Simpson asciende por el Ranrapalca (6.162 m), en la Cordillera Blanca de Perú, en 1994.
© Ric Potter
Mountaineering

Joe Simpson cuenta una de las mayores historias de supervivencia

Este escalador vivió para contarlo y hoy, 35 años más tarde, su historia sigue siendo igual de increíble.
Por Tom Guise
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Al principio pareció un cuento de hadas: dos escaladores británicos, Joe Simpson (25 años) y Simon Yates (21), en 1985 se convirtieron en los primeros en escalar la cara oeste del Siula Grande (6.344 m) en los Andes peruanos. Fue un momento de triunfo que se convirtió con rapidez en una pesadilla.
Durante el descenso, Simpson se cayó por un acantilado de hielo, rompiéndose la pierna. Al anochecer se empezó a acercar una tormenta. Tuvieron que continuar separados por 45 metros de cuerda y sin posibilidad de comunicarse. Sin querer, Simpson se quedó colgado en un acantilado, Yates aguantó más de una hora sujetando a Simpson antes de tomar una terrible decisión: cortó la cuerda, lo que significaba que su compañero se precipitaría a una muerte segura.
Joe Simpson en la actualidad, 35 años después de su horrible accidente en Perú.

Supervivencia

© Sam Riley

Simpson sobrevivió y cuatro días más tarde pudo llegar arrastrándose al campo base. Tres años después lo contó todo en un libro titulado ‘Touching the Void’ (Tocando el Vacío) que se convirtió en un éxito de ventas. A partir del libro se hizo un documental en 2003 y una obra de teatro en 2018. Lo que podría ser un estudio sobre el ser humano frente a la muerte, acabó siendo un trabajo acerca de la vida.
“¿Habría cortado yo la cuerda? Si hubiese estado en la situación de Simon, sin duda. Mi única crítica es que tardó más de una hora en acordarse de que el único cuchillo que teníamos estaba en su mochila. La pregunta es: si hubiese estado en mi mochila y viese cómo Simon estaba también siendo arrastrado, ¿habría cortado yo la cuerda para salvarlo? No creo que lo hubiera hecho”, dice Simpson a The Red Bulletin.
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¿Habría cortado yo la cuerda? Si hubiese estado en la situación de Simon, sin duda.
Joe Simpson
Simpson (59 años) en la actualidad es un escritor de éxito y conferenciante experto en motivación. “Odio la palabra ‘motivación’, es una tontería”, dice mientras toma una taza de té en su casa del condado británico de Derbyshire.
Simpson es un hombre contradictorio. Algo que no es de extrañar si pensamos que debería estar muerto pero, en cambio, se gana la vida contando la historia de su supervivencia. 30 años más tarde, continúa examinando lo que significa tocar (y casi cruzar) el vacío. Sigue leyendo y descubre cómo Simpson describe en sus propias palabras la pesadilla vivida.
El momento que lo cambió todo
Cuando ya había bajado un tercio por el acantilado de hielo pensé: ‘No te caigas aquí’, porque Simon también estaba bajando y nos manteníamos unidos por una cuerda. Fui a clavar mi hacha derecha y el hielo se desintegró. Caí hasta la base del acantilado.
Mi pierna derecha estaba al revés, los crampones habían hecho de palanca. Di un golpe para subir la tibia hacia el fémur. La rodilla también estaba dañada. Me había desgarrado el ligamento cruzado anterior, el nervio peroneo, destruido los dos meniscos de la rodilla, además de romperme el talón y el tobillo. El dolor era insoportable.
Al principio no me lo quise creer, e intenté ponerme de pie pero los huesos salían por todas partes. Cuando llegó Simon me preguntó si estaba bien. Cuando le dije que me había partido la pierna, su expresión cambió por completo. Hasta ese momento habíamos sido compañeros que trabajábamos juntos y de repente me había convertido en un inválido. Todavía nos quedaban 914 m de descenso. Él pensaba que me había matado.
Descenso a toda velocidad
Perdí alrededor de un litro de sangre. Simon me estaba bajando lo más rápido que podía. Cada 45 m el nudo que unía las dos cuerdas llegaba hasta el dispositivo de fricción de Simon. Esa era la señal para que yo quitase mi peso de la cuerda. Simon cambiaba la cuerda de sitio, daba tres tirones y volvía a bajarme.
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Simon me sujetó durante lo que parecía una vida entera, luego me vi en caída libre.
Joe Simpson
Después de una hora habíamos descendido 91 m. Ya solo nos faltaban 10 m para llegar abajo pero no nos dimos cuenta de que había un acantilado de hielo. A las 9:30 pm me quedé colgando a 30 m en medio del vacío. El nudo bloqueaba el dispositivo de fricción, se había quedado trabado. Íbamos a morir. Simon me sujetó durante lo que parecía una vida entera, luego me vi en caída libre.
La tumba de hielo
Atravesé la grieta y me estrellé contra el suelo. Vi el agujero en el techo a más de 20 m por encima de mí y pensé: ‘Simon se ha ido volando’. Tiré de la cuerda pensando que seguía atada a su cuerpo, podría subir por ella. Entonces, el final de la cuerda cayó junto a mí. Simon la había cortado.
Joe Simpson posa para un retrato.

Touching the Void (Tocando el vacío)

© Sam Riley

La gente me pregunta: “¿Estabas enfadado con Simon?”. No, no lo estaba. Pensé: “Gracias a Dios, Simon está vivo”. Además de ser mi amigo, me podría ayudar si estaba vivo. Podría venir a buscarme. Luego pensé: “Mierda, no te va a encontrar en la oscuridad, así que tienes que gritar su nombre lo más fuerte que puedas cada cinco minutos”.
Las grietas dan miedo, sobre todo si piensas que no vas a poder salir de ahí. Pensaba que iba a tener una muerte muy larga. Me da vergüenza porque me vine abajo. A eso de las 9:30 de la mañana me di cuenta de que Simon no me iba a encontrar.
La huida
Intenté subir, pero no pude. Luego miré hacia abajo pero solo veía oscuridad. Este tipo de grietas pueden tener una profundidad de 15 a 150 metros, por lo que no tuve el valor de saltar.
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Si iba a morir, quería hacerlo a la luz del día.
Joe Simpson
A 21 metros de profundidad las avalanchas habían creado una salida. No estaba pensando en sobrevivir, sino simplemente en salir afuera. Si iba a morir, quería hacerlo a la luz del día.
A rastras
A eso de la una de la tarde pude salir de la grieta y me puse a reír como si estuviese loco. A mi izquierda vi la cuerda de Simon, quien había descendido haciendo rappel por el glaciar. Sabía que estaba solo porque nadie regresa a buscar un cadáver. Me encontraba muy lejos del campamento base, todavía tenía por delante 2,5 km de glaciar lleno de grietas y luego 10,5 km de morrena (piedras y otros materiales que arrastra el glaciar).
Cuando estás intentando sobrevivir, lo peor que puedes hacer es dejarte llevar por las emociones, porque es una pérdida de energía. Una parte de mí actuó de manera pragmática, pensando en cuánto podría avanzar en mi estado y sin comida. Mi conclusión fue: “No lo vas a lograr”. Pero pensé: “Si mueres aquí, te va a enterrar la nieve y desaparecerás para siempre. Nadie sabrá nunca lo que te ocurrió”. Así que me arrastré durante tres días y medio.
Modo supervivencia
Cuando pasas mucho tiempo solo se te empieza a ir la cabeza. Pensaba que había estado descansado durante cinco minutos, pero luego echaba un vistazo a mi reloj barato y veía que habían pasado 45 minutos.
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Llevaba cuatro días muerto. Ese fue el peor momento.
Joe Simpson
Me hice la siguiente composición de lugar: “Vale, voy a llegar a esa grieta en 20 minutos. Luego voy a alcanzar esa roca roja en 20 minutos”. Cree una estructura, una disciplina. A veces lo hacía antes de tiempo y en otras ocasiones tardaba más de lo previsto y me cabreaba. Pero así no tenía que pensar en lo fundamental: “Estás completamente jodido”.
En la última noche las fuerzas empezaron a fallarme. Estaba a 10 minutos caminando del campo base pero tardé nueve horas. Perdía y recobraba la conciencia. Tenía alucinaciones, unas agradables y otras extrañas. Dejé de mirar el reloj, ya no tenía sentido. Probablemente me estaba muriendo. Grité con la esperanza de que Simon y Richard (Hawking, quien les ayudó en el campo) me oyesen. Oyeron mis gritos pero pensaban que era un perro. ¿Cómo iban a pensar que era yo? Pues ya llevaba cuatro días muerto. Ese fue el peor momento.
Joe Simpson posa para un retrato al recordar el accidente que sufrió hace 35 años.

Joe no estaba enfadado con Simon

© Sam Riley

El fin
Todo apuntaba a que tenía razón, no iba a salir vivo de allí. Recuerdo que me puse a pensar si debía meterme en el saco de dormir, pero decidí que si lo hacía ya no iba a ser capaz de salir de nuevo.
Sin darme cuenta empecé a arrastrarme por las letrinas del campamento, estaba cubierto de heces. La mierda humana huele fatal. Pero a mí me sirvió de tonificante. Me encontraba a solo 91 metros de donde habían estado nuestras tiendas.
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La gente tiene esta idea sobre lo que es la supervivencia, pero la realidad es que es brutal.
Joe Simpson
Pensé que Simon y Richard ya se habían ido. Sabía que había llegado el final. Pero no me había dado cuenta de que Simon también tenía que recuperarse y que no tenía prisa por llegar a casa y decirle a nuestros amigos que me había matado. Vi una especie de ovni rojo y amarillo y luego unos rayos, hasta que oí la voz de Simon.
La gente tiene esta idea sobre lo que es la supervivencia, pero la realidad es que es brutal. Quedas destruido a varios niveles: en el aspecto físico llega un momento en el que ya no puedes más. En lo que se refiere a lo psicológico, te pasan cosas muy raras por la cabeza. Descubres que eres fuerte pero también que eres muy débil. Había aceptado la situación, para mí fue un shock cuando Simon y Richard aparecieron. Luego me desmayé.
Rescatado
Había perdido cerca del 35 por ciento de mi peso. Cuando se está en estado de inanición, el cuerpo utiliza cetonas [sustancias químicas creadas por el hígado] para descomponer las proteínas de los músculos y los órganos. El aliento tiene un olor dulce como el del quitaesmalte de uñas.
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Once días después de romperme la pierna llegué al hospital.
Joe Simpson
Simon me olió el aliento y supo que estaba entrando en cetoacidosis, me estaba muriendo. Necesitaba un goteo de sal y azúcar, pero no teníamos tubos ni agujas. No lo sabíamos en ese momento, pero hay una forma sencilla de hacerlo: llenar una botella con azúcar y agua salada y meterla por el culo. Con gente que me cuidara, de repente dejé de tener que luchar sobrevivir.
Estuve dos días en una mula y 23 horas en una camioneta. Estaba cabreado porque quería dormir pero el objetivo de Simon era conseguir ayuda médica. Yo pensaba: “¿Cuándo va a terminar esto?”. Once días después de romperme la pierna llegué al hospital.
Resurrección
Mucha gente me dice: “Una experiencia como esta te debe haber cambiado la vida. Tendrás otra actitud ante la muerte. Te sentirás más fuerte”. Lo único que me enseñó es que no quiero enterarme cuando me muera. También aprendí que Simon y yo éramos grandes montañeros porque de lo contrario no habríamos sobrevivido. La gente piensa que Simon se equivocó, pero eso es porque no entienden lo que ocurrió.
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Pensé que la gente se iba a cabrear conmigo por ser un cobarde.
Joe Simpson
Escribí el primer borrador de “Touching the Void” en siete semanas. Pensé que la gente se iba a cabrear conmigo por ser un cobarde. Luego tuve mucho éxito y descubrí que podía escribir. Doy charlas y puedo vivir de manera holgada. Hablar en público no es fácil, por eso me gusta.
No me gusta el montañismo porque sea peligroso, sino porque si te equivocas lo pagas. Se trata de aprender, como he aprendido a hablar en público. Lo que realmente cambió mi vida no fue aquella mierda de Perú pero me ha servido para ganarme la vida. Sé que debería tener una respuesta más profunda, más filosófica, pero esa es la verdad.
El nuevo libro de Joe Simpson, Walking the Wrong Side of the Grass, está disponible en Kindle.