Cuando una leyenda fallece -y Niki Lauda, por sus mismísimos, la fue con todas las letras- los tributos se suceden sin cesar. En el 95% de los casos, esos tributos son impresiones de gente que le conocía, quería, con quien trabajaba, todas ellas validísimas porque nos explican con precisión qué efecto producía en quien le rodeaba.
En este caso, quiero dejar que sus propias palabras expliquen quién era, cómo enfocaba la competición y, cómo no, de qué manera afrontó su peor momento al volante. El punto de partida es, más o menos, la época de su accidente en Nürburgring. Para saber más de sus primeros años en la competición, leed esto de aquí abajo:
La F1 es un deporte para grandes egos - En 1984.
Fue una racionalización sencilla: había muchas posibilidades de que nos matásemos. Por tanto, decidimos entonces que, después de cada carrera, celebraríamos que seguíamos vivos - Lauda recuerda cómo en la F3, pactó con James Hunt está particular celebración. Del libro “Hunt: The Biography", de Gerald Donaldson.
James Hunt y yo éramos amigos. [...] Le respetaba mucho en pista. Podías ponerte a dos centímetros de su coche y sabías que él no iba a cometer ninguna estupidez - En 2013.
Mi opinión sobre Nürburgring es es que demasiado peligroso, para pilotar hoy. En otro trazado, si algo se rompe en mi coche, la proporción de que me pase algo es del 30%. Aquí, ¡muerte segura! - Lauda antes de la primera sesión de libres del GP de Alemania de 1976.
Si llego a quedarme diez segundos más quemándome en el coche, habría muerto - En The Guardian, 2006.
Cuando llegamos al hospital desde Nurburgring, me sentía cansado, pero no era cansancio en sí, era algo más - Lauda sugiere que sabía que estaba al borde de la muerte, tras su accidente en Alemania, del documental sobre los primeros 500 GP.
No recuerdo nada del accidente. El impacto fue tan fuerte que perdí la memoria totalmente durante unas tres horas. SI no hubiese visto el vídeo de aquel aficionado, aun hoy no sabría qué había pasado - En Newsweek.com, 2013.
No tiene sentido acomplejarse porque te falte media oreja - En 1976, tras su accidente en Nürburgring.
Mi mujer se desmayó, cuando me vio quemado por primera vez - En 2013.
No me planteé la cirugía estética, porque es aburrida y porque mientras lo básico funcione (tuve cirugía para curar mis ojos), no me importa - En 2013.
En Monza, estaba tieso del miedo. Estaba aterrado, tenía diarrea, taquicardia, vómitos… - Sobre su vuelta a la competición, en Monza ’76.
Yo quería continuar, quería ver si podía volver. Conocía los riesgos y no me sorprendió tener un accidente, porque había pasado años viendo a gente matarse delante de mí - En 2013.
Cuando voy a una carrera, voy a competir. No voy para divertirme, o a pasármelo bien - En 1977.
Un piloto no es nada sin un buen coche - En 1977.
Cuando me retiré, en 1978, no eché de menos la competición, al centrarme en mi compañía aérea. Pero, gradualmente, añoraba la adrenalina de las carreras y el pilotar esos fantásticos coches. En realidad, ese anhelo no desaparece jamás cuando eres un piloto de referencia, porque considero que somos un tipo de gente diferente, que tomamos riesgos, que necesitamos superar nuestros límites, ese tipo de cosas. Eso se queda en tu interior. Puedes suprimirlo perdiendo la motivación o centrándote en otras cosas, pero nunca te deja del todo - En grandprix.com.
En mi época, luchabas por mantenerte con vida. Debías llegar al límite sin cometer errores [...] Yo nunca he tenido miedo, no sé por qué. Siempre he sido alguien muy seguro, y siempre he sido muy estable desde joven - En 2013.
Eran el lugar y el trabajo equivocados. Era rídiculo dar vueltas por Mónaco, como monos de circo, con 1.000 caballos a nuestras espaldas. De locos. Por primera vez en mi carrera, me asaltaron las dudas - Tras el GP de Mónaco de 1985. Se retiró a final de ese año.
Lauda trabajaba como un profesional. Era meticuloso en su preparación y en la del coche, algo para lo que mostró un talento natural e instintivo - Enzo Ferrari, a través de la necrológica de Richard Williams en The Guardian, 2019.
A mí me interesaba la precisión de pilotar, no el peligro que conlleva. No sólo quería ir rápido, quería entender las reacciones del coche porque, así, podía mejorar sus reglajes para ir más rápido. Siempre supe que el coche me haría ganador y que, cuanto más rápido, más posibilidades tendría de ganar - En 2013.
A Schumacher le pasó igual: necesitaba la adrenalina, el querer superar su límite siempre estuvo ahí, por lo que sin un F1 para pilotar participó en carreras de motos y otras estupideces, lo que no fue suficiente para mantenerle feliz. Estaba claro que tenía un problema que resolver y volver a la F1 fue su respuesta a ese problema - En Grandprix.com
La felicidad es un enemigo. Te debilita. De repente, tienes algo que perder - De un artículo de Richard Williams en The Guardian, 2013.
Fue el peor momento de mi vida. Cuando competía, arriesgaba mi vida. Pero cuando diriges una línea aérea y más de 200 personas no llegan a su destino, es una responsabilidad diferente […] El problema fue que cuando se descubrió el problema, Boeing no quiso decir nada, hasta que les obligué - Sobre el accidente que un Boing 767 de Lauda Air tuvo en Tailandia, en 1991, en el que murieron 223 pasajeros.
Me gusta mucho Daniel Brühl. Me impresionó. Hizo un gran trabajo [...] Lo más difícil para él fue que como soy conocido y la gente sabe cómo hablo, no había excusa para no imitar bien mi manera de hablar - En 2013.
Para saber más sobre la F1, tanto sobre temas actuales como históricos y demás, no perdáis de vista este enlace.
