Ben Lecomte posa en el Océano Pacífico con un cepillo de dientes que encontró mientras nadaba
© Osleston
Swimming

Este hombre nadó 626 km a través de un continente de basura en el océano

Ben Lecomte ha sido el primer hombre en atravesar a nado lo que es conocido como el continente de plástico en el Pacífico. Ahora ha lanzado un desafío que cada uno de nosotros puede aceptar.
Por Christine Vitel
6 minutos de lecturaPublished on
Durante ocho horas diarias, a través de 338 millas náuticas (626 km), Ben Lecomte nadó en medio de la basura. A diferencia de la vida marina que lo rodeaba, lo hizo porque quiso.
Lecomte fue la primera persona en nadar a través de esta masa de residuos plásticos conocida como Great Pacific Garbage Patch (la isla de basura o el continente de plástico). Un área que tiene un tamaño seis veces más grande que el Reino Unido y se encuentra entre California y Hawái. Su objetivo era investigar el fenómeno y llamar la atención sobre este problema.
Este hombre de 52 años, casado y con dos hijos, no es un nadador profesional o un científico, sino un arquitecto francés, ahora con nacionalidad estadounidense, que desde 1993 vive en Austin, Texas. “Mi generación es responsable de este desastre. Debo hacer algo por aquellos que vienen detrás”, dice.
Una foto de la basura bajo el océano.

La masa de basura es seis veces más grande que el Reino Unido

© Sea Marshall

Lecomte en 1998 se convirtió en el primer hombre en cruzar el Atlántico a nado sin una kickboard (una tabla para nadar), recorrió 5.980 km desde Cape Cod, EEUU, hasta Quiberon, Francia, en 73 días. Luego, en 2018, se volcó en el proyecto The Longest Swim, con la idea de hacer lo mismo pero esta vez en el Pacífico (9.100 km). Lecomte nadó 2.700 km hasta que un tifón dañó su barco de asistencia y tuvo que dejarlo. Pero ver una ingente cantidad de plástico le ayudó a decidir su próximo reto.
“Hace 20 años era raro ver plástico en el Atlántico”, dijo Lecomte antes de ponerse a planear su próxima aventura: The Vortex Swim.
En junio de 2019, Lecomte partió con un equipo de nueve personas (en el que había médico, cocinero, periodistas y científicos) a bordo de un yate de 20 metros llamado I Am Ocean. Fueron directos a la isla de basura. Ya no se trataba de un reto deportivo o personal. El objetivo de Lecomte era llamar la atención sobre la contaminación de los océanos y estudiar a fondo el problema.
“El plástico en el océano no es un único problema, sino varios problemas”, dice. El equipo de Lecomte ha trabajado en 11 proyectos de investigación para estudiar los microplásticos y cómo son movidos por las corrientes. La idea es ayudar a que el público vaya abandonando el uso de plásticos y utilice materiales alternativos. Lecomte dice que nadie es perfecto pero que todos tenemos el deber de proteger los océanos.
Miembros de la tripulación del proyecto The Vortex Swim inspeccionan microplásticos encontrados en el océano.

Miembros de la tripulación del proyecto The Vortex Swim

© Osleston

¿Cuál es el trozo de basura más extraño que has encontrado?
Hay una foto en la que estoy sentado en un inodoro completamente desnudo. Lo hice para llamar la atención, porque a la gente le ofende más verme desnudo que el hecho de que haya un artículo de plástico en el océano. Mi estrategia en este momento es llamar un poco la atención.
Escombros en el Océano Pacífico.

Los escombros arrojados en la costa llegan hasta aquí

© Joshua Munoz

¿Hay una solución global para el problema del plástico en nuestros océanos?
El problema sin duda es global y complejo, tenemos que utilizar campañas locales, dependiendo de cada sitio. En Estados Unidos, por ejemplo, los lobbies tienen mucho poder y presionan a los políticos, pero en Alemania no es así, por eso han logrado sacar adelante leyes que limitan el uso del plástico. No hay una solución milagrosa que funcione para todos porque hay modelos económicos y recursos diferentes.
¿Cuántas islas de basura hay?
Cinco. Hay dos en el Pacífico, dos en el Atlántico y una en el Océano Índico. La mayor es la North Pacific Vortex. Lo importante para nosotros era tener imágenes para poder transmitir esta atroz realidad que no la pueden captar los satélites. Tienes que estar en un barco y acercarte despacio para darte cuenta. La mayor parte está bajo el agua, por eso nado. Al estar en el agua ocho horas diarias pude localizar la mayor concentración de microplásticos.
Una imagen de la basura en el Océano Pacífico.

La mayor parte de la basura flota debajo de la superficie

© Sea Marshall

Así que no es una isla flotante…
Es un área extensa con una concentración muy alta de microplásticos y grandes cantidades de basura. Se puede comparar a un oasis, un ecosistema que se construye alrededor de grandes elementos de basura con algas y moluscos arriba y los peces por debajo. Los escombros por lo general se arrojan a la costa y las corrientes marinas los llevan a la mitad del océano, pero los organismos de arriba y abajo vienen de la costa. Estos organismos se convierten en una ‘población invasiva’ en medio del océano, con un ecosistema diferente. Es una invasión biológica.
¿Cómo afecta la presencia de plástico a la vida marina?
Cuando un pez o un mamífero se traga un trozo de plástico, también ingiere los productos químicos que contiene y estos van a acabar en la carne del animal. Así que hay una concentración de contaminantes en el principio de la cadena alimenticia.
Basura encontrada bajo el agua durante el proyecto The Vortex Swim.

Descubrieron esto en el estómago de un pez

© Sea Marshall

¿Cómo definirías el microplástico?
Partículas de plástico que no tienen más de cinco milímetros. Cuando una pieza de plástico se rompe se convierte en microplástico. Las microfibras sintéticas son otro gran peligro porque no se pueden ver a simple vista. Están en las ropas que tienen poliéster y en las fibras sintéticas y esas microfibras se desprenden al meterlas en la lavadora. Todavía no sabemos con certeza el efecto que tienen en la vida marina y en los seres humanos.
Así que ha nacido un nuevo ecosistema alrededor de la basura. ¿Cómo se puede solucionar este peligro?
Todavía no hay un filtro, una manera de detener la contaminación que producen las microfibras y los microplásticos. Incluso con una red muy fina recogemos demasiado plancton y demasiados microorganismos. Solo conocemos el uno por ciento del plástico que hay en el océano. No conocemos el 99 por ciento restante. Pero lo que sí sabemos es que producimos cada año 300 millones de toneladas de plásticos desechables que solo se utilizan una vez y ocho millones de toneladas acaban en los océanos.
Ben Lecomte nada bajo el agua dentro de la gran isla de plástico.

Ben Lecomte quiere denunciar el consumismo

© Sea Marshall

¿Qué esperas lograr para las futuras generaciones?
Para mí nadar es una forma de comunicación. Si logramos que la gente se dé cuenta de que los mares y océanos constituyen más del 70 por ciento del planeta. Si les enseñamos la contaminación que existe en el agua, empezarán a pensar en sus hábitos de consumo y a optar por productos naturales. Quiero que el proyecto Vortex Swim sirva para crear una plataforma que ayude a reunir información científica y a llamar la atención del público sobre este problema. Hay que educar a la gente sobre los peligros del plástico y las microfibras. Es muy difícil ‘limpiar’ los océanos sin dañar el ecosistema. Ya sea en persona u online, comenzaremos a hablar. Nuestro objetivo es que la gente piense y actúe con responsabilidad.
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