F1

El primer caballero inglés

Mike Hawthorn fue el primer campeón del mundo británico. Y, encima, con Ferrari.
Por Abel Cruz
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Mike Hawthorn y su inseparable casco verde, en los entrenamienbtos del GP de Inglaterra, en Aintree, F1.

Hawthorn y su inseparable casco verde

© PA Images Archive / Getty Images

Siempre tiene que haber una primera vez para todo, y no pensemos raro. En la F1, también: primer vencedor, campeón de pilotos, de marcas… Y primer ganador inglés, sabiendo como muchos sabemos que ese peñasco al norte de Francia ha dado muy buenas manos al volante, con los años.
John Michael ‘Mike’ Hawthorn nación en abril de 1929 en Yorkshire, Inglaterra, y creció al sureste de Londres, donde su padre estableció un reconocido taller mecánico y de preparación de vehículos de la época. Mientras la relación de sus padres se deterioraba, Mike empezó a participar en pruebas de motocross, y más tarde empezó a participar en carreras de coches en 1950 con su padre, tras varios años sobre dos ruedas.
Varios buenos resultados en Sport y en la F2 de la época, tanto en Inglaterra como en le Mundial de F1 (recordad que en 1952 y 1953 la reglamentación de la categoría reina se disputaba con esos coches, y no con F1 propiamente dichos), despertaron el interés de Enzo Ferrari, quien, tras un test en Monza, contrató a Mike para 1953. Ese mismo año, puntuó en casi todas las carreras, menos en Bélgica y venció con claridad en Francia, en dura pugna con Juan Manuel Fangio, a quien superó por poco más de un segundo tras 500 km. de ardua y continuada lucha.
Mike Hawthorn y Peter Collins fueron grandes amigos, dentro y fuera de la pista, F1.

Hawthorn y Collins fueron grandes amigos

© Victor Blackman / Getty Images

El cuarto puesto obtenido en 1953 se convirtió en un tercero absoluto en 1954, al obtener tres segundos puestos y la victoria en Barcelona, en el Gran Premio de España, organizado por la Peña Rhin. Ello, unido a que solo se contaban los cinco mejores resultados de las nueve pruebas puntuables, le dejaron a poco más de medio punto de Froilán González, a final de año.
1955 empezaría una época de cambios, ya que el inglés pasó a Vanwall en la F1, y a Jaguar, en Sport y resistencia. De todos modos, tras dos pruebas con los ingleses y dos retiradas, Hawthorn volvió a pilotar para Ferrari, con los que no llegó a puntuar. No obstante, ese año, se recordará para siempre por el horrible accidente de Pierre Levegh en las 24 Horas de Le Mans, provocado en primera instancia por Hawthorn, aunque se le exoneró.
Entonces, un inesperado giro hacia la zona de boxes de nuestro protagonista provocó que el pequeño Austin Healey de Lance Macklin frenase abruptamente y que el Mercedes de Levegh no pudiese evitarlo y chocase contra él. En una carambola sin precedentes, el Mercedes salió despedido hacia el publico, la carrocería por un lado y el motor por otro, ambos rebotando por la tribuna principal. 84 espectadores fallecieron y, como reacción a lo ocurrido, muchos países prohibieron las carreras de coches (Suiza, aún hoy, no celebra pruebas en su territorio, salvo la Fórmula E), aunque varios levantaron la prohibición, tras mejorar las instalaciones de sus circuitos. Pese a todo, Hawthorn venció esa edición de Le Mans, al retirarse Mercedes. La pugna que mantuvo con Fangio y Stirling Moss, a principio de carrera podría haber sido épica, pero los alemanes optaron por abandonar, a final de la tarde.
El 246, uno de los Ferrari pilotados por Mike Hawthorn.

El 246, uno de los Ferrari de Hawthorn

© Ferrari Media F1

1956 siguió la tónica mediocre del anterior, en cuanto a resultados en F1, con solo un tercer puesto en Argentina, al volante de un Maserati, ya que el equipo para el que el inglés corría, BRM, no viajo a Sudamérica.
En 1957, Hawthorn volvió a ser oficial de Ferrari a tiempo completo, con su compatriota Peter Collins y el italiano Luigi Musso como compañeros. El inglés fue cuarto en el último Mundial de F1 vencido por Fangio, en un año cuyo momento álgido fue el Gran Premio de Alemania.
Fangio iba camino de revalidar su título de 1956, mientras Ferrari trataba de compensar un mal año, en el que no habían logrado ninguna victoria en el Mundial, y en el que habían muerto dos de sus pilotos, Alfonso de Portago y Eugenio Castellotti. Hawthorn y Collins optaron por no parar en toda la carrera y Fangio sí, pero su entrada a boxes fue un desastre. El argentino entró con medio minuto de ventaja sobre los de Maranello, pero la pérdida momentánea de la tuerca que sujetaba la rueda trasera izquierda dio como resultado el volver a pista en tercera posición, a unos 50 segundos de sus rivales.
Mike Hawthorn y Peter Collins liderando el GP de Alemania, 1957.

Hawthorn y Collins en el GP de Alemania, 1957

© Willy Pragher - Landesarchiv Baden-Württemberg

A partir de entonces, el de Balcarce desplegó todo su poder al volante, llegando a rebajar el récord del Nordschelife hasta 9 veces (siete consecutivas), y superando a Hawthorn, líder, en un interior en el que Fangio tenía dos ruedas en la hierba. Solo el empecinamiento de Hawthorn impidió que Fangio tuviese la victoria asegurada hasta la misma recta de meta, perdiendo la victoria por solo 3,6 segundos. Mike sería cuarto en la general, ese año.
1958 sería el gran año de Hawthorn. Esa temporada se produjo la dicotomía acerca de quién es un campeón merecido: el que gana más carreras o el que puntúa en más ocasiones. De las once pruebas, se contaban los seis mejores resultados. Llegados a la última prueba, en Casablanca, el gran rival de Hawthorn, Stirling Moss, contaba con tres victorias, un segundo puesto y cuatro abandonos, y un total de 32 puntos. Hawthorn había logrado una victoria, tres segundos, un tercero, un quinto y un abandono y 40 puntos.
En 1958, se daban 8 puntos al ganador y 6 al segundo clasificado, más un punto para la vuelta rápida. En la prueba, y pese a marcar la ple, Hawthorn se vio claramente superado por Moss, único Vanwall superviviente, tras los accidentes de Tony Brooks y Stuart Lewis-Evans (por el que fallecería, seis días después). Moss venció y Hawthorn fue segundo, lo que le dio el título por un solo punto, tras descontar resultados.
La pugna entre ambos fue épica, con los estándares de la época, pero se respetaban el uno al otro, a pesar de no ser amigos. Como muestra, en Portugal Moss ganó y Hawthorn fue segundo. Éste había realizado un trompo en la última vuelta y, tras rechazar ayuda de los comisarios, trató de poner en marcha el coche en el arcén. Tras lograrlo y llegar a meta, fue excluido por ir en dirección contraria al sentido de la carrera. No obstante, Moss –quien se detuvo donde su rival hizo el trompo y observó todo el proceso, tal era su ventaja en la prueba– puntualizó que el arcén no era, específicamente, el trazado del circuito. Los comisarios acabaron aceptando esa explicación y Hawthorn conservó sus puntos.
Pese al carácter abierto y bromista de Hawthorn, lo cierto es que fue alguien a quien las desgracias le afectaban profundamente. No solo el accidente de Le Mans le afectó, sino que ese mismo año, llegó a perder hasta cuatro amigos personales en distintos accidentes de tráfico y competición. Pero el peor momento fue el del accidente mortal de Peter Collins en el GP de Alemania de 1958, en Nürburgring. Ambos estaban muy unidos y su fallecimiento resolvió a Hawthorn a dejar la competición a final de ese año.
Stirling Moss, último rival de Mike Hawthorn en la F1, 1958.

Moss, último rival de Hawthorn en la F1

© SAS / Wikimedia Commons

El 22 de enero de 1959, el preparador Rob Walker y Hawthorn se encontraron en una carretera cercana a Woking. Al parecer, se picaron para ver quién era más rápido (el primero con un Mercedes, el segundo con un Jaguar), lo que resultó en un aparatoso accidente que se cobró la vida de Hawthorn. De todos modos, el ya expiloto, centrado en dirigir el taller de padre, tampoco tenia demasiado tiempo de vida, ya que una enfermedad crónica de riñón se había agravado y el último diagnóstico no le daba más de año y medio de vida.
Pese a su talante despreocupado y tendiente a la diversión, en su país se le sigue admirando al ser un verdadero deportista, que antepuso el deporte y el respeto al dinero.
En Farnham, donde vivió hasta el final, le siguen dedicando una misa, cada año, para celebrarle.