Jaan Roose reescribe las reglas del slackline
El estonio, que ha batido varios récords, completó su mayor reto hasta la fecha andando sobre una cuerda floja en movimiento entre un barco y un parasailing.
Jaan Roose ha ganado tres campeonatos del mundo de slackline y ha logrado hazañas asombrosas en este deporte en todo el mundo, entre las que se incluyen la primera caminata intercontinental sobre una cuerda floja en Turquía, el cruce del estrecho de Mesina en Italia, impresionantes hazañas en rascacielos de Dubái y Catar, y el cruce de emblemáticas formaciones rocosas de Kenia, por nombrar solo algunas de sus hazañas.
Ahora ha completado su proyecto más difícil hasta la fecha y no se parece a nada de lo que ha hecho antes: caminar sobre una cuerda floja entre dos objetos en movimiento, concretamente, un desafiante descenso entre un parasailing y la embarcación que lo remolca.
Sobre una rueda floja que rebotaba entre una lancha motora sacudida por las olas y un parasailing vulnerable al viento, incluso una parada momentánea habría sido difícil. Sin embargo, el atleta estonio vive para superar los límites y estaba decidido a caminar por la cuerda hasta llegar al barco. “Era un mundo totalmente desconocido”, describe. “¿Sería posible caminar por una cuerda floja en parasailing? ¿Cómo? ¿Y cuánto?”.
Para averiguarlo, Roose y su equipo se asociaron con Visit Maldives y pasaron una semana en Siyam World Maldives, en el atolón Noonu, innovando en técnicas y equipos.
Roose desciende del parasailing - y reescribe las reglas una vez más
© Vishal Amir Ahmed/Red Bull Content Pool
“Instalar una slackline entre vehículos inusuales, uno en el aire y otro en el agua, hace que este sea mi proyecto más singular en términos de montaje, porque los ángulos son totalmente diferentes”, explicó Roose. “Normalmente, los proyectos de slackline se realizan entre dos puntos estáticos. Aquí tenemos dos objetos que se mueven en todas direcciones al mismo tiempo”.
A Roose se le ocurrieron varias ideas para un sistema de slackline que sirviera para este propósito y las probó día tras día. El resultado final consistió en modificar la embarcación para implementar un sistema de aparejos elásticos que absorbiera la mayor parte de la inestabilidad creada por las olas, al tiempo que se cambiaba la conexión en el parasailing. También añadió palancas de control que proporcionaban al piloto del parasailing, normalmente una vela incontrolable, algún medio para dirigirlo.
Mientras tanto, el capitán del barco tuvo que replantearse todo lo que sabía sobre el remolque de un parasailing, ya que, obviamente, nunca lo había hecho con alguien de pie sobre la cuerda.
Lo más importante de todo es que, después de 15 años practicando su deporte, Roose tuvo que aprender a mantener el equilibrio en la slackline de una forma completamente nueva: “Una gran parte de este proyecto fue sin duda el reto físico, porque es difícil subirse a la cuerda y encontrar el momento para empezar a caminar. Y cuando caminaba, para adaptar mi cuerpo, mis rodillas... tenía que seguir el vaivén del barco y sentir lo que ocurría detrás de mi espalda con el parasailing”.
Roose también tuvo que cambiar su ritmo natural. Normalmente se concentra por completo en cada paso individualmente, pero como la elevación de la cuerda cambiaba constantemente, descubrió que lo mejor era duplicar el ritmo, dando dos pasos a la vez. “Esa fue la parte más importante”, confesó.
Sobre toda la experiencia, Roose dijo: "Fue un viaje muy intenso y largo, increíblemente desafiante y exitoso. Cada día mejorábamos más y más, hasta que pudimos tocar juntos como una orquesta”.
Roose era todo sonrisas mientras posaba para una foto en el barco
© Vishal Amir Ahmed/Red Bull Content Pool
El momento crítico llegó al final del esfuerzo, cuando el agotado estonio tuvo que enfrentarse a la parte más difícil: “Acercarse a la meta es intenso y no se vuelve más fácil, porque el cuerpo está agarrotado”, explicó. "En este caso, cuando me acerqué mucho al barco, con todo su balanceo y movimiento, el sistema de la cuerda floja no funcionó tan bien, así que tuve que prestar aún más atención a dar esos últimos pasos”.
Sin embargo, cuando terminó la audaz caminata, el estonio no podía dejar de sonreír.
Roose, eufórico, dijo: "Demostrar que se puede fijar una cuerda floja a objetos en movimiento, y que es posible mantener el equilibrio mientras se camina sobre ella, supone un avance tecnológico y de rendimiento para este deporte. Hemos demostrado que el cuerpo puede mantener el equilibrio en un entorno tan difícil: la cuerda floja más difícil del mundo”.