Siguiendo los pasos del esqueleto humano, la tecnología y la robótica han unido sus fuerzas para desarrollar toda una cartera de exoesqueletos mecánicos que protegen nuestro cuerpo e incrementan su resistencia, su fuerza y su movilidad. Aunque ningún hombre de a pie haya visto con sus propios ojos este tipo de maquinaria, se trata de una disciplina en continua expansión y cuyo objetivo es hacer mucho más fácil la rutina diaria del individuo.
A día de hoy, solo un grupo muy reducido de proyectos recurren al uso de exoesqueletos, aunque estos destacan por su amplitud y variedad. Desde astronautas y militares, pasando por bomberos e industriales, hasta acabar en el campo de la medicina, donde se emplea para mejorar la calidad de vida de niños con atrofia muscular espinal, una enfermedad degenerativa que solo en España afecta a uno de cada 10.000 bebés.
Un nuevo modelo al más puro estilo Transformers
La empresa tecnológica japonesa Skeletonics ha creado su propia versión del exoesqueleto convencional. El traje en cuestión mide casi tres metros de alto y solo pesa unos tres kilos y medio. Es completamente analógico, lo que significa que el usuario puede controlar sus extremidades e, incluso, caminar. Aunque parece un robot, no utiliza electricidad y su estructura está basada en un mecanismo cerrado tridimensional que favorece la libertad de movimiento.
A diferencia del resto de modelos ya existentes, esta creación no tiene una función concreta, al menos por ahora. Sin embargo, ha revolucionado por completo a toda una comunidad de amantes de la ciencia ficción, ya que el exoesqueleto está inspirado en la famosa línea de juguetes Transformers. Tal y como han explicado sus creadores, los afortunados que ya han probado el último prototipo de Skeletonics se han mostrado entusiasmados con la ligereza y la comodidad de la armadura. Dos cualidades que se ven reflejadas en el precio total del traje. Cada ejemplar cuesta alrededor de 93.000 dólares, lo que limitará su uso a nivel doméstico.
En el grafeno está la clave
No obstante, a pesar del increíble avance que esto supone, todavía queda mucho camino por recorrer. En él se encuentra inmerso un equipo de físicos de la Universidad de Cornell, en cuyas manos está el futuro de estos exoesqueletos mecánicos. Los científicos han logrado crear un pequeño modelo, del tamaño de una célula humana, capaz de modificar su aspecto en respuesta a los cambios de temperatura o composición química del entorno. Esta habilidad es posible gracias a la alteración de un motor bimorfo, compuesto de dos sustancias: el grafeno y el vidrio.
El calor es el responsable de que el cuerpo pueda doblarse físicamente, ya que los dos materiales expuestos anteriormente no responden de igual forma a la temperatura. Este cambio de apariencia está limitado por la incorporación estratégica de paneles planos que evitan que el exoesqueleto se pliegue de múltiples formas. Además, el grafeno comparte con la estructura final su fuerza y resistencia. Dos cualidades que en proyectos futuros y de mayor envergadura tienen un valor incalculable.
