Quien no haya ido al Ochoymedio no ha conocido uno de los lugares definitorios de la noche madrileña, y de la música en directo, en lo que llevamos de milenio. Quien sí lo ha hecho, seguro que atesora en su memoria (probablemente maltrecha por el efecto de las propias vivencias) más de un gran momento. El anecdotario, leído o vivido por cada uno en primera persona, daría para mucho (yo me quedo con la vez en que vi aparecer a Paulina Rubio junto a las hermanas Llanos deDover desde detrás de la pantalla del escenario y se mezclaron con el público, aunque cotilleos ha habido de todo tipo). Puede que ni los mismos inductores de ese club, Luis García Moráis, Belén Chanes Gálvez y David Pardo Montero, llegasen nunca a imaginar que iban a estar allí programando cada noche de viernes (y algunas otras jornadas extra) durante 20 años. La onomástica redonda, en realidad, se cumple el año que viene pero… ¡para qué esperar! Hemos decidido abordar a sus responsables para que nos cuenten algunos de los entresijos de un club único que a tantos nos ha dado tantas noches inolvidables y de cuya historia se puede inferir una lectura en paralelo de la evolución de la cultura indie en España en estas dos décadas.
¿Cuál es el primer recuerdo que tenéis de la creación del Ochoymedio? ¿Cómo se os vino la idea a la cabeza?
“Juan Carlos Alonso, un amigo que trabajaba en Tripfamily, la empresa que en aquel momento gestionaba la Sala Flamingo, primera ubicación del club, nos propuso hacer una sesión los viernes por la noche de “música de esa vuestra”. No teníamos ni idea de qué era una sesión ni la más mínima relación con el mundo de la noche. Pero no perdíamos nada por probar. Sonaba divertido. Eran los tiempos del indie pop duro. Recordamos poco antes del primer día hablar por teléfono con la encargada, y decirle, por favor, que ningún camarero se ría si la gente va a pedir a la barra comiendo piruletas, porque va a ocurrir constantemente. Y así era”.
En el 2000 pasasteis de ser el núcleo duro del grupo indie L-Kan a ser también “empresarios de la noche”. ¿Cuál de las dos cosas ha valido más la pena?
“Sí. Bueno, el Ochoymedio lo empezamos Luis y Belén y poco después se incorporó David, que no es de L-Kan. En cuanto a la pregunta, las dos cosas valen la pena. L-Kan nos da momentos inolvidables de diversión y locura, el Ochoymedio también, aunque no solo, también da bastante trabajo en la actualidad, sobre todo desde hace años, que organizamos una gran cantidad de conciertos en horario de tarde”.
¿Cuántas canciones de L-Kan han sido inspiradas por lo visto o vivido en las noches del Ochoymedio?
“Muchas. Modern Talking, Aburrida de estar salida, que es una reacción a los tiempos del electroclash; Quiero ser siniestra, por la época en que la escena alternativa se volvió más oscura…. No es cultura de club, es cultura de pub;No hay amor en tu barba (por la invasión hipster) y, por supuesto, Bailan”.
Canciones ajenas, desde luego, yo creo que sí. Recuerdo 'Ocho y Medio', de Nacho Vegas, que, aunque puede no referirse al club, yo diría que juega con su nombre, porque además era asistente más o menos habitual. ¿Os suenan algunas más que ayuden a consagrar a vuestro club como un referente cultural en el indie español?
“Hay muchas en las que podemos sentirnos aludidos, aunque que lo mencionen directamente no hay tantas. Que recordemos ahora mismo, ¡Mira una moderna! de Putilatex, pero creemos que hay algunas más”.
En su comienzo, en el año 2000, el “Ocho” era, además de sala de conciertos, una discoteca indie cuando aquello todavía no se llevaba en Madrid. ¿Fue ese su mayor logro o diríais que ya no es lo que lo define?
“Sí, sin duda sí. En los 2000 discoteca se asociaba a electrónica y house. Era realmente extraño que en una pista de baile de una discoteca con equipo para sonar a todo volumen se escucharan canciones pop”.
¿Cuál fue el primer concierto que organizasteis allí? ¿Cómo lo recordáis?
“El del día de la inauguración, un homenaje a Family, en el que tocábamos unos siete grupos. Vacaciones, L-Kan, Niza.... Luego hubo alguno de Vacaciones, Juniper Moon, pero el primer concierto así de más envergadura que recordamos y el que calificamos como el primero fue en el primer aniversario, de Stereo Total, el grupo favorito de Belén. Estábamos nerviosísimos. Venían desde Alemania, cumplimos a rajatabla las peticiones del mánager, y ellos se partían de risa luego. Les llevamos una cesta de fruta a la habitación del hotel, compramos tés, buscamos un restaurante vegetariano... y lo que quería luego Françoise Cactus a toda costa era comer gambas al ajillo y vino blanco. No comprendía lo del vegetarianismo. Les fuimos a buscar al aeropuerto en el Simca 1200 heredado de la familia de Belén. Esto les hizo también mucha gracia”.
Sé de buena tinta que vuestra relación con muchos grupos es muy especial, y que varios de ellos siempre eligen tocar allí cuando vienen a Madrid precisamente por el trato. Sin ánimo de ser pelota, ¿qué creéis que es lo que marca la diferencia? ¿El hecho de que vosotros también seáis músicos ayuda?
“No creemos que influya especialmente lo de ser músicos. Puede influir en que a muchos los conocemos personalmente y que obviamente sabemos lo que tenemos entre manos, no somos un señor con gomina que tiene empresas de distintas cosas. Pero simplemente tratamos a la gente con normalidad y bien. Tampoco con nada muy llamativo. Intentamos que todo el mundo esté a gusto y sobre todo que se sientan cómodos en cuanto a sonido, tiempo de prueba, etc. A día de hoy tenemos un equipo muy guay de gente que trabaja con nosotros en la producción, como Xiana Fumega y Antonio Gutiérrez, y eso ayuda”.
Hay dos etapas en la vida del club, la de la sala Flamingo en Mesonero Romanos y la actual, en But. ¿Cuáles diríais que son las diferencias fundamentales entre ambas?
“Muchísimas. Pero no son sólo nuestras. La escena ha ido cambiando tanto a lo largo de estos años.... Cuando cerró la otra sala (N del A: se vendió el local, al lado de Gran Vía, para poner una tienda de una gran cadena de ropa) buscábamos una que nos acogiera de tamaño similar, pero la que lo hizo fue But, que era más del doble del aforo anterior. Ahí, entre que la escena alternativa ya había cambiado y estaba en pleno momento de expansión y “mainstreamficacion” y que tuvimos que abrirnos un poco porque había que llegar a más gente, hubo cambios. Empezaron a sonar cosas que luego ha sido normal que suenen pero que en aquel momento no lo eran. No fue mal, pero tardó más o menos 9 meses en volverse a consolidar y vivir una de las épocas de mayor éxito”.
¿Qué ha sido lo más complicado de estar al frente de un club como este a lo largo de estos casi 20 años?
“Hum... Aguantar hasta las 6 muchas noches. Ahora, aunque seguimos pinchando los tres, ya no vamos todas las noches los tres. Es duro trabajar cuando los demás están de fiesta. No siempre estás de humor para eso, y claro, la gente que viene y pasa por el camerino se asombra a veces cuando te ve mirando al móvil, sin más, sin hablar a gritos ni reír a carcajadas, ni discutir con vehemencia sobre el éxito o no éxito de algún grupo. También, por supuesto, hacerte un hueco en el sector conciertos. Mucha gente nos veía como promotores de noche solo, aunque desde los inicios del club hayamos hecho directos. Ahora organizamos unos 50/60 al año, principalmente en But pero también en otras salas. Y también luchar contra el amateurismo de varios aspectos de este sector. Podemos presumir, creemos, de ser uno de los clubs que más respeta los derechos de los trabajadores de la música”.
¿Cómo recordáis el famoso concierto de Lady Gaga en febrero de 2009? ¿Ha sido aquel el momento más emblemático del “Ocho” o hay otros?
“Desde luego, cuando ocurrió nunca pensamos que iba a ser por lo que más nos han preguntado. En ese momento, Lady Gaga estaba en la pista de despegue. Era conocida, pero en absoluto podíamos imaginar que fuera a haber cola desde las 8 de la mañana, ni que la insistencia de la gente por entrar fuera a acabar en dos pases. Inimaginable total”.
¿Qué momentos y vivencias recordáis con más cariño? ¿Los mejores conciertos? ¿Los más memorables?
“Nos hizo mucha ilusión cuando vino Sigue Sigue Sputnik, o los primeros de La Casa Azul y un aniversario con Astrud con la sala a rebosar. También estamos orgullosos de haber sido de los primeros en nuestro ciclo Trvmp de programar a gente como El Coleta, Bejo, Bad Gyal, Ms Nina, Princess Nokia... Ah, y de haber tenido dos días seguidos a C. Tangana con Rosalía cantando (cosa a día de hoy ya imposible). Y por supuesto, de los dos exitazos de este año de Carolina Durante. Y nos encanta que Amaia haya cantado con ellos en nuestro escenario. ¡Ah! Y Los Planetas. También tuvimos una vez a Los Planetas”.
Como programadores, ¿tenéis códigos, líneas rojas, opciones de veto? Quiero decir, ¿ha habido muchos artistas que hayan querido tocar allí y les hayáis tenido que decir que no porque no encajaban en vuestra línea?
“Aunque nuestra línea es cada vez más abierta en cuanto a conciertos (este otoño, sin ir más lejos, viene Kiko Veneno y estamos encantados), sí, por supuesto. Ha habido propuestas de grupos muy 40 Principales con poca gracia que no veíamos y no hemos incluido en nuestra programación”.
Y, al contrario, ¿alguien con quien os hayáis quedado con las ganas de haber programado?
“Pues muchos grupos de fuera, la verdad. Por ejemplo, con Icona Pop estuvimos en conversaciones varias veces y al final no cuajó. Los grupos de fuera, con tantas agencias intermediarias, nos cuestan”.
En todo este tiempo, vosotros habéis sido también espectadores privilegiados de cómo evolucionan las escenas. ¿Cómo surge TRVMP? ¿Habéis notado la sensación de que hay un cambio generacional, en el sentido de que el público indie ya tiene una edad, deja de salir, y el público más joven prefiere los nuevos sonidos urbanos?
“Sí. Surgió de la necesidad de empezar a hacer conciertos de una escena que veíamos que venía, pero que aún no se había mezclado tanto con la indie-alternativa. En ese momento, nos parecía que no podían salir esos conciertos bajo el nombre de Ochoymedio. A día de hoy, a lo mejor ya no sería necesario hacer esto, porque ya está muy mezclado todo. Ahora mismo es un momento bisagra, ya hemos vivido otros como este en todos estos años, pero quizá este sea uno de los más radicales. Hay un corte más claro. Parte de la gente muy joven, aunque no toda, prácticamente sólo pide reguetón y trap. Para nosotros también ha supuesto un soplo de aire fresco muy entretenido en nuestra cabina. No hemos hecho un cambio radical pero sí hemos incorporado muchos sonidos nuevos que antes no poníamos. Y estamos encantados de que pueda sonar en menos de una hora una cumbia, un rock and roll clásico, un reguetón e indie español y extranjero. Nos encanta esta diversidad y nos parece muy enriquecedora. Por ejemplo, el año pasado fuimos a pinchar a un festival un poco hippie, e hicimos grandes descubrimientos musicales que habíamos pasado por alto. Ahora Muchachito es un hit en el club. ¿Por cuánto tiempo? No lo sabemos. Pero estos cambios siempre ocurren. También hubo un momento en el que poner en el club canciones de grupos como LOL, Vetusta Morla o Carlos Sadness era un atrevimiento contra los dictámenes del indie. Es difícil explicar lo que sí y lo que no pondríamos, porque además va cambiando. Y un “no” de hace años puede ser un “sí absoluto” de la temporada que viene. Lo que más claro tenemos es que somos un club de pop y, afortunadamente, es un concepto amplio. También tenemos claro que siempre va a haber una base sonora de grupos nuevos que vamos introduciendo poco a poco”.
¿Qué es 'Tres a las tres'?
“Es una actuación sorpresa de un grupo o artista bastante conocido y bastante pinchado en nuestro club. Aunque es secreto, durante la semana vamos dando pistas de quién puede ser, y la gente hace sus apuestas en nuestras redes. Por el Tres a las tres han pasado unos veinte artistas y grupos: LOL, Carlos Sadness, El Columpio Asesino, Los Punsetes, Sidonie, Lori Meyers, La Casa Azul, Las Chillers, Chimo Bayo, La Pegatina, Izal...”
¿Cómo percibís el mundo de la música en directo en Madrid con respecto a cuando empezasteis? ¿Ha evolucionado para mejor o para peor?
“¡Qué difícil juzgar eso de forma objetiva, sin mezclarlo con tus propias vivencias! El directo digamos que se ha profesionalizado algo, pero aún le falta. Cuando hablamos de profesionalización hablamos de derechos, comodidad y seguridad para los grupos, no necesariamente de que sean más o menos virtuosos, que hay de todo y para todos los gustos. La música goza de buena salud, siempre hay un montón de personas nuevas haciendo cosas interesantes, y un montón de nuevos proyectos. Esto ocurría antes y sigue ocurriendo ahora. Lo que vemos es mucha indefensión en los grupos que empiezan y algunas burbujas creadas por marcas y agencias en algunos otros más grandes. Quizá tenga de bueno que hay más posibilidades de exposición y salir a flote en un primer momento debido a las redes, Internet etc., pero también mucho “falso éxito” que crea confusión y resta creatividad en algunos casos”.
Si se hiciese una película sobre el Ochoymedio en plan como las dedicadas a The Haçienda o Studio 54… ¿Cómo sería la secuencia inicial?
“¿Quizás el cierre de la primera sala con En cualquier fiesta de La Mode sonando? ¿Y a partir de ahí ir contando las dos etapas? Para nosotros fue un momento muy emocionante. Todo el mundo llorábamos y no sabíamos si era el final o si íbamos a conseguir reabrir en otro lado. Seguramente sea una cosa de nuestras cabezas pero, para nosotros, con el cambio de sala también hubo un cambio de etapa en el indie en España”.
Consulta la programación de conciertos de Ochoymedio aquí.
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