La soledad del corredor de fondo. Seguro que habéis oído hablar de ella. Incluso en estos tiempos en los que el running es un asentado fenómeno social, conviene reflexionar sobre el tema. Su alcance va más allá del supuesto romanticismo que encierra; experimentarla es una asignatura obligada para aquellos que aspiren a ir cada día un poquito más deprisa, a desbrozar su marca personal cada vez que se prendan un dorsal.
Correr en compañía es fantástico, recomendamos hacerlo de manera regular, tanto si lo tuyo es echar un trote para contarle a los colegas lo acontecido en tu día a día, como si tu grupo es de los que quedan en una pista de atletismo y se machacan a base de series. Estar a acompañado siempre será un plus... pero tiene sus riesgos. De ahí que te aconsejemos salir a coleccionar zancadas solo como parte de tu crecimiento como deportista. ¿Por qué? Ahí va:
La gorra es la gran aliada del running... y más cuando pega el Lorenzo
© Ozer Ozsari/Red Bull Content Pool
1. Te haces paciente.
Los rodajes -sobre todo los largos- en soledad te proporcionan resistencia y paciencia, una cualidad de la que un corredor no puede prescindir. A menudo nos preparamos para un 10K, una media o un maratón haciendo de la tirada larga un ejercicio colectivo. Eso provoca que se nos haga mucho menos tediosa, más fácil.
Los kilómetros pasan volando entre anécdotas y chascarrillos. Y luego, cuando nos vemos solos en competición, somos psicológicamente incapaces de superar los malos momentos. Una de tus tiradas largas mensuales procura hacerla solo, saldrás reforzado mentalmente para cuando toque echar el resto el Día D. Esto, lógicamente, se aplica a cualquier sesión que requiera un esfuerzo extra; series, fartlek, cambios de ritmo, cuestas...
2. Te conoces a ti mismo.
Cuando vamos de cháchara pasamos por alto muchas de las sensaciones que proporciona dar pasos rápidos y acompasados. Estamos más pendientes de nuestra participación en la charla que de lo que sucede en nuestros músculos, tendones, órganos...
Salir solo, sin música ni artificios (dejarse el cronómetro en casa un día a la semana es más que recomendable), hará que aprendas a identificar decenas de señales que el cuerpo te envía y que, bien interpretadas, te ayudarán a correr más y mejor. Eso de sentir tus pisadas, el latido del corazón, el crujir de las hojas, las caricias del viento, la tibieza de la lluvia... No es cosa de trovadores, es un asunto de atletas de verdad.
3. Te hace más comprometido.
A menudo la gente empieza a fallar cuando los colegas de fatigas lo hacen. Y eso sucede tarde o temprano. Los imprevistos están a la orden del día en nuestras agendas, si encima haces tuyos los de los demás, apaga y vámonos. Haces esto porque te gusta, si otros pueden acompañarte genial, pero no te conviertas en un espíritu gregario.
Si has quedado para hacer "unos miles" desde que te levantas debes saber que los vas a completar. Si te acompañan quince, fantástico, pero si no va nadie tu empezarás a calentar a la hora prevista. Está comprobado que la gente que no teme entrenar sin compañía corre más días al año que los que dependen de los horarios de un grupo.
4. Te blinda ante la adversidad.
Alguien acostumbrado a la soledad, a avanzar sin más interlocutor que su conciencia, con una cadencia machadiana ("quien habla solo espera hablar a Dios un día", decía el bueno de don Antonio), no se detiene ante nada. Si llueve se moja, si nieva pasa frío, si hace viento sabe que irá más despacio... La adversidad se convierte en un aliciente, no en un problema. A medida que te endureces no hay momento inoportuno ni clima severo; lo único que hay es una hora de salir a correr. Y es sagrada.