Averiguar quién cometió el asesinato, con qué y dónde. Comerte una y contarte veinte. Decantarte por una apertura inglesa. Convertirte en la dueña de todas las estaciones de ferrocarril. Recitar el refranero español porque de puente a puente y tiro porque me lleva la corriente. Devanarte los sesos para hacerte con el quesito que está en juego. Vencer a tus colonos enemigos haciendo gala de estrategia. O perder los últimos resquicios de vergüenza que te quedaban porque es la ronda de mímica, sólo hay 30 segundos y hay una partida en juego.
A priori ninguna de estas situaciones parece tener un vínculo directo con un bar durante la noche de un sábado; y sin embargo, así es. Espacios como Café Manuela y Estar Café han hecho de los juegos de mesa su principal atractivo, una fusión la de bar y tablero que sin hacer mucho ruido, nunca ha dejado de ser caballo ganador.
Antes de que te niegues a probarlo por miedo a caer en las redes del adictivo parchís como le ocurrió a tu abuela a mediados de los ’90 o a perder amistades como aquella tarde de verano de julio en la que tu mejor amigo hasta la fecha te traicionó vilmente arguyendo el tan grotesco “es que en mi casa jugamos así”, te instamos a que descubras las tres razones por las que lo consideramos un buen plan.
De 0-99 años.
Una tarde de paseo con tu abuela de Murcia que está de visita. Un café con aquel antiguo compañero de trabajo que te cae bien pero con el que no tienes mucha conversación. Un cumpleaños de tardeo porque mañana madrugas y el empalme hace años que sólo lo utilizas con los enchufes. Una merienda con tu sobrino un día de lluvia. Una incómoda primera cita. Sea la situación que sea, absolutamente cualquiera, todas encajan en algún momento con un bar y un juego de mesa.
Transigir es la clave.
La negociación comienza desde el mismo instante en que te sientas en la mesa. El Trivial no porque sólo está la versión Genius y a quién vamos a engañar, el Party & Co descartado porque la mesa de al lado haciendo un alarde vergonzoso de juventud y habilidad os lo ha quitado en la cara, las cartas os parecen deprimentes, el Monopoly se hace muy largo, el Quién es Quién es algo infantil y a alguien todavía le perdura no sé qué trauma/pesadilla con el Cluedo. Transigir es la clave. Llegar a un acuerdo, a un punto intermedio en el que todos estéis cómodos. Desde elegir el juego, hasta cómo contar los puntos, dividir grupos impares o aceptar normas desconocidas de dudosa procedencia. Pero hemos venido a divertirnos y saber ceder es parte del juego.
“La última y a casa” tiene un nuevo significado.
La última ya no sirve para terminar de freírte el cerebro si no para sacar el máximo rendimiento de tus neuronas. Y olvídate de la resaca al día siguiente, te levantarás fresco, cargado de energía, y lo más importante, satisfecho de ti mismo. Sustituye las lagunas mentales, los arrepentimientos y los ay dios mío por la esdrújula que te hizo ganar en Scrabble, el kiwi, el animal, no la fruta, que te dio la victoria en Scattergories y aquel cinco de espadas que te convirtió en el rey del Cinquillo. Eso sí, siempre debes tener en cuenta que la última y a casa del Monopoly es un arma de doble filo.
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