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Música

10 canciones para decir adiós

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10 canciones para decir adiós
Por David SaavedraPublicado el
Tan antigua como la música popular es la canción de despedida. Un género clásico que, en los mejores casos, convierte a la música en consuelo, amplificador de la experiencia o sublimador, y acaba volviendo esas melodías y palabras en algo más recordado que la propia despedida. Esta selección no pretende ser exhaustiva ni representativa de nada, tampoco busca el eclecticismo, ni englobar diferentes tendencias y orígenes. Es, simplemente, una lista más o menos visceral de algunas de las canciones que, para el autor de este artículo, tienen un significado. Disfrutadlas.

Leonard Cohen – Hey, That’s No Way To Say Goodbye

Podría haber sido alguno de los temas elegiacos de su último álbum, ‘You Want It Darker’ o, tal vez, Dance Me To The End Of Love, con la que empezaba sus conciertos en su gira de regreso de 2008, seguida, sintomáticamente, de The Future. Leonard Cohen posee muchas grandes canciones para decir adiós, pero nos quedamos con la que titulaba diciendo que las formas no eran las apropiadas. Fue incluida en su álbum de debut, ‘The Songs Of Leonard Cohen’ (1967), aunque solo un mes antes se había publicado la versión de Judy Collins. Rescatada emocionalmente en la reedición de ‘Omega’ de Enrique Morente y Lagartija Nick, y también en su documental, cuando Antonio Arias descubre la versión perdida que habían grabado y se la muestra a la viuda e hijas del cantaor, aflorando las lágrimas en sus rostros.

The Doors – The End

Jim Morrison declaró que surgió como una simple canción de despedida, probablemente a una ex novia, pero lo cierto es que, en sus doce minutos, terminó por delirar hacia algo mucho más profundo y, probablemente, inaprensible. ¿Música de vanguardia? ¿Germen del rock siniestro? ¿Spoken word con post rock antes del post rock? ¿Provocación gratuita malditista o traslación más o menos creíble del mito de Edipo? Apareció inicialmente en el álbum de debut de The Doors en 1967. Coppola la puso al inicio de su obra maestra ‘Apocalypse Now’ para darle aún más sentido y, fíjense por dónde, a este cronista el recuerdo que se le queda es que, en la sala madrileña Joy Eslava, la hacían sonar obligatoriamente al final de cada concierto. Era un detalle que me parecía hilarante, pero que ahora simboliza el adiós a la sala (que ha cerrado para una reforma tras la cual dejará de ser lo que era) y a todos los locales de conciertos en España que cerrarán en los próximos meses.

Surfin’ Bichos – El final de una quimera

Cuando se publicó inicialmente, en el último álbum de Surfin’ Bichos (‘El amigo de las tormentas’, en 1994), la banda ya se había disuelto, así que no se llegó a tocar en directo en su momento. La revista Rockdelux la eligió mejor canción nacional de aquel año, lo que puso en marcha su leyenda como el tema que simbolizaba la abrupta ruptura del grupo y la dotaba de un aura épica y romántica que la hizo crecer como canción de culto entre sus fans. Pero la vida tiene sus paradojas. En 2006, la banda regresó a los escenarios y, ahí sí, la interpretó por primera vez en directo, ante las mayores multitudes de su trayectoria, pasando de ser una elegía a un himno de triunfo y reconocimiento. Eso casi hace invocar a otra de sus canciones: “Hey, Lázaro, ¡es un milagro que puedas andar!”

Soft Cell – Say Hello, Wave Goodbye

Publicado como single en enero de 1982 e incluido en su álbum ‘Non-stop Erotic Cabaret’ es, probablemente, el tema más emocionante compuesto por Marc Almond para Soft Cell. Crónica del final de un amor que no podía ni arrancar, fue reutilizada con muchísimo sentido argumental en un conmovedor plano secuencia en la parte trasera de un Uber en la serie ‘Master Of None’.

The Sundays – Here’s Where The Story Ends

‘Reading, Writing and Arithmetic’, de The Sundays (1990) fue uno de los mejores debuts de la última década del siglo pasado. La banda liderada por Harriet Wheeler y David Gavurin retomaba la herencia del mejor indie pop romántico británico tras la muerte de The Smiths pero con un plus de inocencia y cero cinismo con el que pudiesen esconder su desazón existencial. Su poder de evocación era enorme y, ojo, aunque llevan sin publicar nada desde 1997 (el que aquí escribe fue testigo de su penúltimo concierto, en la Union Chapel de Londres) la banda nunca se disolvió oficialmente, sino que está en un hiato indefinido. Esta canción, paradójicamente, fue casi la que inició su carrera, un segundo single al que, dos años después, llegaría un tercero titulado, curiosamente, Goodbye. Esas guitarras lluviosas y la voz fina y ligeramente aniñada de Harriet Wheeler todavía resuenan entre quienes amamos fervientemente al grupo.

The Raveonettes – Last Dance

La idea del último baile es muy recurrente a la hora de hablar de una despedida musical. Servidor, mismamente, finalizó muchas pinchadas con Last Dance de The Raveonettes, sobre todo en la época en que se publicó, en 2009 y 2010. Pero parte de su belleza endiablada, como en muchos de los temas del dúo danés, radica en que ese último baile que el protagonista quiere que su destinatario guarde para él, parece referirse a una dosis final en una relación entre heroinómanos.

Juanita y Los Feos – El final

En algún momento de este año pandémico, It’s The End Of The World As We Know It (And I Feel Fine), de R.E.M., se convirtió en el himno oficioso del sentir de los tiempos. Al menos, cuando aún había bastante gente que opinaba que estábamos ante una oportunidad inmejorable para mejorar en algo. Descartado que esto ocurriera y descartando un tema ya demasiado trillado, nos vamos a un himno relativamente reciente (2011) del pop underground madrileño. Como en el tema de Carolina Durante, yo también hacía tiempo que no escuchaba las canciones de Juanita, pero hoy es una ocasión estupenda para hacerlo. Casi como los personajes de ‘Melancolía’ de Lars Von Trier, Juanita y Los Feos observaban el advenimiento del Apocalipsis preparando su sillita para ser testigos del momento final con una adictiva melodía pop.

Castro- Caída

Casi al mismo tiempo que termina 2020, Diego Castro (Disco Las Palmeras!) acaba de publicar su segundo single en solitario, tras el también magnífico Tal vez. Una canción pop para reconsiderar las cosas: No habrá muerte en el salto mortal. No habrá fin en el acto final.

Bruce Springsteen – Bobby Jean

No es, en sentido estricto, una canción de despedida. Tal vez sí de arrepentimiento por no haberse despedido a tiempo y, desde luego, una de las mejores canciones sobre la amistad jamás escritas. Sustentada en las notas de piano de Roy Bittan, capaz de remover las fibras emocionales hasta el llanto y el éxtasis al mismo tiempo, y culminada por el saxo de Clarence Clemons, se cuenta que está dedicada por Bruce a su guitarrista Steve Van Zandt después de que él estuviera a punto de dejar la E Street Band. Cierto o no, su definición de la amistad resuena en quienes la encontramos de la misma manera: “We liked the same music, we liked the same bands, we liked the same clothes”. Finaliza con una estrofa realmente apabullante: "Now there ain't nobody, nowhere, nohow gonna ever understand me the way you did. Maybe you'll be out there on that road somewhere, in some bus or train traveling along . In some motel room there'll be a radio playing and you'll hear me sing this song. Well, if you do, you'll know I'm thinking of you and all the miles in between and I'm just calling you one last time not to change your mind, but just to say I miss you, baby. Good luck, goodbye, Bobby Jean”. La primera vez que este cronista vio a Springsteen en directo, en Santiago de Compostela en 1993, fue la canción que lo finalizó después de una innumerable tanda de bises, con el público agotado, y cuando ya nadie pensaba que iba a volver a salir al escenario. Un orgasmo emocional absoluto.

Q Lazzarus – Goodbye Horses

Casi podría decir que todo el artículo era una excusa para hablar de esta canción. Su historia y su mitología es fascinante. Se dice que la enigmática Q Lazzarus se mudó a Nueva York huyendo de un marido maltratador, trabajó de niñera y taxista y fue precisamente en un taxi donde el cineasta Jonathan Demme escuchó la maqueta de Goodbye Horses en 1987 y se prestó a promocionarla. La canción sonó por primera vez en su película ‘Casada con todos’ pero se popularizó al ilustrar la escena de travestismo de Buffalo Bill en ‘El silencio de los corderos’. Q Lazzarus desapareció del ojo público en 1996 hasta que, hace dos años, un periodista descubrió que estaba trabajando como conductora de autobuses en Staten Island. El texto de la canción, escrito por su compañero de grupo William Garvey, se cubría de connotaciones místicas. Y hasta aquí, los hechos (o la leyenda impresa). Para este cronista, Goodbye Horses es, ante todo, la canción que cerraba todas y cada una de las sesiones de Blanca dB, una de las cosas que más añoro de la noche madrileña (y, de hecho, también eran bautizadas con el título de la canción durante un tiempo). Blanca es una DJ finísima y de excelente gusto a la que jamás le escuché poner una canción mala. Cada vez que sonaban sus acordes era símbolo, a la vez, de la culminación de una sesión excelente y de la tristeza de que la noche se acabara. Aunque siempre quedará el after, y la esperanza de que todo eso vuelva.
Gracias por leer, opinar y compartir durante estos años.