Vivimos en la era del fitness funcional. En todo el mundo, el gimnasio tradicional se ha redefinido como un espacio donde el rendimiento y la versatilidad priman sobre la estética pura. Ya no se trata solo de cómo te ves, sino de lo que realmente eres capaz de hacer.
Esta evolución ha encontrado su máxima expresión en el World Fitness Project (WFP), una liga profesional diseñada para poner orden en el mundo del fitness competitivo, sustituyendo eventos aislados por una narrativa que se desarrolla a lo largo de toda una temporada. Con contratos profesionales remunerados y un sistema de puntos transparente que recuerda al de la ATP o la Fórmula 1, el WFP ofrece un camino claro desde el box comunitario hasta la élite. Aquí hay algo más que una simple clasificación: es una temporada estructurada que valora la integridad y el bienestar del atleta tanto como los kilos sobre la barra.
Victor Hoffer ofrece su apoyo y entrenamiento durante las Finales WFP
© Esben Zøllner Olesen/Red Bull
Victor Hoffer entiende mejor que muchos las exigencias de esta nueva era. A sus 22 años, el francés forma parte de una generación que ha crecido junto al fitness funcional como deporte. Se ha ganado una reputación en el circuito por su incansable energía y su dominio técnico, y cree que la magia está en ese equilibrio. Como él mismo explica, “lo más interesante es que no tenemos que ser excelentes en una sola cosa, sino buenos en todo. Somos los más en forma porque podemos hacer casi de todo”.
Aunque una lesión inoportuna le obligó a seguir desde la barrera las finales del WFP de este año en Copenhague, su visión sobre la dureza que exige competir a este nivel es inigualable. En un deporte donde ser especialista es una debilidad y la versatilidad es la única moneda real, Hoffer es el guía perfecto para mostrarnos qué ocurre de verdad en un día de competición del WFP.
Victor Hoffer frente al hotel y la pista de competición de las finales WFP
© Esben Zøllner Olesen/Red Bull
Dentro del juego: seguir a un atleta profesional durante un día de competición del WFP
Dentro del Bella Arena de Copenhague, con el aire cargado de polvo de magnesio y expectación, vemos a atletas de élite estirados en las zonas de recuperación, reponiendo fuerzas entre pruebas. A solo unos metros, la siguiente serie ya está al límite sobre la tarima de competición. El murmullo de un público entendido —espectadores que viven este estilo de vida— llena el espacio mientras se coloca nuevo material para las siguientes y agotadoras pruebas.
Laura Horváth durante un entrenamiento en las finales WFP
© Esben Zøllner Olesen/Red Bull Content Pool
Aunque pueda parecer que todo empieza cuando se carga la primera barra, el día de competición comienza mucho antes. Si la primera prueba arranca a las 10 de la mañana, Hoffer está despierto desde las 7 para iniciar el proceso de poner en marcha su motor: una rutina calculada de alimentación y concentración. Explica que el desayuno está pensado para rendir. “Mi desayuno tiene muchos carbohidratos”, dice, para tener una base sólida durante “todo el día”.
La preparación física, en cambio, se concentra en una franja de tiempo más ajustada. Los atletas tienen un ritmo específico para mantener su rendimiento sin agotarse antes de que suene el silbato. “El calentamiento empieza 45 minutos antes de la primera prueba”, detalla Hoffer. A partir de ahí, el día se convierte en un ciclo repetitivo de “carbohidratos, calentamiento, competir, descansar, dormir y volver a empezar”.
La multitud anima a la profesional del fitness funcional Jonne Koski
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En Copenhague, la logística juega un papel clave en la recuperación. La cercanía del hotel de los atletas permite un nivel de descanso que otros escenarios no suelen ofrecer. Hoffer señala rápidamente que este planteamiento es una “combinación perfecta, porque el hotel está justo al lado, así que los atletas pueden terminar el entrenamiento e irse a dormir si quieren”.
Encontrar ese descanso es tan mental como físico. La presión de una gran final puede mantener despiertos incluso a los mejores, con la adrenalina disparada, pero Hoffer ha encontrado su propia forma de gestionar la carga. “Personalmente, me cuesta dormir la noche antes de que empiece la competición”, admite. “Pero una vez que comienza, duermo sin problema”. Tras la primera prueba, los nervios se disipan, el atleta toma el control y empieza el verdadero trabajo.
Una batalla a lo largo de toda la temporada que premia la constancia, no solo un fin de semana
El WFP no es solo otro enfrentamiento de fin de semana. Para llegar hasta aquí, cada atleta debe sobrevivir a una guerra de desgaste que dura toda la temporada y exige un rendimiento élite constante durante varios meses. Hoffer explica que el sistema está diseñado con diferentes fases de competición en las que los atletas acumulan puntos. A diferencia de otros formatos que deciden al ganador en un único fin de semana, esto es una prueba de resistencia: se parece a la Fórmula 1 o al tenis, señala Hoffer, con un sistema de clasificación anual. Todo culmina en Copenhague, donde la última parada otorga puntos dobles y se decide el campeón absoluto. “Determinamos quién es la persona más en forma del mundo”, afirma.
La variedad de pruebas en cada parada del circuito está pensada para sacar a la luz cualquier debilidad. En la etapa inaugural de Indianápolis, los atletas se enfrentaron a un sprint de alta habilidad con cinco rondas de carreras de 600 metros, muscle-ups en anillas y arrancadas. En la jornada final, el desafío se transformó en un sprint demoledor de remo por calorías, burpees sobre un bloque y thrusters pesados con mancuernas, rematados con una zancada overhead de 15 metros.
Para sobrevivir al corte, un atleta debe dominar la capacidad de pasar de la gimnasia técnica en una serie a un esfuerzo de resistencia multimodal en la siguiente. Como dice Hoffer, “lo más interesante es que no tenemos que ser excelentes en una cosa, sino buenos en todo”. Es ese equilibrio entre nadar, correr, levantar peso y la gimnasia lo que define al más en forma del mundo. “Somos los más en forma porque podemos hacer casi de todo”.
La ventaja mental: lo que separa a los campeones del resto
Ganar a este nivel requiere algo más que una enorme capacidad pulmonar; exige una resiliencia psicológica capaz de soportar cuatro días de castigo continuo. Para Hoffer, la ventaja mental es el “paquete completo” que distingue a quienes suben al podio del resto del pelotón. Señala a Laura Horváth —quien acabaría ganando el WFP en Copenhague— como el modelo a seguir. “Es fuerte en todo —levantamientos, gimnasia, resistencia— pero, sobre todo, tiene una mentalidad muy sólida”, apunta.
Laura Horváth ganó el título inaugural del World Fitness Project
© Esben Zøllner Olesen/Red Bull Content Pool
Esa dureza mental se personifica especialmente en su compañero de entrenamiento, Jelle Hoste. Hoffer describe a Hoste como un “buen luchador” que marca el estándar de intensidad en el gimnasio. La filosofía es simple: no hay atajos. Es una búsqueda implacable de la mejora que no admite excusas, ni siquiera cuando el cuerpo grita que pares. Incluso apartado de la competición, Hoffer aprovecha las finales para afinar su propia perspectiva. “Me di cuenta de cuánto tenemos que seguir trabajando si quiero llegar ahí”, reconoce. “La gente está cada vez más en forma”.
De espectador a atleta profesional: aprender de la élite en tiempo real
El WFP es una competición única y una de las primeras de su tipo, porque la línea entre espectador y atleta se construye sobre un lenguaje compartido. En la mayoría de los deportes profesionales, el público observa un juego que quizá nunca ha practicado, o al menos no desde la escuela. En Copenhague, quienes llenan las gradas suelen ser estudiantes del movimiento. “La mayoría de la gente eran espectadores, pero espectadores que practican fitness funcional”, dice Hoffer, que incluso ha entrenado a muchos de ellos en clases de activación del WFP.
Esto crea una comunidad que no solo busca entretenimiento, sino comprender cómo se mueve la élite bajo presión. Observan el ritmo, la eficiencia técnica y las transiciones, y se llevan esas lecciones a sus propios gimnasios el lunes por la mañana. “La gente que viene ya está involucrada en el deporte”, explica Hoffer. “Les encantaría estar también en la tarima, y por eso vienen a ver qué está pasando”.
Para quienes quieran dar el salto y comenzar su propio camino, el consejo de Hoffer está libre de ego. “Es simple: entra en Google, busca un gimnasio cerca de ti y lánzate a una clase de prueba para ver qué se siente”. Aunque él se introdujo en el fitness funcional gracias a sus padres, así es prácticamente como empezó un atleta de talla mundial como Hoffer, y en este deporte la comunidad siempre está lista para dar la bienvenida al próximo generalista.
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