Twerk it out
© Drew Gurian / Red Bull Content Pool
Baile

Mover el booty ya es arte

A propósito del inminente Red Bull BC One Camp, continuamos la serie que explica las nuevas tendencias de la danza urbana. Hoy hablamos del twerking y su asimilación en teatros y museos.
Por José Luis Romo
3 minutos de lecturaPublished on
Cuerpos sudorosos, cubiertos de pintura y purpurina, desnudos, agitándose espasmódicamente. La música electrónica in crescendo, el público rugiendo y contemplando hipnotizado esas anatomías agitadas. Una energía eléctrica contagia la sala y los casi 20 guerreros de la belleza no paran de mover sus culos. Hacen movimientos obscenos y poderosos con sus traseros y los espectadores enloquecen. El propio Almodóvar deja su butaca y se va a primera fila, donde un montón de jóvenes se arremolinan para ver de cerca a estos bailarines, y grabar con su móvil el espectáculo. El público está enfebrecido ante la apoteosis del twerking, que cierra Mount Olympus, una performance de 24 horas de duración que se pudo ver el pasado mes de enero en los Teatros del Canal de Madrid.
Esta torrencial pieza que rinde culto a la tragedia griega llenó de un selecto grupo de modernos y culturetas los teatros de la comunidad de Madrid. El público se encontró, entre otras cosas, con que el coreógrafo Jan Fabre, todo un mito de la vanguardia artística contemporánea, había convertido el twerking, un baile sucio, caliente y callejero, en un rito casi sagrado. Tras 23 horas de representación en las que transitaba por Medea, Edipo o Electra, sus performers se marcaban un perreo de una hora de duración, con una coreografía que podría haber servido a cualquier vídeo de Nicki Minaj. Entonces, quedó claro: el twerking había entrado en el Olimpo del arte.

Diga adiós a los prejuicios y salude la nueva era del culo

Era cuestión de tiempo que ese lado salvaje y animal del twerking llamara la atención de los coreógrafos contemporáneos. Igual que los movimientos de break han acabado introduciéndose en las coreografías de ballets contemporáneos de medio mundo, el twerk estaba destinado a llevar la calle al escenario…. e incluso a las galerías de arte. La primera en apuntarse a esta nueva tendencia en Madrid es La Juan Gallery, la única galería especializada en las artes performativas de la capital. Su director, Juan Gómez Alemán, impulsó un taller de twerking a cargo del provocador grupo suizo Young Boy Dancing Group, quienes utilizan el culo como fuente de luz (literalmente).
Twerk viene de twist (retorcer) y de jerk (espasmo). De la conjunción de esas dos palabras aparece este baile frenético”, comenta Gómez Alemán. “Según la Wikipedia, este baile se remonta al siglo XIX pero, sinceramente, en mis 37 años de vida no había visto nada parecido hasta la llegada del siglo XXI. Ese espasmo, esa manera de retorcer, ese golpe seco como hacia arriba, como si te picase la rabadilla… Quise aprender y me apunte a un taller básico de twerk, durante 4 horas estuve intentando descifrar ese movimiento, aprenderlo, para así vacilar en la pista de baile en una fiesta…. Pero fue imposible. La conclusión que saque después de un flato terrible, es que el twerking cansa y mucho. La segunda, y más terrible, es que quizá ya soy mayor
Para este galerista, el twerk representa: “la hipersexualidad, la provocación, pero no deja de ser una manera de bailar y, al fin y al cabo, de expresar una pulsión. Es indudable la influencia de los ritmos latinos y sus bailes, de las nuevas formas de entender la sexualidad. El twerk cumple su función, es nuevo, va contra lo establecido, escandaliza a algunos e identifica a toda una generación que algún día será recordada por esto. Lo que todavía no sabemos son las consecuencias del twerk en la salud de nuestras caderas…”
Te recordamos que los próximos 29, 30 y 31 de marzo se celebrará el Red Bull BC One Camp en Madrid. Tres días de charlas, talleres, batallas, música...¡y mucho baile! Más info aquí.
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