitos y miles de contracciones musculares para apuntalar una leyenda que los entendidos, aseguran, no ha hecho más que empezar.