Die Antwoord
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El fascinante mal gusto de Die Antwoord

El dúo sudafricano, estrellas mundiales con un radio de acción que va más allá de la música.
Por Carles Novellas
5 minutos de lecturaPublished on
Ratas, metralletas, perros salvajes, sangre, cadenas de oro, peluches rosas, tapizados de leopardo, pipas de marihuana, tatuajes, fajos de billetes… y dos humanoides, Ninja y Yolandi, de aspecto grotesco y comportamiento desviado y esquizo. Die Antwoord parecen haber tomado el testigo a los excesos de Marilyn Manson desde una perspectiva white trash, asombrando y molestando a los bienpensantes y mojigatos, a la vez que acumulando fans entre todo tipo de públicos, desde adolescentes en busca de su propia identidad hasta fans de Lady Gaga o cuarentones de vuelta de todo.
Cuando aparecieron en 2010 parecían una broma, incluso un invento de alguna campaña de marketing viral. De hecho, puede que lo sean (una broma), pero en cualquier caso una que ha ido mucho más allá de lo que podíamos imaginar en un principio, tanto en su contenido como en el tiempo. Han colaborado con Aphex Twin (otro freak de tomo y lomo), han girado por todo el planeta y han logrado que su rap bakala, zafio y barriobajero, acabe enganchando al más escéptico y circunspecto de los mortales.
A estas alturas todo el mundo sabe ya que Die Antwoord (“La Respuesta” en afrikaans) es la invención de dos artistas conceptuales de Ciudad del Cabo, Watkin Tudor Jones y Anri du Toit, pareja en la vida real y padres de una niña llamada Sixteen (no es broma). Aquí tenéis una bonita foto de familia, muy alejada de la imagen habitual del dúo, publicada hace ya unos años en la revista sudafricana Obrigado Magazine:
Watkin, Anri y Sixteen

Watkin, Anri y Sixteen

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Tras años de experimentos varios en bandas que no llegaron a pasar de un cierto reconocimiento en la escena hip hop local, Ninja y Yolandi dieron con la respuesta (die antwoord) e incendiaron internet con su primer vídeo, “Enter the Ninja” (la del estribillo del samurái), y el resto de hits de su primer disco, “$O$”, que pusieron en circulación en formato de descarga gratuita. Las bases de su mundo bizarro y chocante ya estaban puestas. La bestia empezaba a andar. Y el culto, por supuesto, fue instantáneo.
Tras el impacto y la evidencia de que el mundo les necesitaba, los siguientes pasos siguieron la lógica natural del proyecto: ritmos de mákina total, contraste entre la agresividad de Ninja y la inocencia macabra de Yolandi (sex symbol atípico), apariciones en todos los medios del mundo (The Guardian y New York Times incluidos) y cuidadísimos vídeos que abundaban más y más en esa estética entre gore y choni, tan repulsiva como irresistible.
Aún así muchos les seguían viendo como una broma absurda sin ningún tipo de gracia, y sus detractores probablemente fueran (¿sean?) tan numerosos como sus fans. Algo que sin duda cambió en España tras su primer concierto en el país, en Sónar 2011: aquel show, dinámico, potentísimo, con dos artistas pletóricos de fuerzas y una puesta en escena de impacto, cambió la opinión de muchos sobre ellos, convirtiendo a los descreídos en nuevos acólitos de la causa zef. Tan bueno fue, que al año siguiente repetirían en el escenario grande ante más de quince mil fans.
Zef. No lo habíamos dicho aún, y es un concepto clave para entender el mundo de Die Antwoord. Zef significa algo así como “común, vulgar”, pero no de forma peyorativa, si no más bien orgullosa, utilizada por la clase media-baja blanca de los barrios modestos de Johannesburgo y Cuidad del Cabo. Podría ser como “choni” en España, o “chav” en Inglaterra, pero a mucha más honra; una glorificación del glamour barato, las joyas de oro falsas, el tuning, el vocabulario soez y el sexo chungo. Ninja y Yolandi son abanderados de lo zef, sus apóstoles y embajadores en el resto del mundo.
Hoy Die Antwoord son estrellas mundiales, y su radio de acción va más allá de la música (en realidad, sus discos son casi lo de menos). El cine es el campo en el que parece que podrían encontrar una nueva vía para dar rienda suelta a sus experimentos. Al parecer, David Lynch ha manifestado su admiración por los videos del dúo y David Fincher estuvo a punto de fichar a Yolandi para interpretar a Lisbeth Salander para “The Girl With The Golden Tatto” (“Los hombres que no amaban a las mujeres”). Sus clips son, de hecho, pequeñas películas, y es obvio que Ninja y Yolandi son actores natos. La cúspide de su coqueteo con el cine es hasta hoy una pequeña obra maestra llamada “Umshini Wam”, corto de 15 minutos dirigido por Harmony Korine (el responsable de “Gummo” y “Spring Breakers”: todo cuadra) en el que Ninja y Yolandi dan vida a dos inadaptados psicópatas en silla de ruedas. Delirante, extraño y cautivador a partes iguales.
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