Música

El ritmo y el algoritmo: Así fueron los 2010

© Felipe Gabriel/ Red Bull Content Pool
Ocho críticos musicales de prestigio comparten con nosotros sus impresiones sobre lo más relevante que ha sucedido a nivel musical en la década que termina.
Por David SaavedraPublicado el
Finaliza una década sin nombre y sin leyendas. Si nos fijamos en el siglo pasado, es citar los 60, los 70, los 80, los 90 y enseguida se nos vienen a la cabeza artistas, discos y estéticas musicales muy nítidas. Incluso parece reconocible el primer decenio del 21, el último en que la música de guitarras dio sus coletazos como estilo hegemónico gracias a aquella New Rock Revolution de los Strokes, White Stripes y compañía. Pero en esta década parece que todo se ha difuminado, no hay consenso ni siquiera a la hora de nombrarla (¿los 2010? ¿los 10?) Hay algunos medios incluso que han especificado 2010-2019 para dejarlo más claro.
Culminando esa idea de modernidad líquida acuñada por el filósofo Zygmunt Bauman(quien falleció en 2017), no ha habido grandes estrellas transversales que la definan con tanta claridad como antaño. Ya no es que tu abuela sea incapaz de reconocer a un artista actual como antes reconocía a Madonna, Michael Jackson, los Beatles o Elvis. Pueden darse, de hecho, grandes paradojas, como (esta es una historia real) que ese amigo musiquero que no se pierde un festival, va a tres conciertos por semana y suele estar al tanto de las novedades, esté casi seguro de no haber escuchado nunca a Kendrick Lamar, Kanye West, Frank Ocean, Drake y otros artistas que, según la crítica especializada, han sido los más relevantes de estos diez años. Tal vez porque se consume más música que nunca pero de una forma más fragmentada que nunca también. Aludiendo a otro teórico híper citado, Marshall McLuhan, el medio es el mensaje. Las formas de distribuir y acceder a la música son ahora mismo más importantes que la música en sí (y, por supuesto, que los músicos), hasta el punto de casi haberles robado el protagonismo.
Esta parece la cuestión predominante después de convocar a varios críticos y especialistas musicales de larga y contrastada trayectoria y lanzarles una sola pregunta: ¿Qué ha sido, para ti, lo más destacado de esta década a nivel musical? Nadie se ha fijado en un artista ni en un disco, sino más bien en tendencias, generalmente a nivel de industria, tecnología, estética y estilo musical o incluso política. Así, podemos afirmar sin temor a equivocarnos que han sido el ritmo y el algoritmo los dos grandes triunfadores de la música de los 2010. Esto es lo que nos dicen los expertos.

Fran Fernández (editor de contenidos en Deezer para el sur de Europa)

“Resumiría, en lo musical, la década que termina con dos palabras: Streaming y Reguetón. Por un lado, si antes la música era algo impulsado principalmente por las discográficas y la radio, actualmente son las plataformas de streaming, en sentido amplio, junto a las promotoras de conciertos, las que han ganado una mayor cuota de poder relativo dentro la industria discográfica. Por otro lado, en correspondencia con esto, la música de baile y los estilos derivados del hip hop han tomado el relevo al rock y el pop como géneros principales, y las listas anglosajonas se han vuelto permeables a músicas cantadas en otros idiomas”.

Joan S. Luna (redactor jefe de Mondosonoro)

“Es complicado resumir lo que ha ocurrido en la última década en pocas palabras. Yo creo que han sido varios los cambios importantes y unos han ido sustituyendo a los siguientes. Para mí lo más importante es la forma en la que se han difuminado ya las formas y las barreras entre el mainstream y lo independiente en cuestiones estilísticas e incluso de actitud. Me explico. Algunos artistas en sellos independientes hacen música que, en otro momento, solamente se hubiera publicado en un sello de las características de lo que entendemos como majors o multinacionales. Por contra, hay artistas en grandes sellos que se atreven a arriesgar más de lo que lo hacen muchos creadores o creadoras en sellos pequeños. Y me alegro de que esas fronteras hayan dejado de entenderse como un prejuicio y que sea la música de los artistas la que responda por ella misma. Por otro lado, la década empezó con un terremoto internacional a través de lo que se conoció como EDM o electronic dance music y que acabó calando en todos los productos mainstream con intenciones de colarse en las listas. En aquello, como en todo movimiento que se populariza y se etiqueta, había excelentes artistas, músicos mediocres y mucho arribista, es decir, lo de siempre. Conforme se fue la EDM, empezó a crecer la importancia de lo latino y del reguetón, que junto al trap y el rap moderno, se han ido también colando por las grietas hasta empapar a toda la música más vendedora y escuchada del momento. Ahora mismo las cosas están así, veremos cuál es el siguiente cambio en la industria. Y para acabar, creo que si en los 90 y primera década de los 2000 se dio importancia fundamental a los grupos, fuesen o no de guitarras, ahora mismo el peso de las grandes estrellas recae en artistas en solitario que dirigen su carrera con mucha personalidad y que, cuando juzgan necesario, colaboran con artistas de todo tipo”.

Tomás Fernando Flores (director de Radio 3 y responsable del programa Siglo XXI)

“En esta década se ha democratizado la creatividad gracias a la revolución digital. Y también se ha intensificado la velocidad de su consumo. Entre la banalización y la inmediatez, entre la multiplicación del acceso y el empacho de la oferta. Paradojas de un nuevo tiempo que nos brinda oportunidades y también eclipsa muchas virtudes. Lo viral se ha vuelto revolucionario pero también a la vez intrascendente. Los recursos que un día aseguran un éxito pueden ser parte de un pasado perdido en la memoria a la velocidad de los bits. Redes sociales, nuevas formas de comunicación, trasiego de información y de creatividad. Una suerte de magma que autentifica un década llena de cosas asombrosas, con relevancia o sin ella. Y de propuestas sin valor encumbradas globalmente. Nuevas formas de entretenimiento y nuevos formatos culturales. Un desafío continuo para el que no hay bola de cristal. Afortunadamente. Un cambio de paradigma entre la utopía y la intrascendencia”.

Arancha Moreno (directora de EfeEme.com)

“Una de las huellas más profundas que nos deja esta década es la irrupción y el asentamiento definitivo de las redes sociales. Eso lo ha cambiado todo. Ha dado un giro de 180 grados a nuestra forma de consumir la información, a cómo la difundimos, a cómo nos llega la publicidad… En la industria musical, en concreto, las redes sociales se han hecho con el poder. Son los canales de comunicación más potentes. Desde que existen, los músicos tienen hilo directo con su público para difundir su trabajo y sus comunicados. En cierto modo, la prensa hemos dejado de hacerles tanta falta como antes, al menos a los artistas consagrados. Esto ha provocado que los medios tengamos que replantearnos nuestros métodos y nuestra forma de actuar. Siempre hemos sido puentes para cruzar el río; ahora el público lo puede atravesar cómodamente a nado. Redes y artistas tienen la sartén por el mango; por eso la prensa debe esforzarse también por adaptarse al entorno sin dejarse arrastrar por la corriente del periodismo urgente y replicante. Debemos trabajar a fondo para encontrar nuestro lugar en esta sociedad reinada por Facebook, Twitter e Instagram”.
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Santi Carrillo (director editorial de Rockdelux)

“Muchas cosas interesantes han definido la segunda década del siglo XX a nivel musical. Sobre todas ellas, el liderazgo de la música negra en sus diversas muestras de expresión. El pop de consumo ha estado en manos del nuevo r'n'b (la evolución natural del antiguo rhythm’n’blues), que ha aprovechado el filón abierto por el hip hop en un combate amistoso en el que la electrónica, el trap, el jazz, el rock, el soul y lo latino han ayudado a sumar elementos distintivos y enriquecedores. Y diversos y trascendentales artistas han sobresalido en esta avalancha que también ha afectado a la música blanca, que se ha agenciado fórmulas de producción y arreglos copiados del pop negro. La década 2010-2019 no se entendería sin la aportación decisiva de Kanye West, Kendrick Lamar, Frank Ocean, Kamasi Washington, Solange, Beyoncé, Run The Jewels, D’Angelo, Janelle Monáe, Vince Staples, Drake, Cardi B, Flying Lotus, Death Grips, Anderson .Paak, Jlin, Matana Roberts, Pusha T, Shabazz Palaces y Tyler, The Creator, por ejemplo. De hecho, si estos años han brillado de un modo especial ha sido gracias al talento de estos artistas norteamericanos, cabezas de cartel de una avalancha de nombres imprescindibles a los que hay que sumar, desde otros rincones del mundo, propuestas tan singulares como Arca, J Balvin, FKA Twigs, Stromae, Sons Of Kemet, Actress, Skepta, Mbongwana Star y nuestra Rosalía, figuras internacionales que han aportado enfoques diferentes a propuestas globales con ritmos transversales y colisiones impensables hace un tiempo”.

Agustín Gómez Cascales (redactor jefe de Shangay)

“Dos explosiones han definido para mí la última década en el universo del entretenimiento cultural, y las dos me han hecho muy feliz. La primera, la explosión de la música urbana a un nivel tan global que por fin se ha asentado incluso en España. Si durante mucho tiempo –décadas, al fin y al cabo– lo que antes denominábamos de manera general “música negra” permanecía encerrada en un armario en nuestro país, por ejemplo, su salida del mismo ha sido espectacular. De pasar a que apenas tuvieran representanción en medios o radios géneros como el r’n’b o el hip hop, o de que apenas hubiese clubs y/o sesiones especializados/as en ese tipo de sonidos a que estén en todas partes. Con todo tipo de variantes, con artistas tanto internacionales como patrios realizando inmersiones esa denominada música urbana, mucho más abierta y plural de lo que parece, por suerte. Lo celebro enormemente. También me congratula la nueva explosión travesti que hemos vivido. Desde finales de los 90 no se había vivido un movimiento drag tan fuerte, sin duda propulsado, en parte, por el boom de ‘RuPaul’s Drag Race’. El renacido interés por la cultura travesti ha permitido revalorizarse a artistas que durante mucho tiempo han brillado únicamente en guetos LGTBI, y ha dado pie a una nueva generación de performers que se esfuerzan por renovar el panorama. La telerrealidad salvó en parte a las estrellas travestis, y ha abierto nuevos circuitos y espacios para apreciar su creatividad, su humor y su ironía. La globalización, pues, ha traído consigo consecuencias muy positivas, es evidente. Ni la música urbana ni las travestis gozarían de tan buena salud entrando en una nueva década de no ser por ella”.

José Durán (coordinador de la sección de culturas, pensamiento y acción de El Salto)

“Ahora parece un recuerdo de algo tan lejano como si nunca hubiera ocurrido, pero en 2011 la Puerta del Sol de Madrid vivió durante 28 días tomada por una acampada. También sucedió en otras muchas plazas de ciudades y pueblos por toda España. No se trataba de jóvenes adolescentes guardando sitio para conseguir entradas para ver a los ídolos musicales del momento ni algún tipo de ritual colectivo previo a la llegada del verano. Fue todo un país haciendo crac al mismo tiempo. Lo que hizo el 15M fue romper el espejo deformante que las versiones oficiales habían devuelto durante muchos años a la ciudadanía, hasta el punto de que resultaba imposible reconocer la realidad que esta vivía en su día a día tal y como la reflejaban los discursos políticos y los medios de comunicación. Entre ambas versiones de los mismos hechos, el abismo. La colección de malestares profundos que dio forma al 15M abarcaba un amplio catálogo, y es muy posible que aún sigan presentes: la desigualdad económica, la falta de horizontes, la mentira sistemática desde los puestos de poder, los abusos patronales… Y la respuesta —progresista, organizada y feminista— llegó desde espacios que habían fomentado la discusión y la crítica, se amplificó por las redes sociales y consiguió un consenso que, por momentos, pareció ser capaz de poner en jaque el orden establecido. El día después del 15M amaneció con un nuevo partido político que, en parte, se declaraba heredero de ese movimiento, y también con lo que acaso ha resultado la única oposición real a los distintos gobiernos de turno desde 1978: las plataformas de afectados por la hipoteca, que ponen el cuerpo para parar los desahucios ejecutados por entidades financieras que deben al erario más de 60.000 millones de euros, y han supuesto una organización colectiva capaz de generar esperanza entre los más desfavorecidos”.

Luis Lles (director del Festival Periferias)

“El desenfrenado culto actual a la tecnología conlleva muchos aspectos negativos, sin duda. Basta con releer a Jaron Lanier. Pero la segunda década del siglo XXI ha destapado también uno de los mayores logros del culto hipertecnológico: la concreción de esa utopía sonora que el visionario Erik Davis apuntó hace un cuarto de siglo en su ensayo ‘Roots And Wires’. Raíces y Cables es una hermosísima metáfora que viene a definir de forma poética el enorme potencial de ese entrelazado entre lo ancestral y lo futurista, entre lo telúrico y lo cósmico, entre la etnología y la tecnología, entre la naturaleza y la ciencia. En definitiva, entre el pasado y el futuro. Ese espacio intermedio entre uno y otro constituye la verdadera sabiduría y, al mismo tiempo, una de las mayores fuentes de placer auditivo. Raíces y Cables son Rosalía y Niño de Elche estrechando lazos entre el flamenco (o algo parecido) y la electrónica y los sonidos urbanos. Raíces y Cables es toda la gozosa corriente de la cumbia digital. Raíces y Cables es el poliédrico reguetón, convertido en algo así como la lingua franca del pop actual. Raíces y Cables es el trap gitano y el nuevo raï. Raíces y Cables es el afrofuturismo de Mbongwana Star, Bantou Mentale, Kokoko! y Ekiti Sound. Raíces y Cables es la inagotable creatividad de un veterano como Kiko Veneno unida al innovador talento de la nueva savia de Bronquio. Raíces y Cables es el ánimo exploratorio de Baiuca o María José Llergo. Raíces y Cables, y eso es lo mejor de todo, es lo que todavía está por llegar en esta exploración del inabarcable universo sonoro”.
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